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		<title>1 cuerpo escrito que vuelve sobre resonancias de Flusser, Elizondo y líneas &#124; Fragmentos de líneas fantasmagóricas #25</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Jul 2025 01:16:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Fragmentos de líneas fantasmagóricas]]></category>
		<category><![CDATA[Elizondo]]></category>
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		<category><![CDATA[Juan García Hernández]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fragmentos de líneas fantasmagóricas #25, una columna de Juan García Hernández Primera Parte Todo ser...</p>
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<p><strong>Fragmentos de líneas fantasmagóricas #25, una columna de Juan García Hernández</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-css-opacity is-style-wide"/>



<p><em>Primera Parte</em></p>



<p>Todo ser humano encarna una colección de palabras, de palabras vivas que buscan materializarse, a veces en un texto, en susurros, gritos, preguntas, o silencios. Pero, estas palabras nos encuentran a nosotros, en la medida en que las palabras no pueden leerse a sí mismas, por ello, lo que permite que esas palabras vivan y puedan reflejar la huella de su propio ser es la escritura. Esta aseveración desde luego que tiene el barniz de tratados filosóficos muy al estilo afrancesado que produce teoría con autoconciencia estilística donde sueltan muchos párrafos dejando que se diseminen en favor de la consolidación de una razón cínica. Para comprobarlo basta con copiar y pegar esta última oración en cualquier chatbot impulsado por inteligencia artificial y arrojará una lista de autores (escoja el autor francés o afrancesado de su preferencia).&nbsp;</p>



<p>Sin embargo, hay una pregunta que justamente se disemina, escurre y se expande como el capital especulativo que aprieta el estómago de cualquier persona que quiera volverse escritor, pero que pocos “críticos” expresan, tanto en conversaciones cotidianas y banales como en los recintos académicos que mantienen sus hipotecas, esa pregunta es simple. Si vivimos en un presente atravesado por una crisis eco-social, entonces, <em>¿por qué y para qué seguir escribiendo?</em> Un pensador judío, checo y apátrida publicó en 1987 el libro, <em>¿Tiene futuro la escritura? [Die Schrift &#8211; Hat Schreiben Zukunft?]</em>, el autor, Vilém Flusser fue un pensador transterrenal, porque vivió en varios países atravesados por guerras o dictaduras; República Checa, Brasil y Francia. Primero, escapó de la invasión nazi con su novia Edith rumbo a Inglaterra abandonando Praga, su lugar de origen. Aunque su familia no pudo acompañarlo porque dudaron si escapar o no, tal indecisión terminó por costarles la vida. Después, Flusser vivió en San Pablo, Brasil hasta 1973 movido por las consecuencias de la dictadura militar, lo que lo llevó a emigrar nuevamente a Europa. Y en 1991 muere en un accidente automovilístico en la carretera, impulsado por recorrer los bosques que junto a su amada Edith compartieron cuando eran jóvenes, es decir, que las tragedias que lo persiguieron desde muy joven lo orillaron a instaurar un movimiento, ese movimiento no es otro más que la afirmación de un cuerpo que siente y padece el mundo que lo rodea y esa afección lo lleva a afirmar no solo su compromiso político, sino su propia existencia, incluso hasta el final de sus días, el amor como una fuerza fundamental lo lleva al límite del mundo, aquel límite es el cuerpo mismo.&nbsp;</p>



<p>Quería comenzar estas líneas con la referencia a Flusser, porque me ha influido tanto como para aprender alemán o francés, tal como él aprendió español solo para leer a Ortega y Gasset. Pero, ese interés por otras lenguas no solo es un requisito para comprender el pensamiento de un autor o para entrar a un posgrado, sino que es una forma de instaurar, y de escribir como si el cuerpo siempre estuviera asediado por la imposibilidad de expresarse, de afirmarse, por ello, creo que Flusser sabía que el multilingüismo en realidad es una estrategia política, una forma de criticar la cultura, el presente, o sea, un modo de <em>ver </em>al mundo al mismo tiempo en que él se mira, y cuando nos miramos, sabemos que existimos. En consecuencia, escribir en varias lenguas significa existir y en esa medida cuando existimos no solo reconocemos el suelo que pisamos también afirmamos la vida en general, la vida que nos circunda.&nbsp;</p>



