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	<title>Meditación en el umbral archivos - Tríada Primate</title>
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		<title>Hay que llorar hasta romperse &#124; Meditación en el umbral #23</title>
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		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Feb 2022 04:29:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación en el umbral]]></category>
		<category><![CDATA[´Nadie Bernal]]></category>
		<category><![CDATA[El dolor de vivir en Woodstock]]></category>
		<category><![CDATA[Fabi Bautista]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Meditación en el umbral #23, una columna de Fabi Bautista A los que viven deprimidos...</p>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Meditación en el umbral #23, una columna de Fabi Bautista</strong></p>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p class="has-text-align-right" style="font-size:16px"><em>A los que viven deprimidos y sienten que no pertenecen;<br>a los que hicieron de la música su propio hogar</em>.<br>Nadia Bernal</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>Como el dolor de una cicatriz que traza sus hilos por la piel que habita, la poesía de Nadia Bernal transita por cada rincón del cuerpo para desentrañar en sus versos la raíz del miedo, de la ira, de la angustia. Su obra <em>El dolor de vivir en Woodstock (2019)</em> resuena con creces en medio de una sociedad indiferente ante el sufrimiento humano y es justo en el eco de la impasibilidad y el desdén que la poeta coloca con sagacidad lo que pocos se atreven a pronunciar.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>I<br><br>Siempre he tenido un mal carácter. Desde hace <br>unos años el humor que tengo se reduce a no <br>encontrarle sabor a las cosas; a mascar mi pelo<br>y a despertarme con náuseas. Nunca había  <br>tenido un pedazo de vidrio que lastimara mi <br>mano derecha. Nunca había pensado en que <br>un pedazo de vidrio acabara con este malestar.</p></blockquote>



<p>Si autoras como Sylvia Plath, Anne Sexton y Alejandra Pizarnik — esta última de quien la autora retoma <em>Para Janis Joplin</em> — han explorado en sus obras la depresión, la agonía y el suicidio, Nadia Bernal añade su voz poética a través de una introspección donde sus letras implican un retorno hacía sí misma, hacia el yo aún doliente que, paradójicamente, sufre en silencio. Su poesía se erige fuerte no sólo por la temática, sino por la invitación abierta hacia su hogar, su pasado, sus pensamientos más íntimos y sus memorias.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Ojalá que al abrir los ojos no deteste mi cara en el espejo<br>y mi boca no amanezca hinchada, las palabras que dijo papá<br>cuando tenía diez años<br>son las mismas que grita esta noche:<br><em>tu mamá es una puta.</em></p></blockquote>



<p>Conforme la lectura avanza recorremos junto con la autora las heridas de la infancia y la indiferencia. Es con el mover de cada página donde nos damos cuenta que el dolor enunciado por la poeta es también un dolor colectivo, no síntoma, sino reflejo de una epidemia silenciosa que arremete con 280 millones de personas en el mundo y que, sin embargo, aún no nos atrevemos a nombrar en voz alta: depresión.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><strong>El día que mi padre quedó</strong><br><strong>desempleado <br></strong>tuve que asumir que mis enfermedades <br>se quitaban con cualquier analgésico,<br>la ropa desgastada nunca me pareció un <br>problema<br>hasta que descubrí que mi cuerpo se <br>desgastaba con ella<br>y conforme cumplía años<br>la depresión me dejaba más tiempo <br>tirada en la cama.</p></blockquote>



<p>En medio del dolor, aquel festival de música se convierte en el leitmotiv que, cual paraíso idílico, se presenta como un escape o siquiera como un suspiro en el cúmulo de la noche. Así, ya sea por alusión o referencialidad, por la presencia de su música o porque sostiene conversaciones con ellos, es recurrente entre sus versos la presencia de figuras como Joe Cocker, Janis Joplin, Carlos Santana, Jimi Hendrix, Joan Baez, Bob Dylan y Richie Havens.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Perder el encanto y llenarme de sudor, <br>porque mi reflejo<br>consta en alzar las piernas y escuchar folk, <br>ver las mulecas sin ojos<br>rayadas de la cara,<br>y escuchar a Joan Baez <br>porque ese nombre la negó <br>como papá lo hizo conmigo<br>el día en que estuve en el hospital.</p></blockquote>



