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	<title>Sebastián Rivera, autor en Tríada Primate</title>
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	<title>Sebastián Rivera, autor en Tríada Primate</title>
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		<title>Poéticas espectrales/fantasmáticas: a propósito de la violencia y el silencio en Julián del Casal y José Asunción Silva &#124; ENSAYO PIRATA de Víctor González Astudillo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sebastián Rivera]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Sep 2021 23:41:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ensayo Pirata]]></category>
		<category><![CDATA[Estética]]></category>
		<category><![CDATA[Gilles Deleuze]]></category>
		<category><![CDATA[José Asunción Silva]]></category>
		<category><![CDATA[Julián del Casal]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Víctor González Astudillo]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="fb-root"></div>

<p class="has-medium-font-size"><strong>Un ensayo de Víctor González Astudillo</strong></p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p>            Si bien el trabajo de Elizabeth Jelin (<em>Los trabajos de la memoria, </em>2002) me es interesante para esta reflexión, me gustaría iniciar, no con el trasfondo teórico de sus investigaciones, sino con cierto planteamiento metodológico que, me parece, es fundamental a la hora de pensar los diversos componentes semióticos de nuestra cultura. La cita en cuestión es la siguiente:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>En principio, hay dos posibilidades de trabajar con esta categoría [a propósito de la memoria y su significado]: como herramienta teórica-metodológica, a partir de conceptualizaciones desde distintas disciplinas y áreas de trabajo, y otra, como categoría a la que se refieren (u omiten) los actores sociales, su uso (abuso, ausencia) social y político, y las conceptualizaciones y creencias del sentido común.</p><cite>(17)</cite></blockquote>



<p>            Tal como lo señala el título, nuestro concepto capital, digamos, sería lo espectral, que en su polisemia podría señalar, incluso, algunas propiedades vectoriales, asunto que le compete, por ejemplo, al “espectro” de visión. Evidentemente, estas variantes semánticas se pueden evitar con un sólido marco teórico. Pero el punto es el siguiente: las estructuras paratextuales, dado que son componentes fundamentales en la composición textual, deberían dar la suficiente información como para introducirse en la lectura con un objetivo claro. Y particularmente, me parece que la primera información que se desprende de un título es aquella que le es propia al sentido común. Necesariamente, pensar la espectralidad involucra lo fantasmático, o al menos, aquellas figuras tenebrosas que solemos identificar con los fantasmas.</p>



<p>            Encontrar a los fantasmas/espectros en la obra de José Asunción Silva y Julián del Casal no es difícil, incluso si estos no los pronuncian. La simple enumeración que recorre gran parte de sus poemas es, de algún modo, espectral. Los objetos, por ejemplo, del <em>Soneto Pompadour</em> parecieran perderse luego de ser escritos, leídos y pronunciados. Del mismo modo, en <em>La voz de las cosas</em>, Asunción Silva nos habla, con toda seguridad, de esta misma angustia, sobre como la realidad es inalcanzable para los versos, y con ello, para la escritura. Es decir, la individualidad de las cosas está condenada a la muerte. Solo es posible, por medio del lenguaje, hablar de fantasmas, de sus imágenes residuales. Pero esto quisiera tratarlo más adelante, cuando me enfoque exclusivamente en la lectura poética. Ahora, quisiera hacer un alcance con lo dicho por Octavio Paz, a propósito de los procesos miméticos que atraviesan el modernismo hispanoamericano, ya que, sorpresivamente, este se instala en una discusión bastante similar.</p>



<p>            Tal como lo señala el título del capítulo V de <em>Los hijos del limo</em>, “Traducción y Metáfora”, las relaciones entre el modernismo y los movimientos románticos de Europa se fundamentan en la distancia, en la lejanía de sus expresiones del espíritu. Si bien “nuestro” romanticismo es más complejo que el español, este sigue siendo “más pobre [en tanto es el] reflejo de un reflejo” (Paz 124). Por esto es que, anteriormente, señalé la reflexión de Paz como un asunto propio de la mímesis, en tanto las cosas reflejadas por el modernismo hispanoamericano son visualidades, tanto plásticas como retóricas. Ahora, el punto es el siguiente: señalar el romanticismo como un reflejo, como “la copia de la copia” en clave platónica, no es necesariamente peyorativo. Es más, precisamente la distancia entre las diversas influencias estéticas facilita nuestra originalidad, en tanto el modernismo toma como objeto una poesía francesa inventada, mitológica, y en su lectura, la renueva hasta lo absoluto. Acaso, las nociones simbolistas de Verlaine en su <em>Art poetique </em>son elevadas al máximo en el modernismo hispanoamericano. El ritmo no solo debe ser el corazón de toda producción poética, sino del mundo: “El ritmo poético no es sino la manifestación del ritmo universal: todo se corresponde porque todo es ritmo.” (Paz 135). Y esto es, para mí, a lo que se le debe prestar atención según el concepto de espectralidad, dado que, de acuerdo con algunas nociones de lo fantasmático (que veremos a continuación), la condición de espectro permite maximizar y hacer de lo estético, de lo puramente plástico, la herramienta hegemónica para la expresión poética.</p>