<p>Y quizá he llamado la atención en una parte, la lengua, cuando podría haber optado por el lenguaje, o los lenguajes, pero, aclarar esa diferencia con rigor conceptual es talacha de los lingüistas y aquí solo soy un cuerpo que quiere comenzar a escribir, respondiendo ilusamente a esa gran pregunta, ¿por qué y para qué seguir escribiendo ahora? En este presente, en esta época donde “es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo” esta frase titula un ensayo que conforma el libro de Mark Fisher, <em>Realismo capitalista. ¿no hay alternativa? </em>Dedicado a su esposa y padres, antes de quitarse la vida en 2017.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Entonces, la pregunta ¿por qué escribir?, se vuelve una pregunta personal, íntima, que solo con repetirla doblega, deprime, enferma. Yo soy un paciente que se ha contagiado por el virus que se adhiere a la pregunta. Desde hace tiempo he buscado una cura, un remedio, un placebo, no lo he encontrado, y la razón es bastante simple, no hay cura, ni remedio ni placebos. “Lo que hay es lo que hay”, o sea, o escribes o no, así de llano. No hay por qué encontrar una metafísica profunda en el acto de escribir, porque si lo hacemos terminamos por sonar como Maurice Blanchot quien consideraba que escribir es disponer del lenguaje bajo la fascinación, permaneciendo en el absoluto, ese lugar nouménico (concepto kantiano) donde al parecer las cosas se vuelven imágenes que aluden a lo que es sin figura donde su forma es dibujada por la ausencia, o sea, escribir sería para Blanchot convertir la presencia de esa ausencia, la apertura opaca y vacía de esa ausencia en el algo, en mundo, en cosa, en “hay”.&nbsp;</p>



<p>Por supuesto, no voy a detenerme en parafraseos filosóficos, porque me pierdo y me embeleso y olvido la pregunta que mueve, y que movió a Flusser, y por qué no decirlo, también a Salvador Elizondo. Como sabemos por sus <em>Diarios </em>editados por el FCE, él quería ser cineasta, no escritor, o al menos no en principio. Pero, de algún modo como descubrimos en <em>Farabeuf</em>, lo que tomo del cine que es la teoría del montaje de Eisenstein terminó aplicándolo a la narrativa. No obstante, yo diría que respondió con su estilo a la realidad que también brilla por su crueldad, maldad y horror, realidad que a todos nos sobrevuela. No es casual que <em>Farabeuf, </em>sea un proyecto que nos permita leer una estética del mal. Por eso mismo, la escritura es el tema, o mejor dicho la insistencia de Elizondo por responder a esa realidad matizada de crueldad, o sea, la realidad lastima y duele. El autor del <em>Grafógrafo </em>en alguna parte de sus <em>Diarios </em>reflexiona que tratamos de expresar lo inexpresable cuando nuestro único proferimiento puede ser el grito o el lamento, pero nos aferramos a las palabras creyéndolas propias, patrimonio inalienable, justificación perenne de nuestra falsa grandeza ¿Qué expresa el lenguaje cuando no expresa el dolor intenso de carecer de significado? Esta reflexión de Elizondo me conduce inevitablemente a citar ese pasaje que he releído tantas veces con tanto placer, ese pasaje del cuarto capítulo de <em>Farabeuf </em>condensa una verdad, una tesis tan densa que ni Jean Luc Nancy en su <em>Corpus </em>logró decir en tan pocas oraciones. Ese pasaje es mi pan de cada día, claro no lo repito muchas veces porque pareciera que rezo, no rezo pero me hinco, me hinco no frente al autor, porque Salvador Elizondo, no es ni mi salvador, ni nada de eso, más bien me hinco frente a esa realidad que violentamente se me aparece, me hinco para caer al piso y sentir la tierra, me hinco para restaurar la posición de mis brazos, de mis mejillas, de mis orejas, de mi pecho, de mis ojos que lloran mientras recuerdo mi pasado, mientras recuerdo las personas con las que he convivido, mientras recuerdo a las personas que me enseñaron a sentir el mundo a partir de una disciplina tan profunda como la estética y que ya no están, ya no están en este perro mundo, en esta perra realidad violenta frente a la que aún tengo el privilegio de hincarme y leer y releer, e invitar a otros a que lean el mismo pasaje, las mismas líneas, las palabras que también me afectaron. Confieso que sollocé después de escribir el último párrafo, sin más, lean la escritura de Elizondo:&nbsp;</p>