<p>Su poemario despierta una terrible realización: el sufrimiento que cada ser humano lleva consigo cohabita en el dolor del mundo, uniendo sus hilos uno a uno hasta que la sensación de asfixia es ineludible. Uno no puede evitar cuestionarse cómo no vivir en un estado constante de rabia, miedo y duelo ante el país que siembra muertas, ante el México —que es en realidad toda Latinoamérica— donde reina la injusticia, la muerte y la pobreza. La poeta lo retrata sin tapujos, rompiendo con el estigma de la escritura femenina —no menos importante, por supuesto— que se aboca a la dulzura.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Una persecución me hizo entender<br>que tirar los vestidos de mi armario no sirve <br>de<br>nada,<br>evitar los callejones oscuros no sirve de nada. <br>Llegar antes de las 8 a casa no sirve de nada, <br>ni usar el vagón rosa o no salir de la cama,<br>no hay un lugar seguro<br>porque en mi casa vive un hombre que <br>observa<br>mi cuerpo<br>y no deja de mirarlo […]</p></blockquote>



<p>La poesía de Nadia adquiere eco con cada verso que nos remite al México feminicida que asesina diez mujeres al día, a la Latinoamérica cruel e injusta donde una mujer es asesinada cada dos horas. Hallo entre sus líneas la rabia que trastoca como ruido sordo a la sociedad machista, violenta y misógina donde ser mujer es ya un acto de resistencia.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>soy un objeto listo para la pornografía, <br>un par de tetas que buscan el aumento en <br>propagandas<br>nunca en los curules<br>en donde se rechaza<br>que a Martha la mató su esposo <br>que Carmen fue violada<br>que las niñas tienen el precio más alto <br>si se habla de prostitución.</p></blockquote>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>“Seamos intolerantes al silencio” proclama la académica y escritora guatemalteca Guisela López ante la imperante ola de violencia que viven las mujeres de todo el mundo. Y es así como en <em>El dolor de vivir en Woodstock</em> se escucha también el grito de denuncia; nombrando los horrores de la violencia porque no podemos combatir lo que no decimos en voz alta.<br><br><em>Hay que llorar hasta romperse<br></em>gritar aunque nos olviden<br>aunque nos metan la mano <br>debajo de la falda<br>y nos obliguen <br>a saludar de beso<br>al hombre que nos dio golpes en la cara,</p></blockquote>



<p>El <em>yo</em> poético que asume Nadia también somos todas y juntas nombramos la violencia porque hacerlo es también posibilidad de lucha, de resistencia, de sanación. “Seamos intolerantes al silencio” concluye Guisela “para que ni una más sea despojada de abril, del viento y de la lluvia”.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Gritar aunque nos olviden, <br>y nos maten<br>y nos abandonen a diez kilómetros <br>de nuestra casa,<br>aunque digan que fue un crimen pasional <br>y que nosotras lo buscamos.</p></blockquote>



<p>A <em>El dolor de vivir en Woodstock </em>llegué por coincidencia. Con cada pasar de hoja esta obra, prestada por un querido amigo, se convierte en bálsamo. La autora zapoteca Natalia Toledo escribe en <em>El dorso del cangrejo (2016) </em>lo siguiente: “Ponle nombre a tu tristeza, para conocer el nombre de lo que añoras” y aquí hay un llamado con urgencia a nombrar el dolor y la rabia para materializarlas, reconocerlas. La poesía de Nadia, íntima y reveladora, traza las cicatrices para finalmente posar sus manos sobre la herida abierta y, sólo así, sanar.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Hay que gritar tanto para cubrir <br>los agujeros de la ausencia<br>hay que gritar tanto <br>para llenar el vacío <br>que nos dejó no volver<br>a escuchar a Janis Joplin, <br>hay que gritar tanto <br>para llenar el vacío<br>que nos dejó no volver <br>con nuestras madres.</p></blockquote>



<div style="height:100px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p>*La imagen pertenece a la obra de la artista ucraniana Maria Frenzy. </p>



<div style="height:29px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p><strong>Bibliografía<br></strong>Bernal, N. (2019). El dolor de vivir en Woodstock. Ediciones El Humo.</p>
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		<title>Hablemos sobre masculinidades (primera parte) &#124; Meditación en el umbral #22</title>
		<link>https://triadaprimate.org/hablemos-sobre-masculinidades-primera-parte-meditacion-en-el-umbral-22/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Sep 2021 23:45:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación en el umbral]]></category>
		<category><![CDATA[Fabi Bautista]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Género]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Meditación en el umbral #22, una columna de Fabi Bautista Drogas, sexo y dinero bajo...</p>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Meditación en el umbral #22, una columna de Fabi Bautista</strong></p>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p>Drogas, sexo y dinero bajo la opulencia y los excesos, quizás ésta sea la descripción más acertada que viene a mi mente al rememorar <em>El Lobo de Wall Street</em> (2013), filme del aclamado director norteamericano Martin Scorsese. Los ochenta y <em>blues</em> de fondo permiten al espectador conocer al protagonista, Jordan Belfort, accionista y fundador de Stratton Oakmont, casa de corredores de valores. A través de la magnánima actuación de Leonardo DiCaprio, somos introducidos a una trama envolvente bajo una premisa a la que muchos aspiran: el hombre de clase media convertido en multimillonario gracias a su astucia, carisma e ingenio, por no mencionar su capacidad de sabotaje y engaño.</p>



