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	<title>Cosas que encuentro archivos - Tríada Primate</title>
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	<title>Cosas que encuentro archivos - Tríada Primate</title>
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		<title>Características de los monstruos en leyendas y rumores #02 &#124; de la sección Cosas que encuentro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 May 2021 01:59:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cosas que encuentro]]></category>
		<category><![CDATA[Sección]]></category>
		<category><![CDATA[El lobishome de Vilarello de Donís]]></category>
		<category><![CDATA[Reigosa]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Rivera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entrega de la sección Cosas que encuentro, de Sebastián Rivera El segundo tipo de monstruo...</p>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Entrega de la sección Cosas que encuentro, de Sebastián Rivera</strong></p>



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<p>El segundo tipo de monstruo corresponde a aquellos que generan miedo por su aspecto debido a malformaciones, mutaciones o transformaciones. Se trata de personas como nosotros que, por norma, son víctimas de la maldición de uno de sus progenitores a quienes ayuda la intervención de un ente sobrenatural, son transformados en animales o adquieren algún rasgo animal. “La maldición suele durar un tiempo, o prolongarse hasta que alguien ponga en práctica la fórmula que libera a la víctima de la condena; el monstruo deja de serlo para recuperar tanto la figura como el comportamiento humano normal”.</p>



<p>Aquí pertenecen las narraciones que sobre cuentan mujeres y hombres que se transforman en lobos, perros, vacas, peces, ciervos…, o en “peeiros” y “peeiras”. El ejemplo que recoge Reigosa tiene lugar en Vlilarello de Donís Cervantes:</p>



<div style="height:28px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p><strong><em>El lobishome de Vilarello de Donís. </em></strong></p>



<p>«Antiguamente existía la costumbre de tener criados en las casas para ayudar en las labores. Un señor de Vilarello de Donís, ayuntamiento de Cervantes (Lugo) ordenó de buscar un criado y anduvo buscando hasta que encontró uno que le valía para lo que él quería. El que luego había de ser su criado le dijo al señor que sí, que él iba a trabajar a su casa pero que le tenía que dejar la noche libre. Lo acordaron los dos así. El criado trabajaba todo el día y por las noches desaparecía de la casa. El amo se preguntaba:</p>



<p>–Pero ¿qué va a hacer éste por la noche? ¿Dónde va? </p>



<p>Una noche lo siguió y observó cómo su criado se acercaba a un charco y se revolcaba, y luego se volvió lobo y comenzó a aullar. En esto el amo y el criado se descubrieron, pero el amo no dijo nada y se fue.</p>



<p>A la noche siguiente el amo le dijo a su criado:</p>



<p>–¡Ya sé a que vas! ¿Qué es lo que te pasa para andar por las noches de esa manera?<br>–¡No se te ocurra volver a vigilarme! ¡Si vuelves, te cometeremos, y el primero en hacerlo seré yo! —le dijo el criado.<br>–Pero, ¿no hay forma de que salgas de esa situación? ¡No vas a estar así toda la vida!<br>–Yo estoy encantado. <br>–Y, ¿no hay forma de desencantarte?<br> –Hay, pero no tengo valor para eso.<br>–¡Dime, a ver qué se puede hacer! <br>–Mira, cuando me revuelco y&#8230;, pero no lo vas a hacer&#8230;, y me enlodo en el barro, tendrías que tener una hoz y pegarme con ella en el lomo, con todo tus fuerzas, fuerte hasta hacerme una herida. Es la única manera&#8230; ¡Pero no vas a tener valor! </p>



<p>A la noche siguiente volvió el señor junto al criado. Parece que el hombre no era miedoso, y fue y se lo hizo. El criado, una vez recuperado, no volvió a marchar más. Se deshizo el encantamiento». </p>



<div style="height:44px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Fuente: Reigosa, A. (2008). Geografías del miedo: de la Galicia mágica en que habitan los monstruos. En G.F. Fernandez y J.M. Pedrosa (Eds.), Antropologías del miedo: vampiros, sacamantecas, locos, enterrados vivos y otras pesadillas de la razón (pp. 221-241).*Aporte de Sebastián Rivera.</p>
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		<title>Características de los monstruos en leyendas y rumores #01 &#124; de la sección Cosas que encuentro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 May 2021 01:50:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cosas que encuentro]]></category>
		<category><![CDATA[Sección]]></category>
		<category><![CDATA[Antigua Grecia]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Reigoza]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Rivera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entrega de la sección Cosas que encuentro, de Sebastián Rivera Como indica Antonio Reigoza (2008),...</p>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Entrega de la sección Cosas que encuentro, de Sebastián Rivera</strong></p>



