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	<title>Juan Rey Lucas archivos - Tríada Primate</title>
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		<title>Antonio Gramsci: toda zona como propulsión &#124; Las constantes briagas del abstemio #13</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 May 2021 23:33:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
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		<category><![CDATA[Biografía]]></category>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Las constantes briagas del abstemio #13, una columna de Juan Rey Lucas</strong></p>



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<p class="has-text-align-right"><strong><em>“Con todas las fuerzas en contra, perseverar. Jamás doblegarse. Mostrarse fuerte atrae el auxilio de los dioses”</em></strong><br><strong><em>Johann Wolfgang Von Goethe</em></strong></p>



<p>Estando preso o entre la sociedad, nunca tuvo condiciones favorables. Desde su infancia la supervivencia era ya su oficio: un modo de ser. A pesar de su desempeño como diputado, fue encarcelado. El mundo en esos tiempos estaba tomando un vuelco atroz: fascismo se hacía llamar aquel movimiento. A partir de su estancia carcelaria hasta su último día, su vida habría de tomar tamaños de calibre excepcionales.  Sin proponérselo ponía al filo de la muerte su cuerpo que nunca fue el más apto; de igual forma su temple moral. Irónicamente, sería el encarcelamiento lo que le permitiría escribir las miles de páginas para hacer la construcción de uno de los vademécum más importantes e implacables del siglo veinte. Encarnación de uno de los más grandes proyectos políticos-intelectuales, sobre todo tomando en cuenta las circunstancias en donde fue redactado.</p>



<p>El fiscal Michele Isgro quien llevaba su caso, durante el juicio que tenía a ejecución en la primavera de 1928, lapida la frase que no sólo es una orden, sino una amenaza tanto para ellos mismos como para la persona a quién le estaban dando sentencia: “Por veinte años debemos impedir que este cerebro funcione”. Obviamente, aquella imposición aspiraba a mucho, frente al pensamiento que nunca pudieron dominar; en contraste la condena que se le impuso: exactamente veinte años, cuatro meses, y cinco días, lo que truncó la vida política de uno de los opositores más capaces frente a la ideología que emergía demoledora. Así también sufrían los estragos sus seres amados: su querida esposa Julca, de procedencia rusa, Delio de poco más de dos años, y Giuliano de apenas tres meses.</p>



<p>En varias ocasiones durante su encierro le habían ofrecido la reducción de su pena y también la absoluta liberación. Nunca consideró ninguna. No era cuestión de testarudez, o volverse prácticos y ya estando libres la misma libertad volvería funcional la causa. No. La postura obedecía a cuestiones más recónditas. Para que se mantuviera tranquila le da a entender en una carta a su madre, por qué la situación de su reclusión: “En el fondo, la detención y la condena, las he querido yo mismo, en cierto modo, porque nunca he querido cambiar mis opiniones, por las cuales estoy dispuesto a dar la vida y no sólo a estar en prisión. Que por eso mismo no puedo sino estar tranquilo y contento conmigo mismo”.</p>



<p>En tanto sus demás colegas de ideas tomaban un distanciamiento hacía las huestes, él en ese sentido se ceñía más a las mesnadas. Se esforzaba por conectarlas al pensamiento marxista. El punto crucial era generar una resistencia a los grupos que subyugaban, una contra-hegemonía que acabaría engendrando un neo orden moral-intelectivo o también denominado crónlech-histórico: una moderna sociedad.</p>



<p>Es desde el presidio dónde todo tiene –paradójicamente- sentido. Grupos de poder contra el absoluto mando que se encuentra sometiendo a aquellos quienes piensen y disientan de él.</p>



<p>En su infancia trabajaba diez horas diarias para ganarse el equivalente a una bolsa de pan, cargando registros que pesaban lo doble que él. Ya en el término del día laboral, sus noches eran invadidas por el implacable sollozo ya que el dolor de su cuerpo le impedía dormir. Era un encarcelamiento injusto, pero eso nunca detuvo la extensión de su pensamiento que literalmente atravesaba esos muros que mantenían al león enjaulado.</p>



