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	<title>Rosario Castellanos archivos - Tríada Primate</title>
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	<title>Rosario Castellanos archivos - Tríada Primate</title>
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		<title>La defensa del territorio cuerpo-palabra &#124; Transgresiones #02</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Feb 2022 10:35:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Transgresiones]]></category>
		<category><![CDATA[Brenda Cedillo Martínez]]></category>
		<category><![CDATA[Rosario Castellanos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Transgresiones #02, una columna de Brenda Cedillo Martínez Me dijeron:No busques, nada se te ha...</p>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Transgresiones #02, una columna de Brenda Cedillo Martínez</strong></p>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p class="has-text-align-right" style="font-size:16px"><em>Me dijeron:</em><br><em>No busques, nada se te ha perdido<br>Y los vi desde lejos ocultar<br>lo que roban y reír.<br></em>-Rosario Castellanos, El Despojo</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Todo en orden siempre está, cuando el observador es quien violenta. Nunca hay problema alguno. Así estén lacerando tu sensibilidad, ocultando tu ira o tristeza, o te encuentres enterrada bajo una cruz rosa que marca de qué modo te arrebataron la vida. Nunca hay problema alguno.</p>



<p>Tiempo atrás, nos dijeron que no buscáramos, que no hay trampas para las mujeres en el mundo. Algunas pensamos que era cierto, pero solo era el temor a los ojos de los otros, los vigilantes que solo mueven la cabeza para aprobar o no, cuyo privilegio es estar sentados sobre el trono dorado del dios patriarcal y sus laureles órficos. Estos vigilantes que siempre luchan por encarcelarnos desde valores masculinos y que castigan si nos dejamos enclaustrar, también se encuentran en las múltiples formas de la creación artística; la literatura no es un campo de flores. El espacio donde se desarrolla la literatura es un campo de batalla, un territorio en el que las mujeres se han convertido en grandes estrategas en la lucha por la defensa de ese territorio, puesto que, siempre existe la amenaza de despojarnos de la voz creativa. &nbsp;</p>



<p>Basta recordar un ejemplo como el caso de Sor Juana Inés y su <em>Respuesta</em> <em>a Sor Filotea</em>, una carta en la cual defiende con firmeza su capacidad de escribir, hacer filosofía y poesía desde su ser mujer, frente a las aseveraciones misóginas del entonces obispo poblano Manuel Fernández de Santa Cruz<strong>[1]</strong>. En esa misma carta menciona alrededor de cuarenta mujeres intelectuales que le antecedían y que pertenecieron a la historia eclesiástica, hasta nombres de la mitología griega y romana, con el fin de ilustrar que como mujeres tenemos la necesidad y el derecho de escribir nuestras ideas.</p>



<p>Ni el clero, ni el partido, ni los círculos de literatos, han podido arrebatarnos los campos donde logramos reencontrarnos y reconstruirnos, como es la geografía de la escritura. Al acoger nuestros espacios, se logra algo indispensable: se construyen otros modos de<em> ser</em> desde la toma de conciencia de <em>estar</em> en el mundo como mujer, formas que atañen a nuestras experiencias que no son exclusivas de nuestra subjetividad, sino que en gran medida son reflejo de violencias estructurales que por generaciones nos han lacerado. Defender la palabra que se gesta desde la <em>cuerpa</em> es construir nuevos caminos, de igual modo, es hacer de nuestra existencia como escritoras, la rebeldía, la desobediencia de los cánones que han impuesto sobre nuestro cuerpo de la escritura.</p>



<p><em>Los cánones literarios reproducen cierta forma de ser</em>, afirma Ana Karla Sandoval, escritora y periodista mexicana. La forma de ser que pulula en los cánones es la luz solar de la razón, de la “universalidad” que solo remite a quienes se reconocen como iguales entre clase, raza y por supuesto, género. El canon de la literatura como estructura abona a la perpetuidad de las distintas desigualdades cuando es desarrollada de modo acrítico, pues contribuyen a la construcción de arquetipos femeninos, que se convierten en cárceles simbólicas para las niñas, mujeres y ancianas; como los modelos de la bruja malvada, la doncella, la joven virgen y pura, la puta, etc. Moldes que impactan en nuestro desarrollo social, en la vida cotidiana y que escala a otros ámbitos como los académicos. Por tal, las convenciones canónicas no se pueden reducir a meras formas que marcan e inspiran a generaciones a nivel temático y de estilo.</p>



