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	<title>Folclor mexicano archivos - Tríada Primate</title>
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		<title>La leyenda de la planchada. Y el despecho en el folclor mexicano &#124; Ojos abiertos #30</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Dec 2021 01:03:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Ojos abiertos]]></category>
		<category><![CDATA[Folclor mexicano]]></category>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Ojos abiertos #30, una columna de María del Rosario Acevedo Carrasco</strong></p>



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<p>Nuestra historia comienza en el Hospital Juárez de México, cuando aún se llamaba Hospital San Pablo. Cuenta la leyenda que en aquel tiempo, seguramente a finales del siglo XIX, trabajaba ahí una enfermera llamada Eulalia, una mujer joven y servicial que atendía con amor y dedicación a todos sus pacientes. Un día llegó al hospital Joaquín, un médico del que Eulalia se enamoró perdidamente y que, le hizo creer, correspondía su amor. El principio del fin fue cuando Joaquín desapareció sin previo aviso, a su enamorada le contaron que había huido para casarse, dejándola como Penélope en espera eterna de su Ulises.</p>



<p>A partir de aquí las versiones varían, algunos dicen que Eulalia cayó enferma de inmediato, otros aseguran que estaba sana, pero se volvió malhumorada y negligente. En lo que todas coinciden es en que, cegada por el desamor, la enfermera descuidó a sus pacientes hasta el día de su muerte, pues a partir de entonces mora por los pasillos del hospital y, por las noches entra a los cuartos de los pacientes en estado crítico para revisarlos, administrarles medicamento o simplemente darles palabras de apoyo.</p>



<p>El nombre de “La planchada” surge de la apariencia del espectro, pues quienes se han encontrado con Eulalia la describen como una enfermera joven, amable y muy bien vestida, con un uniforme impecable y perfectamente almidonado. Y aunque la leyenda original surgió en el Hospital Juárez, en muchos otros nosocomios se cuentan historias similares: Un enfermo es visitado por una enfermera a altas horas de la noche, pregunta por ella a la mañana siguiente y, al describirla, resulta que no hay nadie en el hospital que cumpla con su descripción. Al menos no en este plano.</p>



<p>Esta leyenda resulta interesante por varios motivos, pero el que analizaremos ahora es la similitud con otras historias del folclore mexicano, pues comparte más de un elemento común en nuestra narrativa: La protagonista es una mujer, es joven, bella y cumple diligentemente con lo que le corresponde. Entonces aparece un hombre que la cautiva de inmediato, él le corresponde por un tiempo, pero eventualmente termina por abandonarla, rompiéndola tanto que, en nombre del despecho, se convierte en una versión distorsionada de lo que fue antes, consumida por la tristeza hasta la muerte o capaz de cometer actos atroces. La última estocada es una muerte trágica, por suicidio o enfermedad, acompañada de la condena de permanecer en este mundo a modo de castigo por haber dejado que el dolor fuera más grande.</p>



<p>¿Suena familiar? La llorona, hablando de la versión colonial, la planchada, la loca del muelle de San Blas y un sinfín de espectros tienen una historia más o menos similar, en que el abandono de un hombre terminó con sus vidas mucho antes del momento de su muerte y las condenó a vagar por la eternidad, pagando por el pecado de sentir.</p>



<p>El despecho, según la RAE, es una “malquerencia nacida en el ánimo por desengaños sufridos en la consecución de los deseos o en los empeños de la vanidad”, y aunque la definición suene rimbombante, en realidad es bastante sencilla: el despecho no es más que el dolor que surge cuando nos desencantamos de un deseo, usualmente relacionado al amor. Pero este dolor es profundo, llega hasta la médula y es capaz de consumirnos poco a poco y sin notarlo hasta que es tarde para hacer algo.</p>



<p>Este dolor es tan poderoso que es capaz de hacer que una madre mate a sus hijos, que una enfermera descuide a sus pacientes o que una mujer pase una vida frente al mar esperando el regreso de su amado; sentirlo es tan malo que se paga enfermando, quitándose la vida o dejándola pasar; es tan largo que no se cura después de la muerte, al contrario, es tan intenso que puede mantener un alma en pena por la eternidad. Y es tan fuerte que es capaz de sostener el folclor de una cultura en sus hombros, de dar explicación a lo inexplicable y, aunque pareciera sorprendente, provocarnos más miedo que el que nos hacen sentir los espectros de aquellas que sucumbieron a él.</p>
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		<title>Los nahuales: Una historia de transmutación y conocimiento ancestral &#124; Ojos abiertos #14</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Apr 2021 01:18:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Ojos abiertos]]></category>
		<category><![CDATA[Folclor mexicano]]></category>
		<category><![CDATA[María del Rosario Acevedo]]></category>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Ojos abiertos #14, una columna de María del Rosario Acevedo Carrasco</strong></p>