<p>Si la película es una glorificación del cual fuera uno de los mayores fraudes financieros o no, lo cierto es que sus elementos narrativos, simbólicos y fílmicos son dignos de múltiples análisis bajo el lente crítico. Hoy, sin embargo, no me remitiré al sentido moral de la película, ni al hedonismo contemporáneo enmarcado a través del paradójico declive de Belfort. Considerado por muchos como uno de los roles más notables de DiCaprio a lo largo de toda su trayectoria, El Lobo de Wall Street sienta — bajo una óptica exacerbada — un tema que ha cobrado fuerza en las últimas décadas a partir de los estudios de género: la masculinidad.</p>



<p>Si el movimiento feminista centró sus reflexiones en torno a la condición de la mujer, las implicaciones de la feminidad y la diferencia sexual, reconociendo que lo que hemos categorizado como femenino-masculino responde a valores sociales, culturales e históricos propios de cada contexto, en los últimos años este análisis ha derivado en nuevos objetos de estudio enfocados en lo masculino también como constructo social. Entender el género masculino a partir de una categoría analítica ha permitido que el diálogo se oriente a temas como la paternidad, la sexualidad, el machismo y las relaciones afectivas, entre otros, apelando a relaciones sanas y abiertas no sólo consigo mismos, sino con su entorno.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>[…] ello es el resultado de una preocupación teórica y política de algunos sectores académicos y de las organizaciones civiles por identificar la forma en que los hombres viven no sólo el mundo de lo público sino también en sus relaciones personales y su existencia cotidiana </p><cite> <p>Guevara, 2008, p. 72</p></cite></blockquote>



<p>Ahora bien, vayamos por pasos ¿qué estamos entendiendo por masculinidad? ¿existe más de un tipo? Y, si es así ¿cuál prevalece sobre las otras y por qué? Antes de pasar al análisis del personaje de Jordan Belfort, en esta primera entrega me centraré en introducir algunos conceptos que nos permitan entender por qué <em>El Lobo de Wall Street</em> es uno de los parteaguas idóneos para hablar de masculinidad hegemónica, hipermasculinidad, roles y estereotipos de género. Entonces, retomando lo que nos concierne, resultado de las reflexiones y aproximaciones teóricas, podemos entender la masculinidad como “el conjunto de atributos, valores, comportamientos y conductas que son características del hombre en una sociedad determinada” (CNDH, s.f., p.1).</p>



<p>Ésta es una afirmación que se repite constantemente dentro de los estudios de género, pero, si se ha aceptado y conceptualizado la feminidad como un constructo, era de esperarse que también se comience a reflexionar sobre las implicaciones sociales, culturales, políticas e históricas de lo masculino. Dado lo anterior es que se establece que ser hombre o mujer no se reduce a una realidad biológica (de donde podemos entender el concepto de sexo), sino que la forma en que lo hemos conceptualizado al grado de naturalizarlo es aprendida culturalmente:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Esa interpretación cultural es lo que llamamos “género”: un dispositivo de poder, un guion, que socializa a los cuerpos con pene en la masculinidad, para que se conviertan en varones, y a los cuerpos con vagina en la feminidad, para que se conviertan en mujeres. </p><cite>Instituto de Masculinidades y Cambio Social, 2019, p. 10</cite></blockquote>



<p>Nos educan para ser hombres y mujeres, quizá no somos conscientes de ello, no es que alguien llegara un día y nos dijera “te voy a explicar todo lo que necesitas para ser un hombre o una mujer”. Por el contrario, ocurre de maneras tan sutiles a través de convenciones sociales, valores, costumbres, productos culturales y demás, que resulta difícil —pero no imposible— cuestionar las ideas con las que nos hemos visto rodeados desde el momento en que nacimos. Ahí ocurre la naturalización del género, puesto que vemos como nato e inamovible características que realmente han sido construidas socialmente; por ejemplo, las mujeres son sensibles por “naturaleza”, mientras que los hombres son estoicos y poco dados a demostrar sentimientos.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Entonces, nuestras formas de actuar, de ser, de sentir no responden a diferencias naturales entre los varones y las mujeres, sino que son resultado de lo que llamamos socialización de género. Es decir, de las formas en que nos crían y educan en lo que es masculino o femenino según la cultura y el momento histórico. </p><cite> <p>Instituto de Masculinidades y Cambio Social, 2019, p. 10</p></cite></blockquote>