<p>Somos una errata que ha pasado inadvertida y que hace confuso un texto por lo demás muy claro; el trastocamiento de las líneas de un texto que nos hace cobrar vida de esta manera prodigiosa; o un texto que por estar reflejado en un espejo cobra un sentido totalmente diferente del que en realidad tiene. Somos una premonición; la imagen que se forma en la mente de alguien mucho antes de que los acontecimientos mediante los cuales nosotros participamos en su vida tengan lugar; un hecho fortuito que aún no se realiza, que apenas se está gestando en los resquicios del tiempo; un hecho futuro que aún no acontece. Somos un signo incomprensible trazado sobre un vidrio empañado en una tarde de lluvia. Somos el recuerdo, casi perdido, de un hecho remoto. Somos seres y cosas invocados mediante una fórmula de nigromancia. Somos algo que ha sido olvidado. Somos una acumulación de palabras; un hecho consignado mediante una escritura ilegible; un testimonio que nadie escucha. Somos parte de un espectáculo de magia recreativa. Una cuenta errada. Somos la imagen fugaz e involuntaria que cruza la mente de los amantes cuando se encuentran, en el instante en que se gozan, en el momento en que mueren. Somos un pensamiento secreto…</p>



<p>Si gasté espacio para citar aquel pasaje en vez de ocuparlo para decir algo mío, algo profundo y que fuera manufacturado por mi conciencia, qué importa. Lo que importa es justamente que ante la pregunta de ¿por qué escribir? La respuesta está en nosotros, en quiénes somos, ¿quién es usted, estimado lector? ¿Quién fue y quién será? ¿Es un error, un fracaso, o yo soy el fracaso? ¿Es alguien imaginado o es una imagen ajena? ¿Somos lo no acontecido y que está por venir? No, tal vez, quién sabe. Pero, lo que sí somos; un montón de palabras, como decía al principio, somos la huella de algo otro, somos vestigio, somos una escritura ilegible. <em>Somos una línea </em>que nadie ve, nadie registra, nadie comprende, pero somos una línea que anda, se mueve, grita, se calla, se lastima, quiere, ama, vive y late en un suelo que comparte con otras líneas.&nbsp;</p>



<p><em>Segunda Parte</em></p>



<p>Las palabras que he reunido anteriormente pueden servir como cortinaje para presentar mi respuesta ante la pregunta que enferma. Dicha respuesta no esconde nada nuevo bajo el sol, <em>escribimos par</em><em>a ser 1 cuerpo, </em>o sea, toda escritura es siempre <em>escritura encarnada, </em>pero como todo cuerpo, el cuerpo es frágil, y finito, en cambio, la carne envuelve al cuerpo lo descubre en esa fragilidad y finitud y en esa desnudez la carne adviene. No pretendo sonar como filósofo afrancesado, pero tengo que aclararlo, la carne es la forma en que acontece lo sensible. Al respecto conviene definir a la carne en una cuádruple significación. Primero, en relación con el campo perceptivo, pues la carne conlleva reconocer el particularísimo modo en que la dinámica de lo sensible puede destacarse a través de un solo fenómeno que nos lleva a la totalidad que lo conforma, por ejemplo, cuando nos quedamos absortos por las chalupas (antojito poblano) que nos cenamos en la feria. El segundo sentido, entendido como la manera en que integramos al fenómeno sin objetivarlo previamente, es decir, como ese impulso desiderativo que nos mueve a integrarnos decisivamente al fenómeno, y para ilustrarlo basta con recordar cuando nos acercarnos a esa carita que distinguimos entre la mucha gente que sale del metro, y solo queremos besarla para rescatarla de la muchedumbre del transporte público. Y justamente el segundo sentido da paso al tercero que consiste en definir a la carne como la fuerza intempestiva que nos permite vivenciar el fenómeno mismo, de allí, que cobre importancia decir que “vemos las cosas mismas”, o sea, cuando besamos a nuestra pareja nos fundimos en ella, y cuando nos separamos porque alguien nos empuja, vemos todo más nítidamente, más claro, el mundo cae y se erige cuando tomamos la mano de la persona que amamos. Y el tercer sentido deriva el cuarto, entendido como “una sola masiva adhesión al ser” (esto es cosecha de Merleau-Ponty) y el mejor ejemplo, es el cuerpo que siente la totalidad del mundo, ya lo decía Deleuze, los escritores tienen una salud pequeñita, es el peso del mundo. Por lo dicho, queda claro que el trasfondo existencial y estético del cuerpo presupone una relación esencial con el mundo que se despliega ante él.&nbsp;</p>