<p>Ante este panorama, otros modos de ser mujer siempre son requeridos, y quienes pueden construirlos, somos nosotras mismas. Nosotras de forma consciente al escribir, tomado nuestra voz, desobedecemos y quemamos esas cárceles simbólicas que solo nos enclaustran en modos determinados de ser, convenciones que solo conciernen a la fingida universalidad masculina. Esta otra forma ya la convocaba Rosario Castellanos en su poema <em>Meditación en el umbral:</em></p>



<p><em>Debe haber otro modo que no se llame Safo<br>ni Mesalina ni María Egipcíaca<br>ni Magdalena ni Clemencia Isaura.<br>Otro modo de ser humano y libre.</em></p>



<p><em>Otro modo de ser.</em></p>



<p>Bajo esta línea, la creación de nuevas narrativas y significados es fundamental. La escritura desde el ovario, desde el cuerpo/a, desde nuestra experiencia, es invaluable para los tiempos tan violentos que sobrevivimos, pues es tal experiencia resulta indispensable de validar, con la finalidad de reconocer y afrontar en un primer momento, este mundo patriarcal, racista y clasista, nombrando sus diversas siluetas, sin flores y engaños que solo ocultan las estructuras de poder en favor de quienes oprimen.</p>



<p>Estas resignificaciones permiten reencontrarnos a nosotras mismas en los ojos de las otras. La historia de una es la historia de todas. Los sentipensares de aquella mujer que expresa desde su soledad inventada, resultan ser sentimientos y pensamientos colectivos de miles de mujeres en distintas latitudes. Es suficiente leer a otras mujeres, escuchar sus voces poéticas para mostrarlo, pues como ya he mencionado, la literatura escrita desde el<em> ser</em> mujer, expone cicatrices y alegrías que implican haber vivido las consecuencias de tener vulva o de experimentarse como mujer en esta sociedad.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><em>Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y corazón guerrero</em>.</p><cite>Alejandra Pizarnik.</cite></blockquote>



<p>El paradigma aquí es: tales vivencias (negativas o no) se logran reconocer, gracias al conocer las experiencias de las otras.</p>



<p>Las mujeres cuando se escriben revelan grandes verdades. Sin pretensión alguna de objetividad, permiten nombrarnos en libertad desde un ojo crítico, así como nombrar la existencia de violencias que son disfrazadas por amor (como un ejemplo), para después, con mucho esfuerzo, tal vez sanarlas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><em>Nombrar nuestras historias, ver puestas en palabras claras nuestras situaciones (o algo que se les acerque), a través de la literatura escrita por mujeres sí ayuda en los procesos de autosalvamiento, de reconocimiento de la violencia, de desocultamiento de aquello que creemos es amor y resulta peligroso.</em> </p><cite>Ximena Cobos, escritora, editora y co-creadora en <em>Ingrávida</em>.</cite></blockquote>



<p>El desocultar aquello que nos roban, como nuestro poder creativo a través del silencio<strong>[2] </strong>desenmascarar las múltiples formas sofisticadas de las violencias machistas, que suelen también reproducirse en distintas plumas de la literatura, es algo posible gracias a las nuevas imágenes que recobran nuestro poder y el camino de regreso a nosotras.</p>



<p>De esta manera, una revolución desde los afectos es posible, gracias a la resistencia de muchas creadoras desde sus diversas trincheras (como es el caso de las escritoras), quienes, a partir de su elección de crear y defender su derecho al libre ejercicio creativo, logran configurar universos de compasión, crítica, digna rabia y ternura.</p>



<p><em>Tú silencio no te protegerá</em>, afirmó Audre Lorde. Acallar nuestra ira, tristeza o cualquier afecto, ya no es más la vereda por donde caminamos todas nosotras, ahora construimos otros senderos para reencontrarnos y regresar a nuestro cuerpo y su vivencia fundamental.</p>



<div style="height:100px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p><strong>[1]</strong> Manuel Fernández de Santa Cruz, obispo de Puebla en 1690, bajo el pseudónimo de Sor Filotea, escribió el prólogo de <em>Carta Antenagórica </em>y allí<em>, </em>el obisporecriminó la “desobediencia” de Sor Juana Inés en el uso de su tiempo en cuestiones de teología y filosofía. Tras este escrito, Sor Juana padeció ataques y trabas para su desarrollo intelectual.</p>