<p>            Para aclarar esta cuestión, me parece necesario introducir la siguiente cita:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>El catecismo, tan inspirado del platonismo, nos ha familiarizado con esta noción: Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero por el pecado, el hombre perdió la semejanza, conservando sin embargo la imagen. Nos hemos convertido en simulacro, hemos perdido la existencia moral para entrar en la existencia estética.</p><cite>(Deleuze 183). </cite></blockquote>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si bien, <em>La lógica del sentido</em> de Gilles Deleuze toca una serie de elementos dispares entre sí, hay cierta reflexión útil para la discusión. La cita pertenece al anexo “Simulacro y filosofía antigua” y consiste, particularmente, en el examen de la figura del fantasma tanto en Platón como en Lucrecio. Ahora, esto lo menciono a propósito de Paz, no solo porque los dos establecen un diálogo con los conceptos platónicos, sino porque los dos entienden que la espectralidad de la poesía se arrastra desde los tiempos de la Grecia clásica. Ahora, esta relación propuesta por el pensador mexicano, “traducción y metáfora”, está inscrita en el fragmento de Deleuze. La relación colonial entre Europa, España e Hispanoamérica podría ser, quizá, equivalente a la fundación del hombre de acuerdo con el relato del mito platónico. Desde la matriz del pensamiento indoeuropeo, esto es, el griego minoico, el cretense, lo que ha sobrevivido a través de los siglos no es otra cosa que el conjunto discursivo del <em>ethos </em>y el <em>pathos</em>. Ahora, es cierto, Deleuze niega que la condición etológica haya sobrevivido al colapso de occidente; solo nos queda lo patológico, lo estético, lo sintomático, es decir, la pura imagen. Pero lo que quiero decir es que, precisamente, esta ruptura es lo que redobla la separación del esteticismo modernista con los movimientos románticos-simbolistas de Europa. El factor histórico es absolutamente elemental, pero si leemos el problema desde la historia de las ideas, el vaciamiento o el barroco discursivo del modernismo funciona como antítesis de los relatos éticos/plásticos del resto del planeta. Es gracias a que el romanticismo, los ideales franceses, han sido traducidos y metaforizados hasta el cansancio, por lo que nuestra condición espiritual es tan distinta, tan lejana. Somos “imagen” de los romanticismos del XIX, pero no “semejanza”, sino diferencia, simulacros, fantasmas y, finalmente, espectros.</p>



<p>            Ahora, tal tesis no se cumple unitariamente en la poesía que revisaremos a continuación. Como en todo nuestro continente, los matices entre una poética y otra no son sutiles, sino graves, muy profundos. En este caso en particular, la diferencia se expresa también como un asunto geográfico. Los procesos revolucionarios de Colombia y Cuba distan de ser semejantes, por lo cual, la introducción de los valores modernos en su poesía también cambia, pero ojo, esto, para nuestra lectura, puede ser apartado. Lo que nos importa no es la semejanza, sino la pura imagen. Hay cierta plasticidad que se repite, tanto en Casal como en Asunción Silva, ciertos imaginarios de la muerte, de ultratumba, de lo supraterrenal, que se aparecen una y otra vez, quizá como ecos de un origen común. Es decir, hay un paisaje particular que aparece todo el tiempo, y este paisaje es aquello que denominamos como lo <em>espectral</em>. Es en este territorio, donde la poética de los dos poetas podrá reconciliarse.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vamos paso a paso. Me gustaría iniciar con Julián del Casal, no solo porque nació, apenas, dos años antes que José Asunción Silva, sino también porque me parece más armónico comenzar con la lectura de una poética del <em>crescendo</em>, de la sublimación, aspecto que, como veremos, en Asunción Silva ocurre de forma distinta, e incluso, casi en la dirección contraria. El primer poema en cuestión es <em>Crepuscular</em> y, coincidentemente, Mark I. Smith lo utiliza para iniciar su <em>Julián del Casal y la violencia literaria: </em>según su lectura, a propósito de <em>Un chien andalou </em>de Buñuel y Dalí, del Casal también intenta dañar al lector/espectador por medio de una imagen; esto es, la de un ojo, un vientre, una bolsa obscena siendo cortada:</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Como vientre rajado sangra el ocaso,</p><p>manchando con sus chorros de sangre humeante</p><p>De la celeste bóveda el azul raso,</p><p>de la mar estañada la onda espejeante.</p></blockquote>



<p>            Ahora, a mi parecer, la comparación puede ser antojadiza si se le percibe por medio de la semejanza. El trasfondo moral/ético de <em>Un chien andalou</em> es absolutamente distinto al de <em>Crepuscular</em>, pero evidentemente, la similitud de la imagen es inevitable. En la figuración de un ojo siendo cortado y en la construcción poética de un atardecer frente al mar, algo se anuncia, algo adviene violentamente al espacio real: el final, la muerte de un paisaje, de una imagen, de cierta materialidad que no podrá volver a existir nunca más. Es decir, tanto en Buñuel/Dalí como en del Casal hay una poética de la clausura, de las imágenes que están llegando a su fin.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Del mismo modo, Smith señala lo siguiente: “La predilección de Casal por describir escena de destrucción o de disolución corporal resalta a través de poesía. […] la agonía o la muerte figuran de manera prominente, y casi todos están impregnados del olor, el color o el sabor a sangre” (71). Quizá, un lector contemporáneo podría acusar de cierto morbo no solo a del Casal, sino a toda la tradición simbolista y parnasiana francesa. En la destrucción de las esculturas, de los cuerpos, de los vientres, hay también un placer perverso, sobre como aquello que no debe ser visto se nos muestra desde el simulacro, desde la pura fantasmagoría. Pero lo cierto es que, si bien la obra de Casal no deja de ser texto, esta se manifiesta por medio de la lectura como una violencia que no solo está representada, sino que sucede plásticamente. El título del poema no solo indica una escala cromática específica, sino también un tiempo específico y, por tanto, una experiencia que solo puede darse bajo cierta luminiscencia. No me refiero solamente a las pulsiones freudianas, a propósito de la melancolía y el duelo, sino también a la pura incertidumbre, en tanto desconozco si aquello que percibo como violencia (esto es, la muerte o el nacimiento del día) es algo monstruoso o bello. Tal ausencia de sentido, de juicio ético, es violento, me expulsa del mundo. Aquello que veo no puede ser juzgado, ya que está más allá del bien y el mal. Es, como ya hemos dicho, la imagen absoluta.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esto se puede observar, por ejemplo, en la tercera estrofa:</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Va la sombra extendiendo sus pabellones,</p><p>rodea el horizonte cinta de plata,</p><p>y, dejando las brumas hechas jirones,</p><p>parece cada faro flor escarlata.</p></blockquote>



