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	<title>The trash can of ideology archivos - Tríada Primate</title>
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	<title>The trash can of ideology archivos - Tríada Primate</title>
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		<title>Despojadme de mi sexo: la tragedia de las mariconas en un espectáculo drag (Crítica de Lady Dragbeth, de Fabián López) &#124; The trash can of ideology #31</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Aug 2022 21:50:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[The trash can of ideology]]></category>
		<category><![CDATA[Ángel de León]]></category>
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		<category><![CDATA[Reseña de teatro]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>The trash can of ideology #30, una columna de Ángel de León Como varón bisexual,...</p>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>The trash can of ideology #30, una columna de Ángel de León</strong></p>



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<p>Como varón bisexual, he enfrentado distintas formas de discriminación, desde la indirecta de mi familia que, sin saber que yo estaba en el clóset, hablaban con desdén de actores y deportistas con matrimonios de compromiso “que en realidad son putos, pero si salen les revocan su contrato”, hasta la discriminación directa del acoso escolar, porque “te comportas como una niña y seguro te gusta la verga”.</p>



<p>Sobre esta clase de violencias habla la puesta en escena<em> Ladydrabeth</em>, del creador escénico no binario Fabián López. Violencias que, bien pensado, no trascienden el lugar común: inundan estados de Facebook y espectáculos de <em>stand-up</em>. Sin embargo, conforme avanza el espectáculo de Ladydragbeth, descendemos de estas violencias, más bien simbólicas (y padecidas, incluso, por heterosexuales, que si no tienen novia en la secundaria caen bajo la sospecha de ser, también, maricones), hasta aquellas que inciden directamente en el cuerpo, como cuando a Ladydrabeth, la maricona de la escuela, la golpearon sus compañeros. El espectáculo, sin embargo, no se detiene ahí; pasa primero, en un momento de complicidad con el público, por la lectura de noticias sobre violencia contra la comunidad sexodiversa (desde golpizas colectivas hasta asesinatos), fácilmente accesibles en el buscador de <em>Google</em>, para finalizar con dos potentes vueltas de tuerca: la de la violencia que la maricona ejerce sobre sí misma y, finalmente, la que ejerce, desde el poder, contra las otras mariconas.</p>



<p>En este sentido, el espectáculo, que pretende dar visibilidad a “las violencias que sufrimos y ejercemos las mariconas”, ofrece distintos momentos de reconocimiento y distancia que resultan interesantes: una persona heterosexual que asista a <em>Ladydrabeth</em>, recibiría un primer golpe de otredad frente al relato de la experiencia de estar en el clóset y tener serios conflictos con el nombre propio; es distinta la experiencia de un individuo que no es heterosexual, que parte de una identificación con el personaje, para después asomarse a cosas que tampoco le han sucedido: a mí nunca me han golpeado por mi orientación sexual, y fue un momento de enorme extrañeza ver que hay otros a quiénes sí, pero es que mantengo, todavía, el privilegio de ser cisgénero… en este sentido, la amplitud de la comunidad LGBTTTIQ+ se despliega frente a los ojos del espectador, que muchas veces se acostumbra a reducirla a un par de experiencias, las más “normales” y discretas, para enfrentar se a la potencia de una voz cuya condición es tan marginal, tan juzgada y temida, que se ve obligada a “volverse la más perra para sobrevivir”.</p>