<p>Lo anterior tiene pinta de una argumentación filosófica sin rigor académico, no importa, porque ni todas las tesis de filosofía aglutinadas en los repositorios digitales, ni todas las bibliotecas son suficientes para dar respuesta al aparecer de lo Real que es el flujo avasallante que nos irrumpe, y que va a toda velocidad y violencia que resulta imposible reconocer de modo absoluto el sentido de cada uno de los elementos que lo configuran. Parece que lo Real es un concepto, pero no, está aquí y ahora, aquí contigo y ahora mientras escuchas los ladridos de los perros en la calle, los regaños de tu vecino a su familia, las lámparas&nbsp; que dejan de alumbrar porque cortaron la luz, la silla en la que te sientas y lleva como cinco o más años en tu oficina,&nbsp; o en tu cuarto y que no cambias por “comodidad”, lo Real está en el calor veraniego que no se quita ni con todos los ventiladores que compraste en el bazar, lo Real, está en la ceniza y smog que respiras a diario, lo Real está en las sopas que guardas en el refri. Lo Real está en todas partes y a todas horas. ¿Y cómo actúo en relación con el aparecer de las cosas?, o bien, ¿en qué plano de lo Real me puedo ubicar para explicar qué es una cosa? Es más, ¿dónde puedo escribir para sentir lo Real, encarnarlo y compartirlo a los demás? ¿Vale la pena escribir sobre lo Real cuando no tengo dinero para completar la renta? No lo sé, quizá.&nbsp;</p>



<p>Sin embargo, no quedan dudas de lo difícil que es ignorar a lo Real porque viene contra nosotros, y frente a dicho advenimiento a veces requerimos de una acción reflexiva que responda al acontecer violento de las cosas, es decir, que ante el tsunami de cosas que inunda nuestra percepción, la reflexión estética, nos auxilia a interrumpir esa violencia del aparecer, ya que nos ofrece cortes, un corte necesario pues irrumpe en medio de las cosas y el sujeto que percibe. Es decir, escribimos como una reacción humana ante la existencia de las cosas, y por eso la escritura solo puede asumirse como un <em>cuerpo, </em>como <em>encarnación, </em>pues de lo contrario, lo Real nos aplasta, nos destruye, o por decirlo en otras palabras, nos ciega, es por ello, que la reflexión se materializa estéticamente a través de la escritura. Y para mí, la <em>escritura encarnada </em>es fundamentalmente el intento por <em>aprender a ver</em> el incesante aparecer de lo Real.&nbsp;</p>



<p>**</p>



<p>Comencé la primera parte del ensayo refiriéndome a Flusser, porque el pensador naturalizado brasileño fue un crítico del presente en el que vivimos, por ello, no es azaroso que escribiera un libro sobre la escritura, porque para él, la escritura conformada a partir de la linealidad, forma que a su vez dio nacimiento a la conciencia histórica occidental, estaba entrando en una etapa de crisis porque con el advenimiento de las imágenes técnicas posibilitadas por medios como la fotografía, películas, televisión, o en nuestros días, computadoras y redes sociales ahora son los encargados de portar la información, la memoria de nuestra sociedad. Por lo anterior, de acuerdo con Flusser, ya no podemos pensar el mundo a partir de líneas escritas, organizadas, sino que ahora “pensamos” en función de imágenes, de superficies. Y este cambio ha alterado nuestra precepción, nuestro cuerpo; el mundo no se nos puede presentar más como línea sino como plano, y esto quiere decir que lo Real en buena medida se nos aparece ahora como imagen y escena. Nuestra era la de los memes en redes sociales confirman esta proposición. Esta situación descrita nos lleva a otra historia, no la de la escritura lineal sino una posthistoria. Y en efecto, ahora mismo escribimos sumidos en una época de polarización política, de guerras interminables, de situaciones climáticas nunca vistas, ni hablar de las condiciones económicas, y lo que nos reconforta al final del día son los <em>reels</em> de Instagram, las <em>stories</em> de tik tok, o sea, las imágenes.&nbsp;</p>