<p>            Cuando leo estos versos, pienso en lo siguiente: en medio de una oscuridad creciente, en medio del apocalipsis, de pronto, pequeños destellos de belleza. Estos destellos son, particularmente, las flores, símbolo no solo del barroco hispanoamericano, sino también de algunas poéticas indígenas de nuestro continente. Ahora, leer el poema en clave poscolonial es, naturalmente, difícil, por lo cual no quiero tomar ese riesgo, pero evidentemente, señalar que algo florece en medio de la podredumbre es un gesto intencionado. Las contradicciones del paisaje podrían ser, quizá, obstáculos para la poética del texto, pero lo cierto es que las oposiciones plásticas entre los elementos poéticos no hacen más que realzar la condición primera, en la cual hemos instalado nuestra lectura. Hay una pugna, dentro de la obra de arte, donde los discursos y el vaciamiento del sentido intentan capitalizar la expresión del objeto artístico. En este caso, esa pugna no se cierra. La batalla ocurre en todo momento: luego del paisaje de la contaminación, las cosas continúan del siguiente modo, “vagan sobre las ondas algas marinas / impregnadas de espuma, salitre y yodo.”, pero, nuevamente aparecen los mismos destellos, esta vez, no como flores, sino como grietas en el cielo nocturno, “Ábrense las estrellas como pupilas”. Nuevamente, cuando ya todo está perdido, cuando la muerte es total, algo brota, algo nace desde la desesperación. En el cierre del crepúsculo, una pupila, un ojo se abre. En la muerte del cuerpo, brota el espectro, el fantasma.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pasemos, ahora, a otro poema. <em>Flores</em>, del mismo autor, pareciera encajar perfectamente en esta plasticidad que hemos estado sugiriendo: sobre como en el filo de la vida y la muerte, el sentido, la belleza logra brotar como espectro. En este caso, y quizá porque su extensión es más breve, las imágenes son más sencillas de conseguir. Tanto en la primera como en la segunda estrofa se sugieren, a la imaginación de la lectura, dos flores. Estas son: una azucena blanca y una adelfa purpúrea. Ahora, lo interesante es que, a diferencia del poema anterior, las relaciones simbólicas no están afectadas. Al contrario, la azucena blanca coincide perfectamente con el imaginario de las plegarias: lo santo, lo puro, lo divino. Del mismo modo, la adelfa purpúrea calza con la blasfemia, con la representación del deseo, de lo profano. Ahora, esto funcionaría perfectamente si la segunda con la primera estrofa no se contaminase, lo cual, evidentemente, no sucede. El verso quinto del poema señala esta perversión: “marchita ya esa flor de suave aroma”, refiriéndose a la azucena, símbolo de la plegaria. Es decir, algo comienza a fallecer en la lectura. La santidad que habíamos señalado antes, lo puro, comienza a oscurecerse, a pudrirse, del mismo modo que el crepúsculo anuncia el crecimiento de la noche, la desaparición de la luz. Este claroscuro, me parece, dialoga con la dinámica del fantasma, del espectro.</p>



<p>            “[L]os simulacros están, como los falsos pretendientes, construidos sobre una disimilitud, y poseen una perversión y una desviación esenciales.” (Deleuze 182). Evidentemente, la noción de simulacro puede ser aplicada a la relación causa-consecuencia, que se construye a partir de la azucena y la adelfa. Por medio de la perversión, la azucena deja de ser pura, para así convertirse en una adelfa blasfema. Del mismo modo, por el pecado, las almas puras de los hombres se convierten en espectros, en almas a las cuales se les prohíbe el descanso. Es decir, así como el fantasma es simulacro del alma, del cuerpo, la adelfa blasfema es simulacro de la azucena blanca. Aquella virgen inmaculada, la cual asoma en la segunda estrofa de <em>Flores</em>, de pronto, está “consumida por la anemia”. Y como una flor del mal, el corazón de la voz lírica es, ahora, una planta obscena, desviada, vaciada de todo lo correcto. Si es posible pensar en una condición moral, esta podría ser, perfectamente, la abyección. </p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con esto quisiera cerrar la lectura de Juan del Casal, ya que, me parece, estamos en un momento idóneo para introducir a José Asunción Silva, dado que, tal como señalé en un principio, la poética de Casal es una retórica del <em>crescendo. </em>Y tal como una cresta, ahora toca descender. De todos modos, no quiero que esto se malinterprete. No es que Asunción Silva sea más ligero, menos intenso, más equilibrado. Mi observación no tiene que ver con eso. Lo que quiero señalar es que, así como a del Casal le interesan ciertas categorías estéticas, tales como lo sublime, a Asunción Silva le llama más la atención una figura que está en directa oposición; esto es, el silencio, la incapacidad que tienen los objetos espectrales para representar algo en particular. De ahí, entonces, los poemas que he seleccionado para mi análisis. Si a del Casal le interesaban las plasticidades de lo fantasmático, de lo perverso/desviado, a Asunción Silva le interesa la terrible ausencia de voz, no solo en los objetos, sino en el mundo entero. Es decir, la realidad entera es una especie de espectro silente.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Rita Goldberg, este asunto corresponde a la misma dinámica que propone Octavio Paz, es decir, a las distancias que están propuestas en la metáfora y en la traducción: “En esto se ve algo de la eterna lucha del poeta lírico cuya tarea consiste en expresar lo inefable en lo concreto -la palabra-. Sufre la angustia de Bécquer de querer domar “el rebelde, mezquino idioma”, angustia que en su último extremo conduce al silencio” (3). ¿No es este también el conflicto de Asunción Silva en <em>La voz de las cosas</em>? De todos modos, cabe hacer una diferencia. Bécquer, en el esfuerzo imposible por conseguir la traducción fidedigna de lo etéreo a lo material, opta por el silencio en tanto se siente derrotado. Al contrario, la opción por lo silente en la poética espectral-fantasmática de Silva consiste, más bien, en una particularidad ontológica. Siguiendo la lectura de Goldberg, el silencio no puede ser, bajo ningún caso, la nada, la muerte misma, en tanto aquello que desaparece no puede ser inscrito bajo ningún método. La desaparición de la materialidad implica también la disolución de sus signos referenciales, esto es, la memoria, las experiencias, los símbolos. Necesariamente, “la ausencia se convierte en un hecho positivo, ya que la ausencia y la presencia no son sino dos aspectos de una sola cosa, que es la realidad”. (Goldberg 4). Es decir, si bien el fantasma es simulacro, vaciamiento y desvío, no puede ser la entrada o la representación de la muerte o de la nada, en tanto es un espacio intermedio, un matiz, un intersticio de la realidad misma. Entonces, la aparente desesperación representada en <em>La voz de las cosas </em>no es otra cosa que la ruta en la cual, el Silva lírico, intenta atrapar aquello que no se puede representar con las palabras. Solo el silencio puede aproximarse a la dimensión suspendida de lo espectral.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aun así, lo que me interesa del último poema al que hemos estado refiriendo, no es tanto su estructura lógica/discursiva, tal como abordamos el examen de <em>Flores</em> de Julián del Casal. Al contrario, hay cierto “más allá” del poema que me parece clave en el juicio poético. Es decir, me interesa algo que no está pronunciado en el texto, sino que está sugerido por medio del silencio. Me refiero a lo siguiente: si el poeta lograra encerrar aquellas “frágiles cosas” en la escritura, si pudiera aprisionar el verso a los “fantasmas grises” que atraviesan el universo, ¿Qué sucedería? Me parece que la respuesta es sencilla. Definitivamente, ocurriría una catástrofe, esto es, la muerte. Aquello que está al filo del comienzo y del final, terminaría por acabarse apenas fuera nominado por el lenguaje. Si pudiéramos darle forma a “los sueños confusos, seres que os vais, / ósculo triste, suave y perverso / que entre las sombras al alma dais”, todo aquello propio de la contaminación y de las grietas que abren los fantasmas terminaría por fallecer. Precisamente, el ser humano muere porque tiene forma, una figura particular, y esto es el cuerpo. Su localización histórica, semántica y ontológica en el mundo es la condición mínima para la desaparición, para el cese de la existencia. Por ello, a mi parecer, Silva opta por el silencio. No es difícil recordar aquel pasaje bíblico, donde el profeta Samuel es regresado a la vida en forma de espíritu bajo las órdenes del rey Saúl. Si bien, el rey hebreo logra dialogar con su maestro muerto, este no logra más que recibir insultos por parte del anciano. En la finitud de la vida, aquello que es infinito (como el alma) no hace más que sufrir. Por ello, en del Casal por ejemplo, la existencia de la realidad es similar a un grito, a un padecimiento constante, de ahí la violencia. Y si bien, podemos percibir a los fantasmas del lenguaje, estos no deben ser pronunciados, es necesario guardar silencio frente a sus apariciones, tal como si estuviéramos delante de una procesión litúrgica. Silva, en su poética, intenta a toda costa evitar su destrucción, para que así, los rituales fantasmáticos/espectrales puedan continuar.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esto último se observa perfectamente en <em>Vejeces</em>, de Asunción Silva, en tanto el poema inicia del siguiente modo:</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Las cosas viejas, tristes, desteñidas,</p><p>sin voz y sin color, saben secretos.</p></blockquote>