<p>Poco a poco por las insalubres condiciones de la penitenciaria comienza a adquirir nuevas enfermedades –más de las que la naturaleza ya le había adjudicado-: el mal de Pott, principios de tuberculosis, y arteriosclerosis. Gracias a ello al menos puede obtener una celda individual para no afectar a sus cofrades, pero aún a pesar de ello padece de una grave hemorragia.</p>



<p>Días después de navidad fallece su madre, pero sus familiares prefieren no darle la fatal noticia. Más adelante sufre de otro episodio fuerte de alucinaciones y delirios. Se diseña un comité con la única intención de liberarlo junto con otros compañeros. Por todos los medios es posible trasladarlo al hospital de otra prisión. Es vigilado tanto desde su recamara como en el exterior. Se encuentra más agravado: se le agregan la tisis, y la esclerosis, la hipertensión y gota. El 21 de Abril de 1937 adquiere la libertad encontrándose en deplorable estado de salud. Siete días después fallece. Sólo una semana le fueron concedidos para poder contemplarse, tras toda una vida encarcelado, y poder edificar toda la estructura de su pensamiento. Nunca tuvo el mejor cuerpo, ni la mejor infancia, ni los mejores trabajos, y al parecer tampoco las mejores circunstancias. Pero todo ello nunca le impidió –o puede que hayan sido esos mismos aconteceres los idóneos-  poder realizar todo su pensamiento. Un pequeño corpus vuelto una maquinaria contra toda represión. Y quizá la cárcel fue el mejor de los sitios posibles para hacer germinar su historia<em>. Quaderni del carcere </em>su obra. Nacido en Ales, Cerdeña: es el gigante de Antonio. Antonio Gramsci.</p>
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		<title>El poeta marcado: Johann Christian Friedrich Hölderlin &#124; Las constantes briagas del abstemio #12</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Mar 2021 01:21:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Las constantes briagas del abstemio]]></category>
		<category><![CDATA[Friedrich Hölderlin]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Rey Lucas]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Las constantes briagas del abstemio #12, una columna de Juan Rey Lucas</strong></p>



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<p class="has-text-align-right" style="font-size:17px"><strong><em>“La locura de los grandes no debe irse”</em></strong><br><strong><em>William Shakespeare</em></strong></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Poeta sempiterno, iconografía del más alto grado de sofisticación de la cultura alemana en el siglo XIX, <em>avant garden</em> al alimón de Hegel, Schiller o Schelling. Friedrich Hölderlin (1770-1843) es considerado, no sin razón, uno de los bardos cuyas ideas y pensamiento, entre el Romanticismo y el Clasicismo, generaron uno de los más hondos cortes en la tradición filosófica y literaria que se gestó a posteriori. Aunque su obra no sólo se compone de copla, podemos afirmar que todo cuanto delineó literariamente se encuentra atestado de una potestad de aedo en que los conceptos de la temporalidad, la preciosidad y la sustancia cobran una sobresaliente importancia.</p>



<p>De catorce años es remitido por su familia al seminario de Denkendorf para que sea instruido en la Teología, con la esperanza de que genere una vocación en su vida al servicio del gnomo. Allí empezó la furia de la escritura, en sus primeras construcciones bucólicas donde, además, se le revelan los libros de Schiller y Klopstock. Paulatinamente, a través de tan insignes lecturas, descubrirá su original predisposición por la letra.</p>



<p>Como redacta en uno de sus esquemas ensayísticos (“El punto de vista desde el cual tenemos que contemplar la Antigüedad”), no tenemos otra elección que aceptar aquello que somos si no quisiéramos ir en contra de los propios daños que eso implica para nuestra existencia, pues lleva avasalladores dolores la falsificación de nuestra identidad. A este respecto, campean dos alternativas: “ser constreñido y hermetizado por lo adoptado y positivo o, con bestial presunción, ponerse a sí mismo, como fuerza viviente, frente a todo lo aprendido, dado, o positivo”.</p>