<p><strong>[2]</strong> Un caso conocido en la actualidad es el de Elena Garro y Octavio Paz. El premio nobel mexicano, ha sido criticado, incluso cancelado por muchas debido a las agresiones psicológicas hacia Garro, quien, siendo una gran escritora, fue obligada a silenciar su voz, por manipulaciones, chantajes de Octavio Paz hacia ella.</p>
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		<title>Ni noviecita santa, ni esposa abnegada: hablemos del ideal femenino &#124; Meditación en el umbral #17</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 May 2021 00:47:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación en el umbral]]></category>
		<category><![CDATA[Fabi Bautista]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Rosario Castellanos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Meditación en el umbral #17, una columna de Fabi Bautista “Me gusta cuando callas porque...</p>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Meditación en el umbral #17, una columna de Fabi Bautista</strong></p>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p><em>“Me gusta cuando callas porque estás como ausente” </em>es el verso inicial al poema 15 de Neruda. Conmovedor al momento de su publicación, en la actualidad ha sido reinterpretado en miras de la perspectiva de género para criticar la pasividad femenina a la que alude el poeta chileno. Y es que la figura de la mujer no es ajena al arte. Por el contrario, como símbolo, hemos sido objeto de múltiples representaciones artísticas en cuyas manifestaciones ha quedado plasmado el ideal femenino.</p>



<p>Así, bajo la idea de inspiración, cualidades como la belleza, la entrega y la docilidad han sido exaltadas <em>en pro de</em> un eterno femenino que —se supone— debería caracterizar a la mujer buena, la mujer dulce, la mujer deseada, en fin… a la mujer amada.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><em>Una mañana me había levantado más temprano que de costumbre. Me quedé asombrado mirando lo que pasaba. Entró por el fondo de la casa, como una estatua oscura que caminara, la mujer más bella que había visto hasta entonces en Ceilán, de la raza tamil, de la casta de los parias.</em><br><br><em>[…]</em><br><br><em>Se dirigió con paso solemne hacia el retrete, sin mirarme siquiera, sin darse por aludida de mi existencia, y desapareció con el sórdido receptáculo sobre la cabeza, alejándose con su paso de diosa.</em></p></blockquote>



<p>La narración anterior forma parte de <em>Confieso que he vivido</em>, memorias de Pablo Neruda, escritor al que referí al inicio del presente. Esta obra póstuma, cuyos extractos recopilan los eventos acontecidos durante el verano de 1929, cuando el escritor fue nombrado cónsul de lo que en la actualidad es Sri Lanka no es, sin embargo, el objeto de nuestra discusión el día de hoy. Aunque, dignos de un análisis literario por sí mismos, estos versos y narrativa abren discusión en torno a las implicaciones del ser mujer al reflejar en sus líneas lo que se ha concebido como el ideal femenino.</p>



<p>Ahora bien ¿a qué refiero con éste? En líneas generales, podemos conceptualizarlo como una serie de organizadores que se articulan a partir de “las representaciones sociales acerca de los géneros, la moral que los legisla y las normas que los rigen” (Carril, 2000, párr. 19). En otras palabras, lo que <em>debe ser</em> un hombre o <em>debe ser</em> una mujer está definido social, histórica y culturalmente, no es un atributo eterno ni mucho menos natural.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><em>Llamamos mujer ideal, metafóricamente, a la que atesora todas las cualidades y perfecciones distribuidas entre las demás mujeres, a la que flota sobre la generalidad, a la que puede servir de arquetipo. </em></p><cite><em>de Flaquer, s.f. párr. 2</em></cite></blockquote>



<p>No es en vano que diversas autoras han dedicado parte de su producción literaria a criticar con sagacidad, ironía y audacia el <em>eterno femenino</em><strong>[1]</strong>, la <em>feminidad</em> y el supuesto <em>privilegio de ser mujer</em><strong>[2]</strong>. Una de ellas fue Rosario Castellanos, escritora, diplomática e intelectual mexicana considerada una de las figuras más importantes del feminismo en Latinoamérica. Como autora, incidió en todos los géneros literarios, además de fungir como articulista para diversos diarios. En esta ocasión, me remitiré a su paso como colaboradora del periódico Excélsior, donde criticó sin rodeos el ideal de feminidad que caracterizaba a la mujer en México:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><em>Cuídate de los altares. Jamás se te ocurra subirte a uno ni como <strong>hija modelo</strong>, ni como <strong>noviecita santa</strong>, ni como <strong>esposa abnegada</strong> ni muchísimo menos como <strong>madre mexicana.</strong></em></p></blockquote>