<p>De ahí el dolor del <em>drag</em>, que precisamente cuando se pone más vulnerable (cuando se viste de mujer), cuando más atrae la mirada de los guardianas del orden patriarcal, es cuando se siente más fuerte. En esta condición paradójica radica la potencia del montaje, que presenta un cuerpo al que las mismas situaciones le provocan, a la vez, dolor y placer; que vive cierrtas experiencias, al mismo tiempo, como ser oprimido y como ser emancipado, en la ambigüedad, a la vez dolorosa y libre (y, por lo tanto, trágica), del género fluido, que en la figura del <em>drag</em>, muchas veces, al mismo tiempo que se aparta, por temperamento y carácter, de los atributos “masculinos”, se ve forzado a adoptarlos, endureciendo el corazón, la sensibilidad y todos esos atributos “femeninos” que hacen que a uno le digan maricón, para poder sobrevivir. Como lady Macbeth, la <em>drag queen </em>que comparte con el público sus experiencias de vida, se ve forzado (a, e) a entonar la oración funesta de la reina de Escocia, que Fabián López, en un tono fársico, declama cerca del principio del espectáculo: <em>¡Espíritus, venid! venid a mí, puesto que presidís los pensamientos de muerte! Privadme ahora de mi sexo y llenadme de la más temible crueldad, desde la coronilla al pulgar del pie: espesad mi sangre ¡Que se bloquen todas las puertas a la piedad! ¡Que no vengan a mí contritos sentimientos naturales a perturbar mi propósito cruel, o a poner tregua a su realización! ¡Venid hasta mis pechos de mujer y transformad mi leche en hiel, espíritus de muerte que por doquier estáis -esencias invisibles- al acecho de que Naturaleza se destruya!¡Ven, densa noche, ven y envuélvete en el mas maldito humo de infierno, para que mi agudo cuchillo no vea sus heridas, ni el cielo atisbe&nbsp; a través de las&nbsp; mantas de la tiniebla&nbsp; para gritar ¡basta, basta!</em>. En el limbo entre la verdadera naturaleza y la coraza que hay que portar para hacer frente a un mundo hostil, el ser no binario renuncia, como la protagonista de la tragedia shakespeariana, a su sexo: de ahí su fuerza, pero también su dolor.</p>



<p>“No lo disfruté, pero fue un sexo increíble”, confiesa en medio de la anécdota sobre un encuentro casual con un “activo vergón con lugar” a través de <em>Grindr</em>. “Las mariconas”, declara, “¿cuántas veces no nos rechazamos a nosotras mismas cuando ponemos no pasivos, no afeminados, para ir a coger con un activo vergón sin lugar”.</p>



<p>En estos momentos, donde descendemos, como en la tragedia de Shakespeare, a la oscuridad, está el mayor potencial del espectáculo. Le vendría bien, sin embargo, para que acabe de cobrar sentido la invocación de la tragedia de Shakespeare, un recorte a la dramaturgia: el espectáculo, aunque nunca aburre (con su alternancia entre coreografías, admirablemente interpretadas por el intérprete con música pop emblemática de la comunidad LBTQ, chistes subidos de tono e interacciones con el público), es desigual en su desarrollo, y presenta, acaso por la incontinencia escritural que invade a los jóvenes dramaturgos cuando hablan de su propia experiencia, algunos problemas de ritmo. Un recorte a los distintos segmentos del texto, en busca de lo esencial, potenciaría mucho los distintos niveles del espectáculo: el dramaturgo debe aprender que no se puede decir todo, que algunas cosas hay que callarlas, confiar en que el público descifrará el chiste, intuirá el secreto… en términos de dirección, hay que calibrar cuando un momento de comicidad o patetismo se ha extendido demasiado, pues, aunque algunas redundancias pueden tener un efecto cómico o potenciar el <em>pathos</em>, y la confesión directa y cruda puede tener un efecto transgresor (como sucede, en efecto, varias veces en el espectáculo), a veces son sólo eso: redundancias y material crudo, que falta pulir. Calibrar cuanto tiempo debe durar una escena es uno de los retos de la dirección escénica: advertir en qué momento se agota el efecto buscado, para así profundizar en las posibilidades que tal efecto abrió, y que a veces se quedan sin explorar. Son riesgos habituales en este tipo de espectáculos, que denuncian la violencia desde un lugar personal de opresión y que, en este espectáculo, se sortean cuando el intérprete consigue, o bien, distanciarse de sí mismo, o bien, sumergirse en las tinieblas: son estos procedimientos los que permiten trascender el lugar común y la victimización, sin por ello renunciar a la necesidad de la denuncia.</p>



<p>El equipo está integrado exclusivamente por miembros de la comunidad sexodiversa, lo cual es un gesto esperanzador y refrescante frente a la ingenuidad de la cultura de la inclusión, donde se busca, tantas veces, el gesto paternalista del opresor de que se digne a representar a las “minorías”, lo que implica, por lo general, que sean ellos, los que ostentan el privilegio, quienes diseñen y adapten su discurso y su voz a las exigencias del mercado y la ideología dominante. En <em>Ladydrabeth</em>, las mariconas hablan, en nombre propio, con su propia voz, sin necesidad de que otro cuente sus historias: exhiben su dolor y sus contradicciones frente al público, no buscan ser representados, pues bien se sabe que la representación –de ahí su problema político–, se da, necesariamente, en ausencia de lo representado.</p>