<p>Termina de completar sus estudios teologales en 1793, aunque nunca hará algún intento por ejercer su licencia en el ministerio sagrado. Al menos, el que se podría esperar. “Ser uno con todo, esa es la vida de la divinidad, ese es el cielo del hombre”, escribía Hölderlin en su&nbsp;<em>Hiperión</em>. Años antes, en 1788, es llevado al seminario de Tübingen, y tras sus primeros inicios en las relaciones amorosas con la joven Louise Nast y la núbil Elisa Lebret, esta última hija de uno de sus maeses; asimismo funda junto a su colega Neuffer el liceo de la “Liga de los Poetas”, mientras solventa su relación con dos gigantes del pensamiento alemán aún en proceso de cincelado: Hegel y Schelling.</p>



<p>Por aquel entonces, nuestro poeta oriundo de Lauffen am Neckar tiene puesto todo su poder de observación y discernimiento en Kant y&nbsp;Rousseau, la Revolución francesa y los antiguos griegos. Como elucida Felipe Martínez Marzoa “Hölderlin no va a la cola de Schelling y Hegel”, como se le pudiera juzgar en un primer instante; empero, es tan sólo el simulacro antes del terremoto por advertirse. Diría el profesor Marzoa: “más bien va por delante de ellos; pero ya está dicho que Hölderlin no será filósofo, sino poeta”. Luis Cernuda le encontraría un destino más implacable para aquel designado por una fuerza tan atroz como delicada: “Hölderlin, con fidelidad admirable, no fue sino aquello a que su destino le llamaba: un poeta. Pero ahí nadie le ha superado en su país, ni en otro país cualquiera”.</p>



<p>En 1795, reunidos bajo la iluminación de Hölderlin a quien acompañan Hegel y Schelling, se manufactura un texto portentoso: el conocido “El más antiguo programa de sistema del idealismo alemán”, en el que se exhiben las aspiraciones de tres mentalidades prodigiosas, pero, más aún, de tres almas en busca de su propio y singular sentido por una elevación tanto soberana como suigéneris del pensamiento. La tríada se cuestiona: “¿Cómo tiene que estar constituido un mundo para una esencia moral?”, &nbsp;a lo que responden: “Solo lo que es objeto de la libertad se llama idea. ¡Tenemos que ir más allá del Estado! Pues todo Estado tiene que tratar a hombres libres como engranaje mecánico; y esto no debe hacerlo; por lo tanto, debe cesar”.</p>



<p>En su&nbsp;<em>Hiperión</em>, Hölderlin anota: “No sabe cuánto peca el que quiere hacer del Estado una escuela de costumbres. Siempre que el hombre ha querido hacer del Estado su cielo, lo ha convertido en su infierno”. Tras padecer constantes cuadros de depresión e insolvencias de control mental, se le diagnostica como enfermo mental en un grado ya de degenere crónico. La familia Zimmer lo resguarda en su hogar, en la torre que también le pertenece a la parentela. Ahí pasará los últimos treinta y seis años de su existencia, aunque para definirlo mejor será que ha de pasar la mitad de su vida en ese lugar, tras no poder regresar de la cima. Abrazó la locura en dos de sus formas: la de la poesía y la mental. Las amó y también fue perjudicado. Qué más osadía y magnificencia para una vida siendo como es, así de extensa, de genuina, de aberrante, de temeraria, de brutal. Corrió el peligro que vislumbraba Nietzsche al advertirnos que tuviéramos cuidado de observar al abismo de frente, pues pudiéramos correr el riesgo que el abismo nos regresara la mirada. Hölderlin acepto la mirada de regreso. ¿Qué más logro de tan alta estima se puede crear?</p>
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		<title>La decadencia del cronista &#124; Las constantes briagas del abstemio #11</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 07 Mar 2021 05:46:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Las constantes briagas del abstemio]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol]]></category>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Las constantes briagas del abstemio #11, una columna de Juan Rey Lucas</strong></p>



<p class="has-text-align-right"><strong><em>“Ser objetivo es tratar al prójimo como si fuera un objeto, a un muerto, es comportarse con él como un sepulturero”.</em></strong><br><strong><em>Emil Cioran</em></strong></p>