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<p>Como indica Antonio Reigoza (2008), los griegos antiguos llamaban “teras” a los monstruos terrenales, esto es, aquellos seres que “entre los humanos llamaban la atención por su comportamiento normal o a los que por su aspecto, con malformaciones o mutaciones, podemos considerar seres extraordinarios”. Y atendiendo a la clasificación de su ensayo, presentaremos una serie de cuatro partes sobre los tipos de monstruos existentes en las leyendas gallegas (las que él muestra), pero que podrían ajustarse a la de otros lugares.</p>



<p>El primer tipo es el más cercano a nuestra cotidianeidad: estaría constituido por personas enajenadas en algún grado, motivadas por intereses económicos, venganza u otra razón. En el contexto que describe el autor, lo conformarían degolladores y traficantes de órganos como el “sacamantecas”, el “home do unto” o el “hombre del saco”. Estos personajes, a veces reales e históricos, y otros muchos, comercian con grasas, vísceras, sangre o con piel humana. De hecho, según el autor, hay una extensa cantidad de rumores y leyedas que atribuyen a elementos del cuerpo humano una capacidad ideal “para engrasar las máquinas y aviones, para fabricar medicinas, o capaces de curar tumores y otras muchas enfermedades” que permanecen en circulación.</p>



<p>El siguiente es un resumen que hace Reigoza a partir de noticias de prensa de inicios del siglo XX:</p>



<p>«En mayo de 1911 un hombre fue brutalmente asesinado en A Legua Dreita, entre Vilalba y Begonte, en la provincia de Lugo. Una cuadrilla de trabajadores de las parroquias de Ínsua y Ladra, próximas a este lugar de la Terra Chá, se trasladaban todos los años a Castilla para la siega, concretamente a Humanes, en la provincia de Madrid. Un tal Bautista, que era el mayoral, tenía diferencias con uno de los trabajadores, de nombre Cabarcos.</p>



<p>La esposa del patrono de la finca estaba enferma de cáncer, y un curandero le había recomendado como último y único remedio que se colocase sobre el rostro la piel de la cara de un hombre barbilampiño, teniendo en cuenta que, para que surtiese el efecto deseado, la piel debería de ser arrancada en vivo. </p>



<p>Conocedor el patrono de las malas relaciones entre Bautista y Cabarcos, le propuso al primero, a cambio de una suma de dinero, la macabra operación. </p>



<p>El 10 de mayo de 1911, Bautista y tres hombres más acosaron a Cabarcos hasta conseguir sus propósitos. «Matadme, pero no me arranquéis la piel», gritaba Cabarcos. Nadie le socorrió. Murió desangrado, rematado con dos tiros de escopeta en la espalda. </p>



<p>Uno de los asesinos huyó a Cuba a los pocos días. Bautista y los demás fueron detenidos, aunque solo este fue condenado a 28 años de prisión. </p>



<p>La piel barbilampiña de la cara del pobre Cabarcos llegó a Humanes dos meses después envuelta en el magro de un jamón cuando la mujer del patrono ya criaba malvas». </p>



<div style="height:31px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Fuente: Reigosa, A. (2008). Geografías del miedo: de la Galicia mágica en que habitan los monstruos. En G.F. Fernandez y J.M. Pedrosa (Eds.), Antropologías del miedo: vampiros, sacamantecas, locos, enterrados vivos y otras pesadillas de la razón (pp. 221-241).</p>
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		<title>Los «sepulchrum horrores» de la Roma Antigua &#124; de la sección Cosas que encuentro</title>
		<link>https://triadaprimate.org/los-sepulchrum-horrores-de-la-roma-antigua/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 May 2021 01:30:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cosas que encuentro]]></category>
		<category><![CDATA[Sección]]></category>
		<category><![CDATA[Epodos]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Quinto Horacio]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Rivera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entrega de la sección Cosas que encuentro, de Sebastián Rivera La antigua sociedad romana, desde...</p>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Entrega de la sección Cosas que encuentro, de Sebastián Rivera</strong></p>



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<p>La antigua sociedad romana, desde sus tiempos más remotos —los de las Doce Tablas—, condenó las ceremonias de carácter mágico realizadas en el ámbito privado. Sobre las razones particulares se profundizará en otra ocasión; en su lugar, esta será oportunidad para mencionar una especialmente truculenta. El horror de las tumbas se refiere a la práctica de usar partes del cuerpo humano para estas ceremonias. Un ejemplo clásico lo proporciona Quinto Horacio Flaco en el quinto de sus 𝑬𝒑𝒐𝒅𝒐𝒔. En él relata cómo Canidia, presidiendo a sus ayudantes Sagana, Velia y Folia, mantiene secuestrado a un niño (de condición libre) al que pretende enterrar parcialmente hasta provocar su muerte por inanición, y con cuyas vísceras quiere elaborar un filtro que le devuelva a su amante perdido.</p>