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<p>El folclor mexicano se caracteriza por tener elementos cuyas raíces prehispánicas fueron distorsionadas durante la conquista, terminando convertidas en arquetipos con un carácter demoníaco que no tenían originalmente y adaptadas a una visión eurocéntrica y católica que limita su existencia al misticismo que entrañan.</p>



<p>Una de estas figuras, que hasta la fecha no ha logrado su reivindicación como parte de nuestra cultura, son los nahuales. Según la creencia popular los nahuales son hombres, brujos o chamanes, con la capacidad de tomar la forma de algún animal. Dependiendo de la región, pueden considerarse como seres buenos y protectores o como entes malvados que roban comida y matan a otros animales.</p>



<p>Para entender este concepto es necesario saber que, en la época prehispánica, se vivía en armonía y se tenían relaciones estrechas con todos los elementos de la naturaleza, incluyendo a los animales, a partir de este binomio hombre-animal surgen dos conceptos <em>nahualli </em>y <em>tonalli. Nahualli </em>es la creencia de que algunos hombres tienen la capacidad de transformarse en animales, mientras que <em>tonalli </em>es la creencia de que todos los seres humanos tienen una conexión espiritual con un animal desde que nacen y que esta determina la personalidad y las cualidades de la persona. &nbsp;</p>



<p>Pero remontarnos al origen implica también comprender que la cosmovisión de la mayoría de las culturas en Mesoamérica era menos rígida respecto a las divisiones entre un plano existencial y otro, así, el poder de los nahuales era más bien entendido como la capacidad de moverse entre el plano humano y el extrahumano, lo que le permitía además una conexión más cercana con la naturaleza y con los dioses que, dicho sea de paso, muchas veces adquirían también formas animales para manifestarse ante los humanos.</p>



<p>La existencia del nahual ligada a su conocimiento y las habilidades con las que nacía, queda evidenciada en textos como los <em>Primeros memoriales </em>de Bernardino de Sahagún, donde nos explica que el nahual era conocedor del cielo, la muerte y los fenómenos de la naturaleza, y aconsejaba a los gobernantes sobre cómo actuar para estar preparados. Sahagún utiliza tres términos como sinónimo de <em>nahualli: </em>Brujo, astrólogo y conjurador de granizo.</p>



<p>Entonces, ¿Cómo es que estos hombres sabios pasaron de ser respetados, y hasta obedecidos, a convertirse en figuras satánicas a las que había que temer y exterminar?</p>



<p>Suena familiar, ¿no?</p>



<p>Es bien sabido que después de la conquista y con la intención de evangelizar, todo lo que no fuera católico se calificó de pagano y fue perseguido por la inquisición. Los nahuales no fueron la excepción, pues en los primeros años de la Nueva España se registraron varios casos de nahualismo, tales como el de Martín Ocelotl o Tzutzuma de Coayacán, hombres cuyo pecado fue predecir inundaciones y llamar hermanas a las nubes.</p>



<p>A partir de entonces, el concepto de nahual se ha distorsionado hasta convertirse en las historias que conocemos hoy, como la del brujo del pueblo que por las noches se transforma en un perro negro y se come a las gallinas de los vecinos, o la del abuelo que una noche mató un guajolote y por la mañana se encontró con el cadáver de un hombre en su cocina. Curiosamente, las historias de nahuales tienen ciertas similitudes con las de las brujas, llegando a ser casi idénticas e incorporando características de un ente dentro del otro.</p>



<p>Aún hoy, que del origen queda poco y predomina la connotación negativa, siguen existiendo pueblos que conservan la idea del nahual como un hombre de conocimiento, llegando inclusive a adquirir un carácter protector. Pero la protección no solo es para los pobladores, es también para la naturaleza, los animales y las plantas, pero sobre todo, para el conocimiento, ese que se ha hecho paso a lo largo de los siglos y a pesar de incontables esfuerzos por borrarlo.</p>



<p>En un mundo globalizado donde la homogeneidad es la regla y mantenerse fiel a los orígenes es sinónimo de rezago, el nahual pierde el carácter místico y retoma su significado original: Conocedor del cielo, la muerte y los fenómenos de la naturaleza.  Hoy, que este conocimiento ancestral de la naturaleza está por extinguirse y nuestra relación con ella es casi inexistente, que dejamos de tener una conexión con los animales, el cielo y la tierra, y que la armonía se ha perdido y amenaza con hacernos desaparecer; surge nuevamente esta figura para ser lo que era en un inicio.</p>



<p>Brujo, astrólogo, conjurador de granizo.</p>
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