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	<title>Teatro archivos - Tríada Primate</title>
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		<title>La voz, refugio de la identidad: Verdecruz o los últimos lazaretos  &#124; The trash can of ideology #28</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Apr 2022 07:00:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[The trash can of ideology]]></category>
		<category><![CDATA[Ángel de León]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>The trash can of ideology #28, una columna de Ángel de León La voz, refugio...</p>
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<p><strong>The trash can of ideology #28, una columna de Ángel de León</strong></p>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p><strong>La voz, refugio de la identidad: <em>Verdecruz o los últimos lazaretos</em></strong></p>



<p>Muros transparentes nos separan del escenario. De pronto, los intérpretes se colocan audífonos y empiezan a hablar como no se habla en el teatro: con muletillas, repeticiones, tartamudeos. Una proyección al fondo nos indica el nombre y la edad de quien habla. Cada intérprete presta su cuerpo a distintas voces, que se revelan, poco a poco, como los habitantes de un viejo lazareto, donde los enfermos de lepra eran aislados de la sociedad, hasta que el descubrimiento de una cura precipitó el cierre de estos establecimientos, cuyos habitantes habían convertido en hogar. “Fue violento cuando los abrieron y violento cuando los cerraron”, dice una de las voces.</p>



<p>Los intérpretes no se escuchan unos a otros, ni a sí mismos, mientras hablan: escuchan, en los audífonos, los testimonios de las personas entrevistadas a los que encarnan en la puesta en escena, reproduciendo hasta el matiz más sutil de sus voces. Imagino su deambular por el escenario como una experiencia de trance, donde no hay más realidad que esas voces que los aíslan del mundo, como a los rapsodas que recitaban <em>La Ilíada </em>la voz de las musas que, en un rapto místico, reproducían frente a la audiencia para evocar un pasado perdido. A esa experiencia, antecedente de la actuación, los griegos le llamaban <em>mímesis</em>, donde el cuerpo de alguien encarnaba otra cosa, anulando su identidad.</p>



<p>Actuar es, ante todo, un arte de la encarnación, ya sea de las fuerzas primigenias, de los dioses, de los héroes del pasado o de los demonios de la psique. Pero este montaje no dirige su <em>mímesis</em> ni a las estrellas ni a los abismos interiores; recupera, a la vez que el aspecto ritual del teatro, su aspecto social. Mediante la técnica <em>Verbatim</em> -la reproducción fiel de las palabras de los testimoniantes-, el equipo de <em>Verdecruz o los últimos lazaretos</em>, bajo la lúdica dirección de Mario Espinosa, que pone los recursos estéticos del teatro (iluminación, música, movimiento), al servicio de un acto de concientización social, presta su cuerpo a la voz de sujetos condenados al olvido por un problema que, desde el mito del progreso, parecería superado.</p>



<p>En tiempos donde está de moda hablar de la “pertinencia” de un montaje, esta obra, desde una poética, la del Teatro Documental, caracterizada por su compromiso político, se atreve a ser impertinente, con un problema que ni es cercano ni mucho menos popular (los conflictos bélicos en oriente no son cercanos, pero salen en las noticias). Pero estos problemas “secundarios”, que ni son mediáticos ni forman parte de la agenda de nadie, son los que mejor revelan el selectivo egoísmo de la civilización, para quien, aun entre los oprimidos, unos cuerpos importan menos que otros. Esta puesta de escena rescata las voces de muchas personas que ya están muertas, y cuyo problema no le importa a casi nadie, ¿pero no es una de las misiones del teatro, desde su origen, el rescate de las voces de los muertos?</p>



<p>Walter Bejamin, cuyas ideas son citadas en el montaje -mediante testimonios de filósofos y sociólogos-, veía en la historia una posibilidad mesiánica: quienes estamos en el presente debemos redimir a los muertos, escuchar su llamado y, en su nombre, detener la marcha del “progreso”.</p>



<p>Esta pausa mesiánica acontece en el escenario cuando el montaje pasa de los datos duros y el testimonio de la miseria, a las penas, las esperanzas y las alegrías de los habitantes del lazareto. Mediante el ensamblaje dramatúrgico, a cargo de Ingrid Bravo, que crea un mosaico hábilmente equilibrado con testimonios de diversa naturaleza (autoridades e intelectuales en contacto con los enfermos/los enfermos, información/recuerdos, testimonio de la injusticia/la alegre porra del lazareto), se elude el retrato amarillista, tan “pertinente” en nuestros días, que reduce la identidad de las personas a su papel de víctimas. El lazareto -con todos sus inconvenientes, con toda su violencia, que el montaje no disimula-, se convierte en un hogar, donde sus habitantes han formado una familia y construido, no a pesar de su condición, sino a partir de ella, formas de gozar la vida. Así, nos enteramos de los romances, los desacuerdos, los proyectos artísticos, las porras (donde alegremente dicen “soy leproso”), que conviven con la rabia, la tristeza y la denuncia. Pero lo más valioso de este montaje, más allá de la reflexión sociológica, es el rescate de la insospechada poesía que tiene cada voz, la forma única en que cada ser humano transforma el lenguaje, y que se hace evidente por la técnica vocal del elenco, que presta su presencia escénica a la voz de los “leprosos”, que en su momento no fue escuchada, para que trascienda el anonimato.</p>