<p>Confío en que, con el transcurso de las funciones, Ladydragbeth, con la potencia del discurso que ya está gestando, haga descender la noche, para asestar el golpe mortal contra la estructura que la oprime (y que a veces, ella misma encarna). <em>Para que mi agudo cuchillo no vea sus heridas, ni el cielo atisbe a través de las mantas de la tiniebla para gritar ¡basta, basta</em></p>



<p>* Lady Dragbeth es un proyecto beneficiado por el Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (FONCA) en el Programa de Creadores Escénicos 2021, dentro de la vertiente “Creadores Escénicos en Formación”. La cual, cumplirá con una temporada de funciones a partir del 04 al 25 de agosto, los jueves a las 20 horas, en El77 Centro Cultural Autogestivo, (Abraham González No. 77, col. Juárez, CDMX). Costo general: $250. Estudiantes (presentando credencial) $200. Y dragas (presentándose en drag) $150.</p>



<p>Contacto Correo electrónico: fabianjossuel@gmail.com Facebook: Fabian LR Instagram: _fabian_lr</p>
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		<title>Una apuesta por la felicidad: sobre la dificultad que hallamos los escritores para vivir de nuestro arte &#124; The trash can of ideology #30</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Jul 2022 22:26:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[The trash can of ideology]]></category>
		<category><![CDATA[Ángel de León]]></category>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>The trash can of ideology #30, una columna de Ángel de León</strong></p>



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<p>Cuando a William Faulkner le preguntaron si la seguridad económica era importante para el escritor, dijo que ese tipo de cosas son importantes para su paz y su contento, pero que el arte no tiene nada que ver con la paz y el contento.</p>



<p>Algo de razón tenía el novelista. El marqués de Sade escribía en la cárcel con su excremento. Han escrito aristócratas, como Tolstoi, y campesinas, como Gabriela Mistral. Han muerto escritores en la miseria. Pero aun la escritura más desolada, tiene que ver con la felicidad: la del creador que encuentra en la página su razón de existir, y la de los lectores que encuentran consuelo en sus letras.</p>



<p>En la soledad de mi adolescencia, mis amigos eran Ana Karenina, don Quijote y Jorge Ibargüengoitia. He respondido a cada pérdida con un ensayo, un poema, o una obra de teatro. En la pandemia encontré un refugio en la poesía griega y los ensayos de Wilde y de Sigmund Freud.</p>



<p>La literatura nos ayuda a afrontar los traumas colectivos. El dolor de estar vivo y aquello que nos permite afrontarlo y, pese a todo, gozar de la existencia, animan la escritura desde su origen: cuenta Hesíodo que los cantos de las Musas alivian el malestar del corazón. Aun cuando, a menudo, ha sido utilizado por los poderes como herramienta de control y legitimación –pues todo documento cultural, decía Benjamín es, al mismo tiempo, un documento de barbarie–, me gusta pensar en el arte como un hilo de Ariadna que nos ayuda a habitar nuestros laberintos. La <em>Ilíada </em>puede interpretarse como la piedra angular del imperialismo ateniense –no en vano fueron los tiranos hijos de Pisístrato quienes tanto fomentaron su conservación–, puede leerse de otro modo: Aquiles, frente al cadáver de Patroclo, se rebela, por un momento, contra la ideología bélica que lo ha llevado a preferir la gloria a la felicidad, lo que, implícitamente, para algún lector atento –como fue el Eurípides de <em>Las troyanas</em>, donde los aqueos se presentan, sin tapujos, como asesinos y violadores–, puede ser un alegato contra la guerra. ¿A cuántos les habrán ayudado los versos de Aquiles a poner en palabras su duelo? Pienso en los ensayos, los cuentos, los dramas y los poemas como estrategias para afrontar la vida, como lo son el arte, la filosofía, el psicoanálisis y la amistad.</p>