<p>Más que una sugerente recomendación, la apertura de su texto se constituye como una advertencia a todas las mujeres. La poeta ya lo enuncia como un presagio: cuídate de ser exhibida cual adorno en un pedestal, cuídate de los ideales, cuídate de las expectativas inalcanzables que jamás podrás satisfacer.&nbsp; Para la psicoanalista argentina Emilce Dio Bleichmar, son cinco los elementos que han articulado la feminidad tradicional, y no es coincidencia que éstos remitan a lo que plantea Castellanos:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><strong><em>Ser “la mujer del hombre”</em></strong></p></blockquote>



<p>Es decir, que nuestro valor resida únicamente en ser la novia, esposa o pareja de alguien.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><strong><em>Poner la meta de su ideal en el hombre</em></strong></p></blockquote>



<p>Se interpreta como delegar en él la concreción de los deseos que, se supone, no deberíamos aspirar para nosotras mismas (Carril, 2000, párr. 23). Es él quien debe alcanzar metas profesionales, personales, intelectuales, académicas, etc., nosotras ni siquiera deberíamos anhelarlas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><strong><em>La maternidad como meta suprema</em></strong></p></blockquote>



<p>Ésta es la “prueba definitoria de la pertenencia al género femenino” (Carril, 2000, p. 24) porque en ella se materializan las cualidades de abnegación, sacrificio y entrega que están supuestamente determinadas por nuestra naturaleza biológica. Cuántas de nosotras, por ejemplo, hemos sido cuestionadas al plantear que no aspiramos a tener hijos como si esto fuera por sí mismo una aberración a nuestro género, un golpe a la feminidad o un deseo antinatural.</p>



<div style="height:38px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p><strong>Ideal de cuidados. Extensión de las funciones de maternaje hacia otras relaciones y vínculos.</strong></p>



<p>La idea de maternidad supone un lazo de cuidados y atención entre madre e hijo, no obstante, Marcela Lagarde plantea cómo éstos se extienden también hacia “los otros”, pero ¿quiénes son estos otros a los que refiere la antropóloga?</p>



<p>Son sus padres, sus cónyuges, sus hermanos y los parientes de su esfera de vida. Pero los otros son también personas ajenas e incluso desconocidas para ellas, el requisito consiste en que cuiden de ellos de manera directa o por medio de sus cosas, y que lo hagan física, afectiva, erótica e intelectualmente, en cualquier momento y circunstancias de la vida de ambos […] (2005, p. 249)</p>



<p>En síntesis, la idea de cuidados es una entrega total hacia “los otros”, que son básicamente todos, por lo cual la mujer deberá dedicar su vida siempre a los demás, nunca a ella misma. Ese debe ser el sentido de su existir.</p>



<div style="height:44px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p><strong>Ideales centrados en la seducción, la belleza corporal y la juventud, como atributos necesarios para sentirse femenina y obtener el amor y el reconocimiento del hombre.</strong></p>



<p>En este apartado podríamos mencionar cómo en la sociedad patriarcal existe el culto al cuerpo, un rechazo a la edad, a las arrugas, a las canas, las manchas o todo aquello que denote el envejecimiento y por tanto, la pérdida de la tan deseada juventud. Si el valor de la mujer está ligado a su belleza física, la “pérdida” de ésta indica que ya no es útil a la sociedad y entonces habrá que esconderla, desecharla o simplemente negarla. Siempre habrá una versión más joven, más nueva, más inocente, más <em>ad hoc</em> a las cualidades que en ese momento son exaltadas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><em>[…] cada minuto de sus vidas, las mujeres deben realizar actividades, tener comportamientos, actitudes, sentimientos, creencias, formas de pensamiento, mentalidades, lenguajes y relaciones específicas en cuyo cumplimiento deben demostrar que en verdad son mujeres. </em></p><cite><em>Lagarde, 1990, p. 3</em></cite></blockquote>