<p>Tal vez el gusto que los humanos encontramos en las imitaciones (de un profesor querido, de una tía que nos divierte con sus anécdotas, o hasta de alguien que detestamos con cada fibra de nuestro ser), radique en que, más allá de las palabras y las ideas, podemos conocer el alma de una persona por la forma en que pronuncia la <em>i</em>, por sus “vicios” y muletillas, por su repertorio de palabras favoritas y de palabras prohibidas, o por las figuras retóricas que -sin saberlo-, utiliza con mayor frecuencia: si tiene debilidad por las aliteraciones, o por las metáforas o por los anacolutos. En este sentido, el elenco de <em>Verdecruz</em> no encarna a los habitantes del lazareto mediante la exploración psicológica o la reconstrucción ficcional de momentos dramáticos, sino mediante la amorosa <em>mímesis</em> de sus inflexiones, sus onomatopeyas y sus ritmos, para crear un teatro donde el protagonista es el otro, el olvidado que, aparentemente ajeno, de pronto se revela parte de la comunidad viviente. En este encuentro, los espectadores gozamos de conocer la dulzura, el humor, la vitalidad y la enorme fortaleza de estos seres: en el peor de los mundos posibles, se puede ser como un pájaro que vuela hacia la libertad, se puede cantar, amar y reír; los habitantes del lazareto tienen momentos de exaltada poesía, al relatar, por ejemplo, un sueño de reencuentro con un ser querido; momentos de dramatismo al recordar sus pérdidas, sin sentimentalismo ni efectos histriónicos; y momentos reflexivos, sin petulancia ni citas, al resignificar el lazareto, su lugar en la sociedad y pensar en lo que da sentido a sus vidas.</p>



<p>Todo esto merece ser rescatado: de ahí la fuerza política y el poder de denuncia de este montaje lleno de humor, dulzura, crítica y, sobre todo, compasión.</p>



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<p style="font-size:15px"><em>Verdecruz o los últimos lazaretos.</em> <strong>Dramaturgista:</strong> Ingrid Bravo. <strong>Dirección:</strong> Mario Espinosa // Hasta el 24 de abril. Teatro Santa Catarina. Mié, Jue y Vie/20 hrs. Sáb/19 hrs. Dom/18 hrs. <strong>Elenco:</strong> Sandra Cecilia, Sebastián Cobos, María Kemp / Alterna con Ingrid Bravo, José Juan Sánchez, Sabrina Tenopala, Andrés Tirado.</p>
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		<title>Esto no es una historia de insta… ni una obra de teatro. Crítica de «Esto no es fútbol», de Camaradas Teatro &#124; The trash can of ideology #14</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Jul 2021 01:36:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[The trash can of ideology]]></category>
		<category><![CDATA[Ángel de León]]></category>
		<category><![CDATA[Camaradas Teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica de teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>The trash can of ideology #14, una columna de Ángel de León La actitud dominante...</p>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>The trash can of ideology #14, una columna de Ángel de León</strong></p>



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<p>La actitud dominante de los teatreros de México frente las restricciones pandémicas a su actividad, ha sido la negación: empeñarse en actuar como si nada hubiera pasado, para seguir haciendo, en la medida de lo posible, las cosas exactamente igual que antes. El ejemplo más elocuente de esta actitud, lo encontramos en las innumerables puestas para Zoom, que consisten, simplemente, en poner una cámara fija frente al escenario. Con lo que el resultado no difiere mucho de lo que un espectador atrevido hubiera podido grabar, clandestinamente, con su celular, para luego subir a Youtube con una mala calidad de audio y una pésima iluminación.</p>



<p>No es el caso de Camaradas Teatro, compañía joven que ha decidido aceptar el reto que nos impone la virtualidad para descubrir un nuevo lenguaje. Así, en <em>Esto no es fútbol</em>, nos presentan una historia de amor adolescente de media hora de duración, compuesta de pequeños cuadros donde, a manera de historia de Instagram o clips de videoblogger, los intérpretes Michelle Lobato y Francisco Buentello nos comparten su pequeño idilio, como si se tratara de la crónica de un partido de fútbol, acompañados por un coro de aficionados, que vitorean los besos como goles y abuchean los golpes bajos que los amantes se propinan hacia el final de su relación.</p>