<p>El ser humano necesita seguridad económica. Los escritores, a pesar de nuestras rarezas, entramos en esa categoría. Con o sin apoyos económicos, el escritor escribe: eso es lo que lo hace escritor. Hay algo perverso en la insistencia de vincular toda actividad humana con la prosperidad económica, como si no hubiera existido un Spinoza, que vivía de tallar lentes y no de escribir filosofía: de todos modos la escribió. Lo fundamental de la escritura, pienso, es rescatar su dimensión colectiva: escribir en comunidad, rodeado de otros seres que han encontrado la felicidad en la escritura. Proyecto utópico en un mundo que se sostiene en la competencia, donde en vez de colegas somos enemigos que se pelean por la beca y el espacio. En medio del laberinto al que nos metimos, con la crisis económica y el desprecio de gran parte de la sociedad por nuestro trabajo, necesitamos hilos de Ariadna que cobijen nuestra apuesta vital. Espacios que surjan no sólo desde la academia, sino desde la periferia: editoriales independientes, plataformas en el mundo digital, entra otras estrategias que, acaso, queden por descubrir.</p>



<p>En cualquier caso, la seguridad económica, la paz y el contento son fundamentales para tener una vida digna. Creo que la apuesta de Faulkner podemos leerla desde el esfuerzo por mantener la creación literaria a resguardo del afán de lucro. Creo que ser felices es uno de los deberes principales de la existencia, aunado al deber de contribuir a la felicidad de los otros. Estoy convencido de que la literatura tiene la potencia de contribuir no sólo a la felicidad de quienes la practicamos, sino a la de los lectores del futuro, para la creación de nuevos hilos de Ariadna para construir una sociedad mejor.</p>
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		<title>Un bosque de símbolos para la era de internet: &#8216;Oscilo entre ver mi teléfono y verte a ti&#8217;, de Rebeca Leal Singer &#124; The trash can of ideology #29</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 May 2022 00:14:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[The trash can of ideology]]></category>
		<category><![CDATA[Ángel de León]]></category>
		<category><![CDATA[Rebeca Leal Singer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>The trash can of ideology #29, una columna de Ángel de León En un momento...</p>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>The trash can of ideology #29, una columna de Ángel de León</strong></p>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p>En un momento de tierna convicción reaccionaria, Borges despotricó contra unos versos que comparaban el rostro de Dios con el brillo de una cuchara. El poeta, nos dice, seguramente pensó en comprarlo con la luna o con la espada, pero el afán de ser moderno lo hizo cambiar de opinión. Por eso, concluye Borges, sólo existen unas cuantas metáforas: lo demás son asociaciones caprichosas de la moda.</p>



<p>Me pregunto qué pensaría Borges del poemario de Rebeca. ¿Le hubiera parecido que la primera imagen, la de tener un espejo todo el tiempo en la mano o la bolsa del pantalón, un espejo en un <em>Iphone</em>, hubiera sido mejor si el espejo estuviera en el mar o en la luna? Pero los versos que inauguran este poemario, <em>Ahora tengo un espejo en mi iphone X,/pero antes, antes no me miraba tanto</em>, reflejan la aparición de algo nuevo, no sólo para ella, sino para una generación. El imperativo de modernidad no rige la voz poética detrás de estos versos llenos de <em>tweets</em>, computadoras y módems; más bien, la conciencia de un cambio de época: antes el mundo no tenía un espejo en un <em>Iphone</em>, antes no se miraba tanto, o acaso – para no caer en la pérfida tentación, denunciada por Borges, de que todas las épocas son iguales, o lo que es peor, que son distintas –, se miraba de otro modo.</p>



<div style="height:56px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p><em>La naturaleza es un templo donde vívidos pilares</em> <br><em>Dejan escapar, de vez en vez, algunas palabras confusas;</em> <br><em>El hombre atraviesa estos bosques de símbolos</em> <br><em>Que lo miran con miradas familiares<a id="_ftnref1" href="#_ftn1"><strong>[1]</strong></a></em></p>