<p>Ya no queda tiempo para escribir, ¿ya no queda tiempo para estas líneas? ¿ya no hay lugar para <em>ser línea? </em>¿Ser línea? Claro, porque si hemos dicho que la escritura es siempre encarnada, las líneas que hemos dicho que somos, implica dar cuenta de nuestro cuerpo, por tanto, <em>ser línea es ser una escritura encarnada. </em>Dejaré por un momento mis vuelos ontológicos, pero antes de avanzar, me gustaría afirmar que sí, sí hay lugar para <em>escrituras, </em>para cuerpos que pueden sentir la violencia del mundo, para cuerpos que han aprendido a ver mientras aman pese a las ruinas que habitamos, como diría Preciado en su bellísimo <em>Dysphoria mundi: </em>la intensidad visual del fuego y la belleza de las ruinas se graban en cada memoria a pesar de la prisa por ocultarlas […] y las ruinas pese a todo, son mejores que el capitalismo, mejores que el orden social y económico mundial. Mejor que cualquier dios. Porque son nuestra condición presente: nuestro único hogar.&nbsp;Por lo dicho aquí, este ensayo es de algún modo una ruina, una reflexión fragmentaria, una voz oída desde lejos, un cuerpo que sostiene en voz alta <em>líneas</em> que través de una pregunta enfermiza y una serie de referencias, definiciones y especulaciones parciales, pretende <em>hacer visible</em> una posibilidad de habitar el mundo, de encarnarlo y sobre todo escribirlo. Espero aterrizar en un <em>suelo-tierra</em> pese a las ruinas de nuestro tiempo. Vayamos a descubrirnos como <em>1 cuerpo-línea</em>, como un vestigio inconcluso de otros cuerpos y lugares, de otros pasados y también de futuros. Cuerpos inconclusos que vuelven y <em>se </em>escriben.</p>
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		<title>Una lección sobre la escritura a través de Flusser y Beaulieu &#124; Fragmentos de líneas fantasmagóricas #22</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 16 Jan 2022 01:43:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Fragmentos de líneas fantasmagóricas]]></category>
		<category><![CDATA[Beaulieu]]></category>
		<category><![CDATA[Flusser]]></category>
		<category><![CDATA[Juan García Hernández]]></category>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Fragmentos de líneas fantasmagóricas #22, una columna de Juan García Hernández</strong></p>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p>En el presente texto, nuestra intención descansa en aproximarnos a la siguiente pregunta: ¿por qué seguir escribiendo en el pasado de un futuro asediado por la desaparición de la escritura misma? Para aproximarnos a una respuesta, delimitaremos nuestra reflexión a partir de dos momentos. En primer lugar, valoraremos algunos pasajes del libro <em>¿Tiene futuro la escritura? </em>de Vilém Flusser, con el fin de establecer la vigencia de preguntarnos por la escritura en nuestro tiempo. Posteriormente, exploraremos la siguiente premisa; <em>el carácter no lineal de la escritura puede inaugurar conciencia histórica</em>, tal proposición será examinada a través de un breve vistazo a la obra <em>Flatland </em>de Derek Beaulieu. Una vez que viajemos por el camino sugerido, veremos que la reflexión sobre la escritura no es un camino recto, es decir, no va de la intuición a la certeza absoluta, más bien, el camino de la escritura es aquel constituido por las huellas que han dejado otros y que como funambulistas que atraviesan una cuerda que siempre se tambalea, los escritores se encargan de mostrarnos aquel difícil tránsito del lenguaje alrededor de nuestro mundo, aquel tránsito asegura la creación de horizontes que tanta falta hacen a nuestro fragmentado presente.</p>



<p>Antes de avanzar, no podemos pasar de vista que el enigma o misterio de la escritura, ha estado presente a lo largo de la historia humana, quizá desde aquel prehistórico momento en que la especie humana decidió inscribir un trazo sobre un soporte material, brindándole una significación a dicho trazo. Ese primigenio evento, puede orientarnos a pensar que el acto de escribir es como un séquito que acompaña el transcurrir de las sociedades humanas, no obstante, con el advenimiento de las máquinas y el continuo avance de las inteligencias artificiales se ha puesto en duda el hecho de que la escritura puede no pertenecer exclusivamente a la agencia humana. Pero, en las últimas décadas, hemos descubierto que el creciente uso de las máquinas y su relación con la escritura no ha generado una interrupción definitiva de la escritura, pese a los proyectos de IA que en la actualidad pretenden minimizar el acto de la escritura a una mera articulación cuidadosa y ordenada de datos<strong>[1]</strong>, más allá de tales proyectos, nos parece justo preguntarnos: “¿Qué hacer con una vida sin escritura? Cuando nos la arrebaten las computadoras, ¿seguirá latiendo en nosotros esa pulsión misteriosa por escribir? La pregunta se vuelve urgente ante la apropiación maquinal de nuestras capacidades”.<strong>[2] </strong>Estas interrogantes, nos han orillado a observar otras relaciones y modos en los que el lenguaje atraviesa nuestra morada, aquellas relaciones habían permanecido en las sombras en la medida en que nuestra visión permanecía bajo el yugo de una sola dirección.</p>