<p>El debate en torno a si expresiones de esta naturaleza son o no teatro ha agotado los foros de discusión entre el gremio a lo largo de la pandemia, acaso para compensar un poco el hecho de que no haya casi nada bueno que ver. Pero propuestas escénicas como esta desplazan la pregunta hacia terrenos más interesantes: ¿cuál es la teatralidad inherente de las redes sociales? ¿En qué consiste la teatralidad innegable de estas formas de expresarnos y relacionarnos que han tomado un sitio central durante la pandemia? El post facebookero, el mensaje de Whats, la videollamada, el video de Tik Tok; en todos estos fenómenos, hay un empleo del cuerpo destinado a ser visto por el otro, y hay estrategias estéticas para provocar efectos específicos: hay una forma de narrarse, una forma de habitar el cuerpo, el tiempo y el espacio, que se ofrece a la mirada. Tienen, pues, teatralidad, y lo más importante, la teatralidad dominante de nuestros tiempos, y sobre todo de las generaciones más jóvenes.</p>



<p><em>Esto no es fútbol </em>se dirige, precisamente, a un público joven, los que probablemente están descubriendo el amor a través de una pantalla. Es pues, un valioso ejercicio que nos ofrece la posibilidad de vislumbrar las fantasías, la imaginación y las formas de expresión de una generación que se narra y se relaciona a través de medios virtuales, en una forma más creativa y fresca de la que suele acontecer en estos medios, marcados por la superficialidad y la inmediatez. Aunque la puesta en escena parte de estos elementos-características insoslayables del medio en que se insertan-, buscan trascenderlos mediante una dramaturgia inteligente, una estética minimalista y llena de color, y un trabajo actoral que, aunque se amolda al tono inconfundible de los Influencers, logra por momentos darle la vuelta gracias al trabajo de creación de personajes, que permite atisbos de una profundidad emocional mayor a la que suele verse en la virtualidad. Teatreros puestos a trabajar con el formato digital, lo insuflan con los elementos propios de la escena, que están más allá del alcance de los Influencers y líderes de opinión: ritmo, poesía, imaginación y, sobre todo, contacto humano, que acontece en la puesta en escena gracias a la extraordinaria química entre los intérpretes, que hace entrañables a sus personajes en el corto espacio de tiempo que tenemos para conocerlos. Es, precisamente, en el manejo del tiempo, que brillan las cualidades de la dramaturgia: la solidez en la construcción de los personajes y el dominio de la progresión dramática nos permite, en apenas un par de cuadros, conocer las virtudes y defectos de los dos adolescentes, asomarnos a sus sueños, angustias y conflictos. Es una obra que ensaya formas de teatralidad apropiadas para nuestros tiempos, así como para el medio que ahora tenemos disponible: la pantalla de Zoom, que si bien, tal vez, no es teatro, es indudablemente un escenario posible, que en esta obra se convierte en cancha de fútbol donde se juega el viejo e incansable juego del amor, que si no tiene el escenario de una fiesta, tiene el de la pantalla de What’s, y en última instancia el de la imaginación.</p>



<p>Para quienes hemos pasado ya esa primera etapa de descubrimiento, la puesta en pantalla ofrece un dulce ejercicio de nostalgia, un volver a transitar, como cuando Facebook nos ofrece recuerdos de hace un par de años, por el amor adolescente. La nostalgia puede aniquilarnos lentamente en tiempos de encierro, pero a través de la imaginación, puede volverse curativa y revitalizante, y esta puesta en pantalla rebosa de imaginación.</p>



<p>Una ventaja insospechada de la teatralidad virtual, es que nos libra, como espectadores, de la restricción geográfica, y cualquiera con computadora, en cualquier parte del mundo, puede asomarse a esta obra, que no sé muy bien que sea. Pero a quién le importa: es bella y dulce.</p>



<div style="height:100px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p><em>Esto no es fútbol &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</em></p>



<p>Del 10 al 31 de julio de 2021.</p>



<p>Dramaturgia:&nbsp;Mariana Teyer y Yael Rivas Espejel.</p>



<p>Dirección:&nbsp;Mariana Teyer y Mariana Estrada.</p>



<p>Elenco:&nbsp;Michelle Lobato y Francisco Buentello.</p>



<p>Horario de <em>Esto no es fútbol</em>:&nbsp;Sábados 20:00 horas (horario Ciudad de México)</p>



<p>Duración aproximada:&nbsp;30 minutos Boletos:&nbsp;&nbsp;Tú eliges el precio: $150 o $300 por pantalla</p>



<p>En: <a href="https://www.teatrolacapilla.com/esto-no-es-futbol" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.teatrolacapilla.com/esto-no-es-futbol</a></p>
<p>La entrada <a href="https://triadaprimate.org/esto-no-es-una-historia-de-insta-ni-una-obra-de-teatro-critica-de-esto-no-es-futbol-de-camaradas-teatro-the-trash-can-of-ideology-14/">Esto no es una historia de insta… ni una obra de teatro. Crítica de «Esto no es fútbol», de Camaradas Teatro | The trash can of ideology #14</a> se publicó primero en <a href="https://triadaprimate.org">Tríada Primate</a>.</p>
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