<div style="height:55px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Esos&nbsp; bosques de símbolos, en la época de Baudelaire, estaban hechos de otros pilares. Cada época tiene los suyos, y es posible que, en el fondo, todos digan lo mismo, pero la poesía es el arte del matiz: es el cómo lo dicen lo que interesa al poeta. Disiento de la creencia borgiana de que existen sólo unos cuantas metáforas; más bien, acaso, existan sólo unos cuantos significados: el deber del poeta es descubrir nuevas metáforas, las de su tiempo y su mundo interior, que son inagotables, como inagotables son los matices que estas imágenes brindan a los significados esenciales. Hasta que, acaso, estos mismos, también se transformen: la poesía interviene en los significados – la muerte, el amor, el tiempo, en fin, los grandes temas –, no los expresa, y en esta intervención abre paso a algo nuevo.</p>



<p>No hay nada poético en sí en el romance de una mujer mayor con sus alumnas en una escuela de señoritas de la Grecia Arcaica, como no lo hay en el arte de ligar por <em>twitter</em> o hacerse una <em>selfie</em>. Estas cosas se vuelven poéticas al ser filtradas por la sensibilidad de una voz, al convertirse en otra cosa, ventanas que nos descubren otros mundos que, sin saberlo, son los nuestros. Cuando Rebeca pasea entre dos <em>módems</em> que tiene en su casa, se pregunta de pronto en qué punto exacto se interrumpe la señal de uno y comienza la del otro; la experiencia cotidiana de una red de internet a otra se convierte, así, en reflexión metafísica, en conciencia del problema irresoluble de los límites entre una cosa y otra (entre las naciones, entre las personas, entre las dos cincuenta y nueva y las tres de la tarde):</p>



<div style="height:66px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p><em>En ocasiones ha ocurrido que,</em> <br><em>cuando &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;camino &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;por &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;ese &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;pasillo</em> <br><em>amplio &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;eterno,</em> <br><em>me pregunto cuál es el punto exacto donde termina la señal.</em> <br><em>¿Será que llega hasta el librero blanco y es cortada</em> <br><em>por las enciclopedias filosas?</em> <br><em>¿Será que la luz de la ventana honda arrulla</em> <br><em>hasta el sueño a los cables?</em></p>



<div style="height:61px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Pequeños instantes de crisis que pasamos por alto, no así la poeta, que de pronto nos arroja a la pregunta por el ser de esas cosas inmateriales que hoy (como antaño los dioses o la física newtoniana), determinan nuestra experiencia. ¿Qué cosa es el internet, que rebasa los límites de su soporte material? ¿En qué punto se pasa de lo material a lo metafísico? Rebeca, cuya formación filosófica deviene en su poesía juguetona reflexión lírica, junta ambos planos en el sueño –la fina substancia inmaterial de la que estamos hechos–&nbsp; de los cables&nbsp; –cuya innegable materialidad nos asalta si, por accidente, los rompemos– arrullados por la luz –esa otra entidad extraña que no podemos tocar, como el internet que puede provocar una catástrofe si, a las tres de la mañana, luego de una borrachera melancólica, nos condena a vagar por las calles sin poder pedir transporte que nos lleve a nuestras casas.</p>



<p>Así como no hay nada poético, en sí mismo, en los <em>Iphones</em> y las espadas troyanas, no lo hay en las etapas de la vida: ser viejo o ser joven se revela poético en los versos. Las tribulaciones del que, medio angustiado, medio lleno de esperanza, se separa de sus padres, se condensan en esta confesión que, aunque compartamos, quizás no podamos nombrar:</p>



<div style="height:54px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p><em>Lo único que realmente he querido que</em> <br><em>alguien haga conmigo es que me lancen</em> <br><em>como una flecha en la oscuridad</em></p>



<div style="height:53px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>La poesía, que nos permite nombrar las cosas más allá de la costumbre y el diccionario, enlaza este sentimiento con las cosas que nos parecen tan familiares, que se enrarecen en los versos:</p>



<div style="height:62px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p><em>Debe ser por eso que</em> <br><em>me gusta tanto</em> <br><em>la voz de WAZE</em></p>



<p><em>y la de Google Maps. Esa fuerte</em> <br><em>vibración femenina. Junto</em> <br><em>a mi tímpano. </em>Ve por ahí.</p>