<p>            Y, ciertamente, algunos hombres (poetas, quizá) logran percibir su presencia, pero solo a retazos, como si recogieran fragmentos de un discurso vacío. Por ello, Silva no nos explica en que consisten esos secretos, sino, más bien, nos aproxima a sus símbolos, a sus imágenes, en tanto su dimensión moral, de la cual el fantasma está vaciado, es inaccesible:</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>cincelado puñal; carta borrosa,</p><p>tabla en que se deshace la pintura</p><p>por el tiempo y el polvo ennegrecida;</p><p>histórico blasón, donde se pierde</p><p>la divisa latina, presuntuosa,</p><p>medio borrada por el liquen verde.</p></blockquote>



<p>            Nuevamente, aquel silencio del cual estábamos hablando. Frente a la aparición súbita de los objetos, del mundo en su totalidad, toda palabra es inútil, toda pronunciación lingüística se aleja de los secretos que guardan los objetos. Y no debe ser de otro modo, ya que esta es la magia de la realidad, aquello que hace que la contemplación de la naturaleza, del espacio civil, del otro incluso, pueda ser placentera. Es, la relación distante entre el sujeto observador y el fenómeno, una erótica, un deleite hermenéutico.</p>



<p>            Esto es confirmado por el propio Silva, quien, al final del poema, escribe lo siguiente:</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-text-align-center is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>por eso a los poetas soñadores,</p><p>les son dulces, gratísimas y caras,</p><p>las crónicas, historias y consejas,</p><p>las formas, los estilos, los colores</p><p>las sugestiones místicas y raras</p><p>y los perfumes de las cosas viejas! </p></blockquote>



<p>            Este catálogo de objetos no es otra cosa que una cartografía de la fantasía. La invención, la imaginación, es posible en tanto la realidad puede ser continuada por el lenguaje. De aquí, entonces, algunas máximas expresadas por el ya fallecido Ernesto Cardenal, sobre como el verso es la lengua mítica, primitiva, de todos los pueblos. Si bien la observación de Cardenal no deja de ser poética, puramente estética, me parece que en este asunto calza perfectamente, dado que la función de la lengua, señalada por del Casal y Asunción Silva, consiste en eso. Por medio del habla y de la poesía particularmente, nos hacemos cargo de la realidad inmediata, pero al mismo tiempo, nos alejamos de ella en tanto no somos fantasmas, sino seres materiales que aun intentan leer el mundo al modo de los vivos. La espectralidad, entonces, es una llave de lectura, en tanto abre al deleite las imágenes confusas del mundo, pero al mismo tiempo las clausura, aunque no en su nivel semántico, sino en su dimensión fenomenológica: interactuar con lo fantasmal es imposible, dado que, si somos fantasmas, no podemos hacer crítica. Para aquel entonces, cuando nuestro cuerpo sea lo espectral, el propio mundo estará vaciado de nosotros.</p>



<div style="height:100px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p><strong>Bibliografía</strong></p>