<p>𝑽 </p>



<p>«“¡Ah! Por los dioses que desde el cielo gobiernan la tierra y el humano linaje, ¿qué peligros amenaza ese tumulto, o qué significan todos esos semblantes enfurecidos contra mí? Si Lucina te asistió alguna vez en partos verdaderos, te suplico por tus hijos, por este vano honor de la púrpura, por Jove que reprueba tus maldades, me digas qué te mueve a mirarme como ceñuda madrastra o como fiera castigada por el hierro”.</p>



<p>Apenas el niño tembloroso prorrumpe en tales lamentos, despojando del vestido su tierno cuerpo que podría enternecer el pecho feroz de un tracio, Canidia, ceñida la frente y el áspero cabello de rabiosas víboras, ordena quemar en las llamas de Colcos las ramas del fúnebre ciprés y del cabrahigo que crece en los sepulcros, los huevos de la inmunda rana teñidos en sangre, las plumas del búho nocturno, las hierbas que produce Yolcos o Iberia, fértil en venenos, y los huesos arrancados a la boca de una perra hambrienta.</p>



<p>Sagana, muy solícita, esparce por toda la casa las aguas del Averno, con los cabellos rígidos como el erizo de mar o el jabalí en su carrera. Veya, que jamás sintió remordimiento por sus crímenes, anhelante de fatiga, cava con el duro azadón la tierra donde había de ser sepultado el niño que iba a morir ante el horrible espectáculo de la comida, que se le renovaba dos o tres veces al día junto a la boca, como el infeliz que se ahoga y consigue asomar la cabeza por encima de las olas, hasta que extrayéndole la medula y los ardientes hígados, pudiese componer un filtro amoroso, en el momento que la muerte apagase para siempre sus pupilas fijas en la vianda apetecida. Los ociosos habitantes de Nápoles y los pueblos circunvecinos creyeron que no faltó Folia la de Arímino, conocida por su varonil lujuria, y capaz de arrancar del cielo la luna y las estrellas con la voz de sus hechizos tesalios.</p>



<p>Entonces la cruel Canidia, mordiéndose con los negros dientes las uñas que jamás se cortó, ¿qué dijo o qué calló? Oídla: “¡Oh Noche! y ¡oh Diana!, compañeras fieles de mis empresas, que presidís el silencio, sedme propicias en la celebración de estos sagrados misterios. Ahora, ahora venid, que vuestro numen se revuelva airado contra las casas de mis enemigos, mientras las fieras se rinden al blando sueño en la fragosidad del bosque. </p>



<p>Que todos los perros de Suburra ladren a ese viejo adúltero, que provoca la risa general con sus esencias de nardo, tan perfectas como no supieron nunca elaborarlas mis manos. ¿Mas qué es esto? ¿Cómo resultan ineficaces los crueles venenos de la bárbara Medea, con los cuales antes de la fuga se vengó de su orgullosa rival la hija del gran Creonte, abrasándole el cuerpo con la túnica emponzoñada que le regalara el mismo día de sus bodas? Y eso que jamás me engañó ninguna hierba ni raíz oculta en los montes escabrosos. El perverso, olvidándose de mí, frecuenta los lechos perfumados de cien rameras. ¡Ah! Sin duda debe su libertad a los encantos de hechiceras más sabias. ¡Ay, Varo, cómo has de llorar tu desdén! Yo haré que vuelvas a mí, valiéndome de filtros nunca conocidos, y tales, que los cantos de los marsos no consigan devolverte la razón. Te preparo y has de beber una poción irresistible, y antes el cielo aparecerá bajo el mar y la tierra por encima del cielo que dejes de abrasarte en mi amor con la violencia del negro betún arrojado a las llamas”.</p>



<p>Al oír esto el niño, ya no pensó en mover a piedad tan infames Harpías con sus tristes quejas, y dudando cómo rompería su silencio, por fin prorrumpe en las maldiciones de Tiestes: “Vuestros hechizos y crímenes atroces son impotentes para mudar la suerte de los mortales. Yo os perseguiré acompañado de las Furias, y no hay víctima que expíe tan horrendas imprecaciones. Luego que haya expirado, pues ordenáis que muera, mi sombra os acosará por la noche, y os clavará en el rostro las corvas uñas, que los Manes tienen este poder. Introducida en vuestros corazones, os quitará el sueño con grandes terrores; las turbas, viejas indecentes, os acosarán por las calles a pedradas, y después arrojarán a los lobos y los buitres del Esquilino vuestros cadáveres insepultos. Este espectáculo calmará, ¡ay!, el dolor de mis padres, que han de sobrevivirme”».</p>
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