<p>Esa dirección unívoca a la que nos referimos implica entender que la escritura se basa fundamentalmente en el imperativo de que las ideas y significaciones que tengamos sobre el mundo puedan alinearse, pues claramente las ideas no deambulan por la realidad material, sino en el mapa de nuestros pensamientos, dicha circulación de las ideas, es apresada cuando se fijan a través de la escritura, la escritura encadena las ideas y las somete a un orden racional y lógico, este acto da como resultados lo siguiente:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>las líneas de escritura no solamente alinean las ideas; dirigen esas ideas hacia un recipiente. Corren más allá de su punto final hacia un lector. Motiva la escritura un impulso no solo de dirigir ideas sino también de dirigirlas hacia otro. Solo cuando un escrito llega al otro, al lector, se cumple esta intención subyacente. Escribir no es solamente un gesto reflectivo, dirigido al interior, sino también un gesto expresivo, dirigido al exterior. Quien escribe presiona en su propio interior y al mismo tiempo hacia afuera, hacia alguien más. Estas presiones contradictorias dan a la escritura la tensión que la ha hecho capaz de portar y transmitir la cultura occidental y de dotarla de una forma tan explosiva. <strong>[3]</strong></p></blockquote>



<p>El anterior pasaje clarifica bastante la dirección univoca de la escritura, en tanto que permitió establecer un camino a las ideas que flotaban en el pensar de nuestros antepasados, pasando así, del pensamiento mítico al pensamiento lógico y racional, en el intervalo de este último tipo de pensamiento como detalla Flusser, se han generado varias reflexiones sobre la escritura, “sobre-escritos”, dando paso a una conciencia histórica, de hecho, para el pensador nacido en Praga, la organización y disposición lineal de los signos hizo posible la conciencia histórica, es decir que la historia misma es una función o resultado de la escritura y por tanto de aquella conciencia que se expresa a través del acto de la escritura. Si seguimos el diagnóstico de Flusser, podemos enunciar que al caracterizar a la escritura como la configuración lineal de signos, este tipo de configuración en algún punto puede facilitarse por medio de tecnologías que procesan de manera más rápida y eficiente tal acto, pero, si hemos llegado a tal punto, resulta válido enunciar que ahora las máquinas pueden dar cabida a una conciencia histórica en la medida en que son capaces de escribir, esta inquietud, atravesó a Flusser a tal grado que escribió: “debido a que todas estas cosas mecánicas y automáticas hacen mejor historia que nosotros, podremos concentrarnos en algo más. ¿En qué? Eso es a lo que se refiere este ensayo cuando pregunta si la escritura tiene futuro”. <strong>[4]</strong></p>



<p>Es decir, si las máquinas pueden ocuparse de la escritura, ahora ¿podemos ocuparnos simplemente a vivir?, quizá. Pero, la cuestión es mucho más compleja de lo que parece, ya que la escritura es un acto que como hemos visto nos “saca” de aquel lugar donde las ideas deambulan, y a su vez, podemos decir que la escritura también arranca aquellas imágenes que nos hacemos de nuestro mundo, es decir, el hecho de que podamos describir un paisaje con palabras, o que podamos comunicar una sensación a través de la escritura, implica reconocer en la escritura una fuerza que divide nuestra realidad objetiva y la organiza después en líneas que siguen una dirección, y estas a su vez, dan paso a conceptos que pueden cuantificarse, y paulatinamente estos conceptos cuando son más familiares a nosotros, generan una conciencia específica sobre nuestro alrededor. Para hacer mucho más transparente este argumento, el siguiente pasaje es oportuno:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>la escritura busca salir de un vertiginoso pensamiento circular y acceder a un pensamiento ordenado en líneas. Ahora, esto puede traducirse a: salir de los círculos mágicos del pensamiento prehistórico y acceder al pensamiento histórico, lineal. La escritura es en realidad una transcodificación del pensamiento, una traducción de la superficie bidimensional de las imágenes a un código lineal unidimensional: de compactos y borrosos códigos pictóricos a claros y nítidos códigos escritos; de lo imaginario a lo conceptual; de escenas a procesos; de contextos a textos. Escribir es un método de destrozar imaginaciones y aclararlas. Mientras más avanza la escritura, más hondo penetra el incisivo escritor en los abismos de las imaginaciones almacenadas en nuestra memoria, destrozándolas para “describir”, para “explicar”, para recodificarlas en conceptos. Este avance de escribir a lo largo de líneas hacia los abismos de la memoria (del inconsciente) y hacia un mundo objetivo, despojado de imaginaciones, es lo que llamamos “historia”. Es comprensión progresiva. <strong>[5]</strong></p></blockquote>