<ul class="wp-block-list"><li>Casal, Julián del. <em>Crepuscular, Flores. </em>s/i: poeticous.com, s/i. Digital.</li><li>Deleuze, Gilles. <em>La lógica del sentido.</em> Santiago de Chile: ARCIS, s/i. Digital.</li><li>Goldberg, Rita. “El silencio en la poesía de José Asunción Silva”. <em>Revista Hispánica Moderna 32</em>: (1966) pp. 3-16. Digital.</li><li>Jelin, Elizabeth. <em>Los trabajos de la memoria.</em> España: Siglo XXI, 2002. Digital.</li><li>Paz, Octavio. <em>Los hijos del limo: el romanticismo a la vanguardia. </em>Barcelona: Biblioteca de Bolsillo, 1990. Digital.</li><li>Smith, Mark. “Julián del Casal y la violencia literaria.”. <em>Modern Language Studies 10 </em>(1980): pp. 71-75. Digital.</li><li>Silva, José Asunción. <em>Vejeces, La voz de las cosas. </em>s/i:poeticous.com, s/i. Digital.</li></ul>
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		<title>El discurso hegemónico del desarrollo territorial en Colombia: Una mirada crítica desde la novela &#8220;La otra raya del tigre&#8221; de Pedro Gómez Valderrama &#124; ENSAYO PIRATA de Christian Pedroza-Beltrán</title>
		<link>https://triadaprimate.org/el-discurso-hegemonico-del-desarrollo-territorial-en-colombia-una-mirada-critica-desde-la-novela-la-otra-raya-del-tigre-de-pedro-gomez-valderrama-ensayo-pirata-de-christian-pedroza-beltran/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Sebastián Rivera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Aug 2021 01:06:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ensayo Pirata]]></category>
		<category><![CDATA[Christian Pedroza-Beltrán]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Gómez Valderrama]]></category>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Un ensayo de Christian A. Pedroza-Beltrán</strong></p>



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<p>El modelo de desarrollo en Colombia se ha caracterizado por un diseño carente de consonancias con el contexto real del territorio. Las prácticas y mecanismos adoptados para gestionar y planificar el territorio han estado supeditados a las lógicas de intervención construidas para contextos territoriales disímiles al colombiano; la realidad política, económica y cultural del territorio ha demostrado que la intervención propuesta desde el exterior no logra atender las problemáticas internas. A finales del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX surge el concepto de desarrollo en Colombia; se evidencia que desde ese momento la intervención extranjera ha marcado el paradigma y su aplicación, lo cual no ha permitido una correcta gestión y planificación del territorio. En la narrativa oral y escrita se puede encontrar un insumo relevante que permite identificar, comprender y aprehender cómo fue el inicio del proceso de intervención del territorio y cómo se dieron las disonancias entre el modelo impuesto y el contexto territorial.</p>



<p>La investigación sobre el desarrollo territorial en Colombia tiene como eje determinante las relaciones hegemónicas construidas alrededor de la narrativa sobre el crecimiento económico (Franco González, 2012). Los procesos de creación y confrontación de conocimiento sobre la gestión y planificación del territorio se han enmarcado en la constatación de hipótesis clásicas que parten de una lectura del paradigma del desarrollo sustentada en evidencia práctica y conceptual (Restrepo Velásquez, 2004); los académicos que buscan explicar las dinámicas y problemáticas que se presentan en el territorio toman como elemento de referencia los documentos formales que encierran las directrices del modelo desarrollista impuesto en Colombia.</p>



<p>Las propuestas de investigación que se adhieren o que pueden ser agrupadas en el conjunto de<a></a> investigaciones sobre el desarrollo no han generado conocimiento divergente que permita entender la realidad territorial desde una óptica ajena a la implementada por los académicos, denominados clásicos o paradigmáticos. La lectura de las problemáticas y del paradigma impuesto en Colombia se ha centrado en la revisión sistemática de los documentos rectores del modelo de gestión y planificación; dejando de lado las lecturas alternativas que no responden a la línea investigativa clásica sobre el desarrollo (Cortés Guerrero, 2011). Esto se ha traducido en un estancamiento en la generación de conocimiento; las investigaciones sobre la cuestión territorial en Colombia han volcado sus esfuerzos en la repetición de los planteamientos clásicos y se ha generado una infertilidad académica, llevando a la teoría sobre el desarrollo por la ruta establecida desde el exterior.</p>



<p>Para realizar un estudio que responda a los lineamientos clásicos de investigación sobre la cuestión territorial y que reúna las lecturas alternativas debe partirse de una base conceptual sólida que permita realizar un estudio crítico (Borja, 2015). La revisión de documentos paradigmáticos se debe realizar con el objeto de comprender el por qué y el cómo de la corriente clásica de gestión y planificación; dicha revisión debe ser contrastada con los documentos alternativos que entregan una lectura diferente y que permite la contrastación de paradigmas. El fin último de un estudio enmarcado en la lógica divergente debe ser el de demostrar que las lecturas alternativas del desarrollo territorial también permiten la creación de conocimiento y aún más meritorio la comprensión del modelo de gestión y planificación territorial.</p>



<p>La historiografía entrega las bases necesarias para realizar un estudio divergente que responda a las directrices clásicas. Los estudios generados desde la historiografía enmarcados en el territorio se han inscrito en la lectura de las problemáticas clásicas. Buscan la innovación, todo esto con el objeto de replantear y confrontar el conocimiento generado para llegar a una comprensión acorde con el contexto objeto de estudio. La realización de estudios alternos ha generado conocimiento que se enfoca en la reestructuración de los paradigmas clásicos y su aplicación en el territorio colombiano.</p>



<p>La divergencia debe permitir una relectura del problema y del paradigma central sobre el desarrollo, debe unir y conjugar la lectura clásica y la lectura alterna con el objeto final de generar una respuesta al interrogante que ha trasegado en las investigaciones sobre la cuestión territorial en Colombia. El problema central de las investigaciones enmarcadas en el <em>quid</em> territorial tiene como objeto responder a la pregunta sobre cuál es el modelo de desarrollo que debe implementarse en el territorio colombiano. Esto permite inferir que el modelo impuesto aún no comprende y soluciona las problemáticas del territorio, el modelo debe ser revisado y entendido desde su génesis, con esto se logrará encontrar respuesta al interrogante primario del asunto sobre la gestión y planificación del desarrollo territorial.</p>