<div style="height:73px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Entonces la voz de <em>WAZE</em> que nos saca del laberinto de <em>Google Maps</em> (que pocos saben interpretar), se convierte en uno de esos vívidos pilares que, si escuchamos con atención, nos dicen confusas palabras, que la poeta desenreda para brindarnos una explosión de música y sentimiento, que, de pronto, enlaza la experiencia de la dependencia tecnológica de los jóvenes con la experiencia de la vejez, imaginada por alguien que pertenece a una generación marcada por el imperativo del movimiento y la velocidad que, de pronto, descubre su deseo de descansar, a despecho del culto a la juventud:</p>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Cállate. No preguntes. <em>No<br>puedo esperar a que alguien se<br>haga cargo. No puedo esperar</em></p>



<p><em>a ser una ciudadana de la<br>tercera edad. Con mi cobija<br>de cuadritos en todo momento.</em></p>



<p><em>Todos deberían imaginarme<br>así de cómoda. Por ahora,<br>procedan a meterme</em></p>



<p><em>adentro del cohete. Pónganme el cinturón<br>de seguridad. ¡Tres! La ventanita<br>se comienza a zangolotear. ¡Dos!</em></p>



<p>Fantasía que se conecta, al fin, con la nostalgia de la niñez:</p>



<p><em>Le digo adiós a Mamá y<br>Papá. ¡Uno! ¡Ay, mierda! ¡Se me olvidaron<br>mis lentes! ¡Esperen!</em></p>



<div style="height:65px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>En estos ires y venires, Rebeca se cuestiona por la identidad a partir de su identificación juguetona con un capibara, cuyo nombre científico significa “cerdo de agua”, <em>y eso no me gustó/pero qué puedo hacer yo/si es lo que soy</em>; da voz a una computadora, que de imagen del progreso y las posibilidades inagotables de la tecnología, pasa a serlo de la obsolescencia programada que, acaso, no afecta sólo a las máquinas, sino a nosotros, pues ellas son nuestros símbolos, que anhelan la muerte al enterarse de que <em>“había un nuevo modelo de mí/en la tienda”; </em>se enfrenta al dolor de la historia y la terrible conciencia de los miles de milagros y catástrofes sin los cuales no habría sucedido el presente, asomando a las heridas de su herencia judía a partir de la experiencia culinaria de unas papas que le gustan a su padre, nombradas en honor a las batallas de Saratoga, sin las cuales <em>“no habría Sabritas/ni variedad de papitas/así como si no hubiera/habido Auschwitz/no hubiera habido/yo”.</em></p>



<p>Como lo anuncia el título del poemario, entre el encuentro con el propio reflejo en el espejo del Iphone y el encuentro con el otro, Rebeca nos ofrece un autorretrato lírico, donde nos habla de sus alegrías, sus dolores y sus recuerdos. Y a través de su autorretrato, luminoso incluso cuando evoca el dolor y la nostalgia, como en la red que todo lo conecta, aparecemos nosotros, sus lectores que, con ella, descubrimos que las cosas sí que son poéticas, sólo hacía falta alguien que les permitiera cantar.</p>



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<p><em>Selfie</em></p>



<p><em>Ahora tengo un espejo en mi iphone X,<br>Pero antes, antes no me miraba tanto.<br>Si miraba abajo podía ver mis manos,<br>si miraba arriba podía ver mis techos.<br>Debo aceptar que de vez en cuando<br>buscaba reflejo en las transparencias<br>y cuando al fin veía una foto mía pensaba:<br>así puedo ser también<br>—la flor más seca del ramo—<br>Pensaba: así puedo ser también<br>y cuando al fin veía una foto mía,<br>buscaba reflejo en las transparencias.<br>Debo aceptar que de vez en cuando,<br>si miraba arriba podía ver mis techos,<br>si miraba abajo podía ver mis manos,<br>pero antes, antes no me miraba tanto.<br>Ahora tengo un espejo en mi iphone X.</em></p>



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<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Charles Baudelaire. “Correspondances”, en <em>Las flores del mal. </em>Traducción propia</p>
<p>La entrada <a href="https://triadaprimate.org/un-bosque-de-simbolos-para-la-era-de-internet-oscilo-entre-ver-mi-telefono-y-verte-a-ti-de-rebeca-leal-singer-the-trash-can-of-ideology-29/">Un bosque de símbolos para la era de internet: &#8216;Oscilo entre ver mi teléfono y verte a ti&#8217;, de Rebeca Leal Singer | The trash can of ideology #29</a> se publicó primero en <a href="https://triadaprimate.org">Tríada Primate</a>.</p>
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