<p>Siempre te dirán que puedes ser más dulce, más dócil, más entregada, más delgada, más jovial, más bella, más, más, más… y esta sobrecarga se vuelve asfixiante no sólo porque reside en una artificialidad, sino porque supone lo que <em>deberíamos ser</em> pese a nuestros propios deseos, metas y anhelos. Se promete un <em>felices por siempre</em>, el reconocimiento de la sociedad o un amor idealizado como premio a esta entrega abnegada, a cumplir cual adoctrinamiento con estas cualidades, pero la realidad es que no habrá recompensa alguna.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><em>Cumple con tus deberes y no aspires a recompensas imaginarias porque son un fraude, ni a recompensas reales porque son un sueño de opio.</em></p></blockquote>



<p>Rosario Castellanos publicó estas líneas hace más de cincuenta años y, sin embargo, aún en la actualidad podemos mirarlas a través del espejo para hallar a la hija modelo, a la noviecita santa, a la esposa abnegada y a la madre sacrificada como los pilares que conforman la figura de la mujer. Y la crítica de ninguna manera está dirigida hacia quien, por decisión propia, se identifique con cualidades tradicionalmente femeninas o tenga el deseo de vivirlas.</p>



<p>La intención es revalorizar los hitos que conforman la femineidad y entender que, en calidad de ideales, estos atributos son —ultimadamente— inalcanzables. Ninguna mujer podrá satisfacer jamás nunca las expectativas de la mujer ideal porque ésta simplemente no existe, es una exaltación exorbitada de lo femenino. No busquemos entonces convertirnos en la mujer ideal, en su lugar, aspiremos a ser mujeres reales, mujeres llenas de contradicciones, mujeres que resignifican su existencia a partir de sí mismas y no de lo que se espera de nosotras. Por ti y por mí, por menos altares y más mujeres reales.</p>



<p><em>Pero si es necesaria una definición</em><br><em>para el papel de identidad, apunte</em><br><em>que soy mujer de buenas intenciones</em><br><em>que he pavimentado</em><br><em>un camino directo y fácil al infierno.</em><strong>[3]</strong></p>



<div style="height:100px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p><strong>Referencias bibliográficas</strong></p>



<ul class="wp-block-list"><li>Carril, E. (2000). <em><a href="https://www.psiconet.com/foros/genero/fm-ideales.htm" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Femenino/Masculino. La pérdida de ideales y el duelo</a></em>.</li><li>de Flaquer, G. (s.f.). <em><a href="http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-mujer-ideal-996511/html/0b981752-4aab-4470-a958-17b2745bd51b_2.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">La mujer ideal</a></em>.</li><li>Lagarde, M. (1990). <em>Identidad femenina</em>. CIDHAL.</li><li>Lagarde, M. (2005). <em>Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas</em>. UNAM.</li></ul>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p><strong>[1] </strong>Obra de Rosario Castellanos publicada en 1975 en la que critica las ideas de la feminidad.<br><strong>[2] </strong>Tomado del poema “Autodefinición” de la escritora chilena Teresa Wilms Montt.<br><strong>[3]</strong> Fragmento del poema “Pasaporte” de Rosario Castellanos.</p>
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		<title>El mensaje dual entre el sacrificio y la supervivencia en «Oficio de Tinieblas» de Rosario Castellanos &#124; El espejo enterrado #08</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 May 2021 02:53:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[El espejo enterrado]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Luna]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña literaria]]></category>
		<category><![CDATA[Rosario Castellanos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El espejo enterrado #08, una columna de Daniel Luna Hablar de Rosario Castellanos es una...</p>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>El espejo enterrado #08, una columna de Daniel Luna</strong></p>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p>Hablar de Rosario Castellanos es una tarea difícil cuando se desea destacar un elemento de su producción pues todo lo que pasó por su pluma es una obra bien considerada como material de estudio para profundas reflexiones. Sin pretender desarrollar un análisis exhaustivo, el texto de esta semana es un intento de esbozar un comentario sincero y abierto sobre una de sus novelas. Con este objetivo en mente inicia esta revisión biográfica de una de las mentes más brillantes de México durante la segunda mitad del siglo xx.</p>