<p>Para realizar un estudio historiográfico sobre el desarrollo territorial en Colombia que logre desentrañar el origen del modelo implementado se debe partir de fuentes que entreguen visiones alternas sobre el territorio. La tradición narrativa escrita se pone de relieve en los estudios alternos sobre la gestión y planificación del territorio; las novelas históricas colombianas escritas en la segunda mitad del Siglo XX (Enciso, 2016) tienen el suficiente acervo académico para convertirse en textos de referencia que permitan la relectura del paradigma del desarrollo y con esto encontrar no solo respuesta al interrogante fundante sino también demostrar que el conocimiento sobre el <em>quid</em> territorial puede generarse desde las tradiciones orales y escritas presentes en un determinado contexto social.</p>



<p>El objeto central de la ponencia que a continuación se expone busca entregar los cimientos que permitirán la construcción de estudios divergentes sobre el desarrollo territorial. Partiendo de los planteamientos arriba expuestos y tomando de referencia el tipo de investigación que se realizó para la construcción de esta ponencia, se hace la claridad de que este escrito ronda las fronteras del estudio historiográfico y del estudio literario. El texto base utilizado para el desarrollo del escrito es <em>La otra raya del tigre</em>, novela histórica colombiana que narra las vicisitudes y hazañas del alemán Geo Von Lengerke; en dicho documento no solo se encuentran expuestas la vida y obra del alemán, sino que también se expone y cuenta cómo fue<a></a> el desarrollo del territorio colombiano, específicamente en la región conocida como el Gran Santander.</p>



<p>La elección de la novela de Pedro Gómez Valderrama está sustentada sobre la calidad estilística e histórica de su obra (Enciso, 2016). El proceso de construcción de las obras de Gómez Valderrama estuvo atravesado por la investigación académica rigurosa; para iniciar cualquier estudio sobre sus textos se debe partir de la premisa de que dichos documentos, aunque poseen características ficcionales siempre responden a investigaciones meticulosas que respaldan las afirmaciones hechas en ellos (Ortega, M, Osorio, B &amp; Caicedo, 2011). Es por esto por lo que la novela histórica <em>La otra raya del tigre</em> se convierte en un documento de cabecera a la hora de hablar del proceso de desarrollo del territorio. La propuesta con la que se inicia esta ponencia no solo está enmarcada en la realización de un estudio divergente sobre el desarrollo territorial, sino que también busca sacar a la luz la importancia que tiene la narrativa escrita en el proceso de comprensión de la realidad de un determinado lugar.</p>



<p>El proceso que se llevó a cabo para la construcción de este documento y su posible socialización y discusión estuvo marcado por dos momentos. El primer momento está enmarcado en la búsqueda y selección de bibliografía especializada sobre la cuestión del desarrollo del territorio en Colombia, haciendo especial énfasis en el siglo XIX, ya que es en este periodo donde se desarrolla la historia narrada en la novela; el segundo momento inicia cuando se compara la información suministrada por los documentos de corte académico y la información que reposa en la historia narrada por Gómez Valderrama(Gómez Valderrama, 1990), se intentó confirmar la veracidad de lo narrado y con esto validar los acontecimientos narrados en <em>La otra raya del tigre</em>.</p>



<p>La gestión y planificación del territorio ha sido un constante problema para la administración pública colombiana. La revisión de documentos puede llevar a inferir que desde la época de la<a></a> Corona española hasta lo corrido del siglo XXI la discusión sobre el <em>quid</em> territorial no ha sido solucionada y que aún se considera un tema por desarrollar. Las disputas por el territorio y por las actividades que se desarrollan en éste han definido la historia de Colombia; obviar un tema de tan especial connotación y que tiene una marcada influencia en la construcción de una nación ha llevado a la sociedad colombiana a niveles insospechados de violencia y pobreza. Las relecturas de la historia permiten diseccionar diferentes aspectos del pasado a la luz de nuevos conocimientos y perspectivas; la historia, aunque cuenta una realidad ya vivida, puede ser abordada nuevamente con el objeto de encontrar los fallos y evitar su multiplicación en el presente.</p>



<p>Aunque el concepto de desarrollo instaurado en Colombia aparece en la retórica discursiva gubernamental y académica en el siglo XX, es evidente que los mecanismos y modelos de gestión del territorio se han implementado desde el momento en que los españoles deciden construir la primera ciudad en territorio suramericano. Por qué no hacer un recuento y delimitación del concepto desde el proceso de descubrimiento de América tomando como referencia la afirmación anterior; se inicia en el siglo XIX todo esto debido a que es el periodo donde aparece en Colombia el concepto de nación, se puede hablar del territorio colombiano, ya no se habla del territorio de otros manejado por otros, se habla del territorio de Colombia manejado por colombianos (Pearce, 1992). El siglo XIX para el contexto colombiano significó un sinnúmero de cambios, se construyó lo que ahora se conoce como Colombia.</p>



<p>Para la novela y para los académicos que estudian el desarrollo del territorio en Colombia durante el siglo XIX existen tres momentos que marcan la intervención, gestión y planificación del territorio (Restrepo Velásquez, 2004); estadios del proceso que permiten entender cómo y por qué se abordó de dicha manera el territorio y todos los componentes que de éste se derivan. La identificación de estas etapas se logró al comparar los apartes trascendentales de la novela, en los cuales el personaje toma las decisiones que guiarán el rumbo de su vida en Colombia, y los documentos académicos que evalúan los efectos de las etapas<a></a> en la construcción del modelo de gestión y planificación del territorio. Para definir y nombrar los tres momentos se debe hacer la salvedad de que dichos momentos guardan una jerarquía y que su evolución está directamente relacionada con la superación del estadio inmediatamente anterior.</p>