<p>Este último pasaje, nos da pie a introducir la siguiente tesis: <em>el carácter no lineal de la escritura puede inaugurar conciencia histórica. </em>Como podemos notar, la proposición anterior parece contradecir el argumento de Flusser, sin embargo, nos parece relevante poner en diálogo tal propuesta a través de tres rasgos que pueden caracterizar al menos un tipo de escritura contemporánea, estos rasgos son, la ilegibilidad, el trastocamiento de la temporalidad, y la radicalidad del concepto. Una obra en la que podemos reconocer a simple vista los rasgos anteriormente descritos es la del escritor canadiense Derek Beaulieu, en su libro publicado en 2007, titulado <em>Flatland, </em>que en español puede traducirse como <em>Planilandia. </em>Su obra constituye una traducción de la novela de satírico político victoriano Edwin Abbott (que representa un universo 2D, habitado por una sociedad de polígonos, todos los cuales permanecen ajenos a nuestro propio universo 3D). Beaulieu utiliza este libro como una ocasión para transformar la acción de la lectura en un filo de mapeo, haciéndolo, trazando la ocurrencia sucesiva de letras, de línea a línea en una edición actual del texto, conectando así los puntos, primero vinculando todos los As, luego vinculando todas las B, procediendo de esta manera a través de la página, 26 veces, antes de pasar a la siguiente página de texto.<strong>[6]</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="800" height="434" src="https://triadaprimate.org/wp-content/uploads/2022/01/one-800x434.jpg" alt="" class="wp-image-5026" srcset="https://triadaprimate.org/wp-content/uploads/2022/01/one-800x434.jpg 800w, https://triadaprimate.org/wp-content/uploads/2022/01/one-700x380.jpg 700w, https://triadaprimate.org/wp-content/uploads/2022/01/one-170x92.jpg 170w, https://triadaprimate.org/wp-content/uploads/2022/01/one-768x417.jpg 768w, https://triadaprimate.org/wp-content/uploads/2022/01/one-500x271.jpg 500w, https://triadaprimate.org/wp-content/uploads/2022/01/one-600x326.jpg 600w, https://triadaprimate.org/wp-content/uploads/2022/01/one.jpg 851w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



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<p>Su obra, bien puede definirse como un conjunto de páginas llenas de poesía visual o escritura asémica, en la medida en que no se puede leer de forma convencional, y tampoco conlleva significaciones específicas, y como vemos el contenido es la anidación de líneas atravesadas entre sí, las líneas son el resultado singular de como se vinculan una letra con otra, este proceso nos sugiere acercarnos a la obra como una obra ilegible, no obstante, su ilegibilidad es dada a partir del lenguaje escrito. En conformidad a esta ilegibilidad Marjorie Perloff, resalta que lo llamativo de <em>Flatland </em>es que:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>no hay dos páginas iguales […] cada página arroja una figura totalmente diferente, puede haber una diagonal que recorra todo el camino desde el principio hasta el final o una forma de triángulo en el centro de una página, o un rectángulo o hexágono incrustado. O simplemente líneas que se entrecruzan mientras que el texto fuen habla de polígonos y de su modo de ser, Beaulieu nos da polígonos reales en acción. Cierto, sólo hay líneas negras rectas en el espacio blanco del texto y las líneas se niegan a formar letras o cualquier otra forma concreta, pero las formas resultantes son fascinantes por su ausencia, por su negativa a señalar algo fuera de sí mismas […] cada página usa letras únicas para generar constelaciones únicas, que han dejado atrás sus orígenes. <strong>[7]</strong></p></blockquote>