<p>Los profesionales de la narrativa, la exégesis, y el análisis futbolero en México han adquirido una cualidad finísima y casi magistral con respecto a liquidar y exterminar todo sentido de fascinación y maravilla con respecto al fútbol (en especifico en nuestro país y algunas latitudes del continente también). Cualquier descripción por muy enérgicamente desdeñosa o fascinante, colinda en los mismos y siempre paupérrimos iguales formulismos, zonas comunes, eternas reiteraciones, y loas estúpidas para con todo alrededor de este deporte.  Aunque antes ya había mutado tras el recorte de volverlo dos torneos, como indigencia deportiva, instaurados en lo que un noticiero deportivo exactamente logra: informar. Tal vez sea yo un televidente u oyente de radio, o lector de en la internet, demasiado melindroso o exagerado en mis puntos. Pero ellos han conseguido quitarle lo magnifico que una actividad física puede crear por sí misma. Y podríamos verlo desde el otro lado de la barrera; es decir, desde la monotonía omnipresente en cada entrevista a director deportivo, director técnico, o jugador; en cada palabra atascada de pobreza, estrechez, inutilidad, y aburrimiento que otorgan en cada rutinaria entrevista. No hay por ninguno de los dos lados –desde comentarista a jugadores- alguien en la Tierra del Señor con el pensamiento lo suficientemente dislocado para volver a darle una hemostática existencial tenaz, audaz, y osada. Es evidente que el acontecimiento en este deporte –ya sea perdiendo, ganando, o empatando– es vuelto ramplón y pedestre. Y si lo podemos ubicar del lado de los locutores, desde cualquier punto epistemológico: ya sea viendo el acontecimiento, o interpretando el mismo en el acto-momento, regresan a las idénticas formas que empobrecen al evento; volviendo así a su manoseado dualismo: lo malo y lo bueno. El filósofo francés Gilles Deleuze sugería desde su sistema filosófico que toda zona del conocimiento –la ciencia, el arte, y en un caso particular la filosofía– han de tener la vehemencia de crear conceptos para extender la vida, tratar de abrazar lo inabarcable para expandir el pensamiento. Volar por aires desconocidos en el pensar. Surcando atmósferas que nos engrandezcan y otorguen una vida poética –como lo creador y lo artístico–. Una riqueza que todo acontecimiento posee y que no se circunscribe a una hermética disposición de objeto-sujeto, sino a un flujo de intensidades, de magnitudes que se vinculan o quiebran oscilando en la variabilidad que es su exuberancia consustancial. Así que no esperemos mucho con respecto a los últimos eventos que se avecinan (lo más inminente, los juegos olímpicos).  La normatividad que logra la dominación del vocabulario para nulificar toda abundancia en el suceder, los mutila, y los coagula. El mimetismo es aterrador. Nadie logra dar el salto a la coyuntura de emisor-receptor (pasando por todas las cadenas: ESPN, Televisa, TV Azteca, Imagen, Fox Sport, etc.). Las mejores a-significantes que se han logrado en la historia han salido de mentes –obviamente– ajenas al deporte: desde Juan José Arreola o Juan Villoro siendo invitados a los mundiales. Tan sólo habiendo una distinción aparte –o que a mí parecer tiene esa disimilitud–: Jorge Valdano. Y es que sus velocidades lingüísticas se desarrollan desfasadas en analogía con los comentaristas mexicanos. Pero no solamente es el campeo de la celeridad gramática, sino el vórtice que emana en cada glosa y que no requiere el chiste, ni la mofa ya sea externa o propia. La experiencia del fútbol es eso y más: es experimental. Su práctica como toda actividad humana requiere una transformación de observación múltiple y no exclusiva. Un prisma infinito. Que le proporcione o trate de darle el nivel que amerita como producción terrenal, y no como transcripción insípida. Aunque retornando conmigo: tal vez sea demasiado pedante en mi apreciación y postura, pero no niego que cada vez que quiero gozar con un partido de fútbol: sea viendo el programa previo al partido, el juego mismo, los comentarios post-juego, las mesas redondas de análisis, o los programas de crítica; no ha pasa más del minuto cuando mi estomago arremete contra mí apelando a la náusea, y el fastidio de solo percibir la anulación de la vida.</p>
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