<p>El primer momento o escenario se denomina relación centro-periferia. La relación discursiva presente en los documentos oficiales o gubernamentales del siglo XIX demuestran la clara connotación de dominación que se presentaba en las regiones de Colombia (Cortés Guerrero, 2011); el análisis no busca caer en el lugar común de la relación Bogotá como capital siendo el centro y los demás territorios como la periferia, los estudios historiográficos demuestran que en las regiones existieron pequeños feudos y que estos se replicaron por toda Colombia, pequeños latifundios en donde los señores feudales controlaban el territorio. La anuencia con que los gobernantes cobijaban a los señores feudales en pleno siglo XIX tenía como sustento el desarrollo de determinado territorio que bajo las manos de los más aptos lograría su mayor esplendor.</p>



<p>En la novela se hace evidente el escenario arriba mencionado, Lengerke recibe los permisos y las autorizaciones de la administración pública local y nacional para la construcción de su feudo llamado Montebello, desde el cual controló el Gran Santander. Pero no contento con esto, Lengerke y la comitiva de alemanes que vinieron con él comienzan la construcción de pequeños feudos que abarcan la zona del Gran Santander y se extienden hasta el oriente antioqueño. Pareciera que se busca satanizar y mitificar la presencia extranjera en el territorio colombiano, pero tanto para los historiadores como para Gómez Valderrama los pequeños feudos no eran sólo una iniciativa extranjera. Los señores feudales criollos también existieron y la importancia de estos feudos iba más allá de la importancia de los feudos extranjeros que radicaba en el poder adquisitivo, los feudos de los señores criollos tenían importancia política y social en el territorio donde se emplazaban. Aunque existía una pequeña burguesía criolla, la evolución histórica establece que el capital y burgués foráneo determinaron el modelo de intervención, gestión y planificación del<a></a> territorio.</p>



<p>La segunda etapa se denomina conectividad territorial. El modelo de conexión entre los territorios se caracterizaba por su atraso. Los caminos y los métodos para transportarse por estos estaban atrapados en la época colonial. El tráfico y comercialización de los productos tenía como principal obstáculo el desarrollo inexistente de medios de transporte, ajenos a los clásicos, que permitieran una relación costo-beneficio más amplia para los involucrados en el comercio (Caicedo, 2002). Los caminos dejados por los españoles fueron mejorados, el transporte fluvial empieza su auge en el río grande de la Magdalena, inicia el contagio ferroviario que viene desde Inglaterra y también incursionan los medios de comunicación, ya sea el perfeccionamiento del correo y la aparición del telégrafo (Gutiérrez Flórez, 2014). El desarrollo territorial estaba amarrado al progreso de los medios de transporte y la conectividad, es por esto por lo que las regiones más adelantadas en materia económica y social son aquellas que poseen los medios de transporte más avanzados para su época en el contexto colombiano del siglo XIX.</p>



<p>Para Lengerke la geografía colombiana invitaba a la construcción de caminos, la mayor parte su empresa y la de sus paisanos, tanto alemanes como santandereanos, estuvo en la construcción y mejoramiento de caminos (Zambrano Franco, 2013). La administración pública autorizó y concesionó al alemán la construcción y mejoramiento de las vías del Gran Santander, le prestaron presos en forma de trabajo esclavo y le permitieron la intervención en las zonas donde habitaban los indígenas; en el trascurso de la historia de Colombia y de esta ponencia se ha puesto de relieve cómo el afán de progreso y desarrollo permitió una serie de permisos y acuerdos entre el capital extranjero y la administración pública nacional. Lengerke potenció el desarrollo territorial de la región del Gran Santander, pero a un costo muy alto, no sólo en materia ambiental sino también en materia social, cultural y étnica.</p>



<p>El tercer estadio se denomina modelo de intervención foráneo enquistado. La planificación del territorio, su gestión y posterior a ello su intervención tienen como principal sostén las doctrinas y lineamientos establecidos por organismos o gobiernos externos; desde la<a></a> colonización hasta la Constitución Política de 1991 y llegando a la segunda década del siglo XXI la intervención extranjera en las decisiones sobre el modelo de desarrollo ha sido el común denominador (Franco González, 2012). Las leyes de indias, las misiones económicas, la adhesión a la OCDE y la sumisión a los organismos económicos mundiales demuestran el papel preponderante que han jugado y juegan los foráneos en la construcción de un concepto y modelo de desarrollo; la autodeterminación, la soberanía y la autonomía se convierten en saludos a la bandera, la relación entre los países y los organismos externos es desigual, la mayoría de los convenios y pactos entablados se convierten en contratos leoninos y perennes.</p>



<p>En <em>La otra raya del tigre </em>se hace alusión a esta lógica de intervención en varios pasajes. Lengerke y el abuelo entienden que el camino deseado e implementado por el príncipe de Montebello y sus súbditos no es el adecuado para el bienestar de la región del Gran Santander. El alemán reflexiona sobre su paso por las tierras agrestes y duras de Zapatoca, El Socorro y Bucaramanga; entiende que el afán que lo trajo desde el Rhein, afán de mundo, se termina por la terquedad del mismo príncipe que quiso volver al Gran Santander la Alemania del Trópico. El abuelo, ser omnipotente y omnipresente del relato, reflexiona sobre la permisividad del pueblo santandereano para con el príncipe, su palabra y su acción fueron dogma y ley, su prole y sus ciervos, los cuales viven y vivieron junto a Montebello antes de su caída reproducirán su afán de convertir algo que ya es en algo que nunca podrá ser. No sólo para Gómez Valderrama en su novela sino también para algunos académicos la intervención extranjera en las decisiones trascendentales sobre el devenir de Colombia ha calado tan profundo en la cultura que no se hace posible el quiebre con estos paradigmas, esto sólo se conseguirá con un cambio trascendental desde las bases de la misma sociedad.</p>