<p>Rosario Castellanos nació en la Ciudad de México el 25 de mayo de 1925, y gracias a la fuerza natural de su voz, su figura se consagra como una de las representantes más significativas de la literatura en México y Latinoamérica. Su obra abarcó prácticamente todos los géneros dejando aportaciones impresionantes en la poesía, ensayo, teatro y prosa. Su infancia y adolescencia transcurrieron en Comitán, Chiapas, hecho que marcó profundamente su vida y arte como se describe en los párrafos siguientes.</p>



<p>Estudió la licenciatura y maestría en Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México y estudios de posgrado en la Universidad de Madrid. Profesionalmente se desenvolvió como profesora en varias instituciones educativas de México y el extranjero colaborando a la par con periódicos nacionales como Excélsior. También es considerada uno de los iconos más relevantes del feminismo latinoamericano desde su época hasta la actualidad.</p>



<p>Su bibliografía obtuvo varios premios transcendentales como el reconocimiento Carlos Trouyet para el año 1967 y el Elías Sourasky de Letras en 1972. De entre sus libros premiados se encuentra su trilogía indigenista empezando por <em>Balún Canán</em> con el Premio Chiapas en 1958, <em>Ciudad Real</em> por el Xavier Villaurrutia en 1961 y, finalmente, <em>Oficio de Tinieblas</em> celebrada con el Sor Juana Inés de la Cruz en 1962. Rosario Castellanos falleció en Tel Aviv, Israel el 7 de agosto de 1974.</p>



<p>De la lista anterior, <em>Oficio de Tinieblas</em> es la novela media de esta serie la cual resalta por ser una obra maestra de la narrativa latinoamericana, inspirada en el levantamiento de los chamulas de 1867 a 1870 en San Cristóbal, Chiapas, hecho que culminó con la crucifixión de un miembro de esta comunidad al proclamarlo como el Cristo indígena. Con la ayuda de la ficción Rosario Castellanos recrea esta historia desde los ojos de sus protagonistas para entender las circunstancias que llevaron al pueblo a tal acontecimiento.</p>



<p>Además, al situar esta historia en un México más cercano a la época de su producción, el país de la reforma agraria de Lázaro Cárdenas, se concreta la intención de evidenciar la crudeza de la opresión del mundo indígena a través del menosprecio de su cultura y el despojo de sus tierras bajo el avance de los “blancos ladinos”. Una realidad intransigente que se alimenta del suspenso en cada hoja hasta llegar al cierre de los acontecimientos.</p>



<p>Con la ayuda de la visión crítica que caracteriza a la mente de Castellanos se describe un enfrentamiento de cosmogonías el cual repercute en el sincretismo de las dos culturas expuestas. Gracias a la poética se narra el origen del orden social del valle de Chamula, sinécdoque del mundo indígena sometido por la imposición de un castigo divino. Por lo tanto, Oficio de Tinieblas se convierte en un mecanismo de representación de la realidad contemporánea del México sumiso por el sistema colonial que sobrevivió al derrumbamiento de la Nueva España.</p>



<p>Aquel México negado por quienes desconocen la esencia nativa que los conforma se reproduce en las historias como esta en donde la naturaleza de las comunidades originarias no tiene más opción que abrirse paso a través del sacrificio para ser reconocida. Esta construcción metafórica presente en la novela convoca a la reflexión de la lucha permanente de estos grupos siguiendo la edificación de una historia tanto mítica como realista de un conflicto social.</p>



<p>La construcción de este mensaje se transmite por debajo de una narración bien nutrida de elementos teológicos explicados en la labor de una mente que conoce y ha experimentado ambas realidades. La figura de Rosario Castellanos es el sincretismo con el que comienza su novela pues ella suma su preparación académica con sus experiencias personales y sagradas. Un producto maravilloso que sobrevive en estos y otros escritos el cual se alimenta de la empatía y el desarrollo humano que hoy en día es mejor recibido.</p>
<p>La entrada <a href="https://triadaprimate.org/el-mensaje-dual-entre-el-sacrificio-y-la-supervivencia-en-oficio-de-tinieblas-de-rosarios-castellanos-el-espejo-enterrado-08/">El mensaje dual entre el sacrificio y la supervivencia en «Oficio de Tinieblas» de Rosario Castellanos | El espejo enterrado #08</a> se publicó primero en <a href="https://triadaprimate.org">Tríada Primate</a>.</p>
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