<p>Resulta convincente, la descripción de Perloff, en la medida en que da cuenta de un concepto clave que se engarza en la obra del escritor canadiense, tal concepto es el de la diferencia, y en esa medida tal obra puede ayudarnos a interrogar la definición de una escritura como la articulación y organización de líneas y a su vez de signos gráficos que tienen significados, pues con la obra de Beaulieu la unicidad de cada línea nos conduce a poner en jaque nuestro modo habitual de lectura y escritura, también, confronta nuestra manera de pensar temporalmente estas líneas, pues como el mismo escritor reconoce en su tesis doctoral: “la lectura con <em>Flatland</em> no es una cuestión de recolección de información, obtención de conocimiento; es la graficación y el trazado del progreso a través de un objeto temporal”.<strong>[8] </strong>Creemos que dicho objeto temporal, son las letras, sin embargo, al ubicarnos frente a las páginas de <em>Flatland, </em>no vemos letras, sino líneas, entonces ¿cómo podemos articular una conciencia histórica a través de líneas? Asumiendo que el código lineal frente a nosotros, no compete a una sola dimensión, sino a varias, esa multiplicidad de dimensiones podría conducirnos en el sentido inverso, es decir, no ir de lo imaginario a lo conceptual, sino de lo conceptual al reino de lo imaginario, o bien de textos ilegibles a contextos legibles, la escritura en Beaulieu no descompone la realidad material sino que nos invita a construir otras realidades materiales, pues cada página es por sí misma una constelación que podemos traducir e inscribir en otro soporte, y tal como plantearía Flusser, mientras más profundo penetra el escritor en los abismos de la imaginación que se almacenan en nuestra memoria, la escritura avanzará, esto es, el camino de la escritura se ensancha, crece, pero, en el caso examinado la escritura ya no describe o explica, sino que evoca un viaje sin definiciones, nos transporta a un pasado primigenio donde las líneas y los trazos no eran apresados por el sentido, en suma, nos invita a repensar escritos sobre otros escritos, es decir, el modo en que pueden superponerse actos de escritura sobre una escritura previa, y en virtud de tal superposición descubrir otras sendas para enriquecer la percepción de nuestro mundo.</p>



<p>Probablemente nuestro texto más allá de ser una respuesta sea un aplazamiento a la pregunta de por qué seguir escribiendo en un presente asediado por el fin de la escritura. Aunque, creemos que arañar la cuestión abona a la construcción de un momento para detenernos a pensar con mayor seriedad, sobre el lugar que puede ocupar la escritura en el futuro, y particularmente sobre nuestro propio futuro, sea el presente texto una invitación para asumir el acto de escritura como una cuestión vital, pues solo en la medida en que escribimos podremos encarnar un camino que se erige históricamente y moldea un horizonte en común, en el fondo, me aventuro a pensar que el fin de la escritura es una sentencia apresurada, pues mientras una página en blanco sea manchada con tinta, o una tecla sea oprimida o incluso si una pisada en la tierra no es ocultada, allí, seremos testigos del acontecimiento fundante que abre la escritura; la lucha contra el tiempo, que afirma la presencia de un ser en el mundo.</p>



<h1 class="wp-block-heading">&nbsp;</h1>



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<p><em><strong>Referencias</strong></em></p>



<p>Beaulieu, D. (2007). <em>Flatland. A romance of many dimensions.</em> York: information as material.</p>



<p>Beaulieu, D. (2014). Text Without Text: Concrete Poetry and Conceptual Writing. Obtenido de https://derekbeaulieu.files.wordpress.com/2017/01/text-without-text-beaulieu-thesis-final.pdf</p>



<p>Bök, C. (15 de Diciembre de 2007). Visual Poetics 02. <em>Poetry Foundation</em>. Obtenido de https://www.poetryfoundation.org/harriet-books/2007/12/visual-poetics-02</p>



<p>Flusser, V. (2021). <em>¿Tiene futuro la escritura?</em> México: Centro de Cultura Digital de la Secretaría de Cultura.</p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p><strong>[1]</strong> <em>Cfr. </em><a href="https://www.xataka.com/robotica-e-ia/gpt-3-nuevo-modelo-lenguaje-openai-capaz-programar-disenar-conversar-politica-economia">https://www.xataka.com/robotica-e-ia/gpt-3-nuevo-modelo-lenguaje-openai-capaz-programar-disenar-conversar-politica-economia</a></p>



<p><strong>[2] </strong>Tiselli en (Flusser, 2021)</p>



<p><strong>[3]</strong> (Flusser, 2021)</p>



<p><strong>[4] </strong><em>Ibidem.</em></p>



<p><strong>[5]</strong> <em>Ibidem.</em></p>



<p><strong>[6]</strong> (Bök, 2007)</p>



<p><strong>[7] </strong> Perloff en (Beaulieu, 2007, págs. 108-109)</p>



<p><strong>[8]</strong> (Beaulieu, 2014, pág. 77)</p>
<p>La entrada <a href="https://triadaprimate.org/una-leccion-sobre-la-escritura-a-traves-de-flusser-y-beaulieu-fragmentos-de-lineas-fantasmagoricas-22/">Una lección sobre la escritura a través de Flusser y Beaulieu | Fragmentos de líneas fantasmagóricas #22</a> se publicó primero en <a href="https://triadaprimate.org">Tríada Primate</a>.</p>
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