<p>Por medio de esto podemos concluir que, las investigaciones historiográficas sobre el modelo de desarrollo impuesto en el territorio colombiano han estado subyugadas a las lógicas de construcción de conocimiento establecidas desde escenarios ajenos; la necesidad de construir conocimiento que mane de la realidad presente en el contexto territorial colombiano surge no solo como respuesta a la debacle del modelo de desarrollo foráneo sino que también busca poner<a></a> en evidencia la importancia de los conocimientos no arquetípicos y cómo dichos saberes permiten comprender y explicar las dinámicas territoriales. Los estudios e investigaciones resultantes de procesos de construcción de conocimiento de corte divergente deben sostener sus planteamientos en la estructura paradigmática del modelo clásico; el choque entre dos escuelas de pensamiento no parte desde la mera crítica mordaz y ácida, este parte del entendimiento y reflexión completa del modelo al cual se pretende criticar, generando una confrontación de opiniones que facilita la construcción de las bases del nuevo saber.</p>



<p>La evaluación del modelo de desarrollo territorial en Colombia ha permitido identificar y delimitar con mayor precisión las problemáticas presentes en el territorio. Las directrices del capital se convierten en la piedra angular donde reposan el modelo y las herramientas de intervención del territorio; el modelo de intervención propuesto no ha comprendido los llamados insistentes del territorio, las dinámicas territoriales son desatendidas y se reemplazan por directrices que no buscan garantizar un bienestar general, sino que responden a interés particulares, ya sea de propios o ajenos al territorio. La formulación e implementación de lineamientos que no guardan consonancias con la realidad territorial han generado un atraso evidente en un territorio que posee un sinnúmero de potencialidades de corte geográfico, social y cultural. El proceso de construcción del texto y su ulterior escritura entregaron las bases necesarias que comprueban una de las afirmaciones rectoras del documento, en esta aseveración se resaltaba la importancia de la tradición escrita como insumo desde el cual puede partir la comprensión del territorio; los paradigmas rectores clásicos que buscan explicar las dinámicas territoriales y pretender proponer un modelo de intervención parten de los estudios decimonónicos, debido a esto se hace necesaria la construcción de paradigmas alternos que involucren todas la perspectivas presentes y que logren comprender a profundidad la realidad y la dinámica territorial.</p>



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<p><strong>Referencias</strong></p>



<ul class="wp-block-list"><li>Borja, M. (2015). LA HISTORIOGRAFÍA DE LA GUERRA EN COLOMBIA DURANTE EL SIGLO XIX. <em>Análisis Político</em>, <em>28</em>(85), 173–188. Retrieved from https://search-proquest-com.ezproxy.unal.edu.co/docview/1787821354?accountid=150292</li><li>Caicedo, H. V. (2002). DE LA MULA AL AVIÓN: NOTAS PARA UNA HISTORIA SOCIAL DE LA INFRAESTRUCTURA DE TRANSPORTE EN COLOMBIA. <em>Revista de Estudios</em> <em>Sociales</em>, (12), 13–21. https://doi.org/https://doi-org.ezproxy.unal.edu.co/10.7440/res12.2002.01</li><li>Cortés Guerrero, J. D. (2011). La Regeneración revisitada. <em>Ciencia Política Supl</em>, (11).</li><li>Enciso, J. E. R. (2016). Historiographic review of historical novels in Colombia: A regional approach. <em>Historielo</em>, <em>8</em>(15), 15–59. <a href="https://doi.org/10.15446/historelo.v8n15.51782">https://doi.org/10.15446/historelo.v8n15.51782</a></li><li>Franco González, H. (2012). Evolución de la planeación del desarrollo colombiano: una aproximación teórica. <em>Revista Universidad EAFIT</em>, <em>30</em>(96), 45–33. Retrieved from http://publicaciones.eafit.edu.co/index.php/revista-universidad-eafit/article/view/1382</li><li>Gómez Valderrama, P. (1990). <em>La otra raya del tigre</em> (1st ed.; Fundación Biblioteca Ayacucho, ed.). Caracas: Biblioteca Ayacucho.</li><li>Gutiérrez Flórez, F. (2014). Dificultad geográfica y flujo comunicacional en el orto del siglo XX en Colombia. <em>Historia y Sociedad</em>, (27), 49–70. Retrieved from http://ezproxy.unal.edu.co/docview/1627041265?accountid=150292.</li><li>Ortega, M, Osorio, B &amp; Caicedo, A. (2011). Pedro Gómez Valderrama. En Facultad de artes y humanidades (Ed.), <em>Ensayos críticos sobre el cuento colombiano del siglo XX</em> (Primera edición, pp. 127–175). Bogotá: Universidad de los Andes.</li><li>Pearce, J. (1992). La república oligárquica. In Grupo editorial 87 (Ed.), <em>Colombia dentro del</em> <em>laberinto </em>(1st ed., pp. 39–81). Bogotá: Altamir.</li><li>Restrepo Velásquez, J. C. (2004). El desarrollo en Colombia: historia de una hegemonía discursiva. <em>Revista Lasallista de Investigación</em>, <em>1</em>(1), 27–36. Retrieved from http://search.ebscohost.com.ezproxy.unal.edu.co/login.aspx?direct=true&amp;db=a9h&amp;AN=18804 416&amp;lang=es&amp;site=ehost-live</li><li>Zambrano Franco, N. Á. (2013). From the rhein to the suarez river, or the voyage of the lengerke through paths of Civilization and barbarianism. <em>La Palabra</em>, <em>23</em>, 17–31. Retrieved from https://search-proquest-com.ezproxy.unal.edu.co/docview/1524709562?accountid=150292</li></ul>
<p>La entrada <a href="https://triadaprimate.org/el-discurso-hegemonico-del-desarrollo-territorial-en-colombia-una-mirada-critica-desde-la-novela-la-otra-raya-del-tigre-de-pedro-gomez-valderrama-ensayo-pirata-de-christian-pedroza-beltran/">El discurso hegemónico del desarrollo territorial en Colombia: Una mirada crítica desde la novela &#8220;La otra raya del tigre&#8221; de Pedro Gómez Valderrama | ENSAYO PIRATA de Christian Pedroza-Beltrán</a> se publicó primero en <a href="https://triadaprimate.org">Tríada Primate</a>.</p>
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