<p>A partir de lo anterior podemos introducir los conceptos de estereotipos y roles de género. Mientras los primeros se emplean para designar las “etiquetas” que “dictan las características para cada sexo”, los segundos derivan en las “normas de comportamiento, actividades o tareas permitidas para hombres y mujeres” (Comisión Nacional de los Derechos Humanos, 2019, p. 11).&nbsp; Es decir, mientras a las mujeres se les ha asociado con elementos como la pasividad, la sumisión y la condición de objeto, a los hombres se les han atribuido una serie de características como la fortaleza, la valentía, la tenacidad y el ímpetu sexual. Asimismo, en el <em>ABC de la Perspectiva de Género y las Masculinidades</em> (2019) se identifican cinco roles tradicionales de género designados a los hombres: padre, jefe, líder, protector y proveedor.</p>



<p>A partir de lo anterior, es natural cuestionarse qué tiene de negativo el que se asocien ese tipo de características a lo masculino, si incluso éstos pueden ser considerados como una serie de atributos en su mayoría positivos. En primera instancia, es preciso mencionar que “el sistema patriarcal ha colocado a mujeres y hombres en situaciones de desigualdad” (CNDH, 2009, p. 4) que usualmente los beneficia a ellos. No obstante, el acceso a estos privilegios responde al modelo de masculinidad hegemónica, cuyas características tienen que ver también con la orientación sexual, la raza y el nivel socioeconómico, entre otros.</p>



<p>Es decir, quien no cumpla con este modelo de masculinidad tradicional es relegado, violentado o fuertemente criticado. Sí, el patriarcado te beneficia, pero en su mayoría lo hace cuando eres un hombre blanco, heterosexual de clase media alta que, además, debe cumplir con todos los estereotipos y roles de los que hablamos con anterioridad. Esto pone en tela de juicio qué tan sanas son realmente las características que se le han atribuido a la masculinidad tradicional y a quiénes benefician. En otras palabras, aunque muchos hombres no lo noten o no quieran hacerlo, el sistema patriarcal perpetúa una serie de imposiciones violentas, dañinas y desiguales consigo mismos, con sus lazos familiares y afectivos, así como con su comunidad. Y, para ti… ¿qué significa ser hombre?</p>



<div style="height:100px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p><strong>Referencias bibliográficas</strong></p>



<ul class="wp-block-list"><li>CNDH. (s.f.). <a href="https://www.cndh.org.mx/sites/default/files/doc/Programas/Ninez_familia/Material/trip-respeto-dif-masculinidades.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Respeto a las Diferentes Masculinidades</a>. [Archivo PDF]. </li><li>CNDH México. (2019). <em><a href="http://mexicosocial.org/wp-content/uploads/2019/11/ABC-de-las-masculinidades.-CNDH.-2019.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">ABC de la Perspectiva de Género y las Masculinidades</a></em>. [Archivo PDF]. </li><li>Guevara, Elsa S. (2008). <a href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0187-01732008000100004&amp;lng=es&amp;tlng=es" target="_blank" rel="noreferrer noopener">La masculinidad desde una perspectiva sociológica: Una dimensión del orden de género. <em>Sociológica</em></a><em> (México)</em>, <em>23</em>(66), 71-92. </li><li>Instituto de Masculinidades y Cambio Social. (2019). <em><a href="https://argentina.unfpa.org/sites/default/files/pub-pdf/Varones%20y%20Masculinidades.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Varones y masculinidad(es). Herramientas pedagógicas para facilitar talleres con adolescentes y jóvenes</a></em>. [Archivo PDF]. </li></ul>
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		<title>No soy la mala del cuento (parte final) &#124; Meditación en el umbral #21</title>
		<link>https://triadaprimate.org/no-soy-la-mala-del-cuento-parte-final-meditacion-en-el-umbral-21/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[josenatsuhara]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Aug 2021 04:07:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Meditación en el umbral]]></category>
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		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
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<p class="has-medium-font-size"><strong>Meditación en el umbral #21, una columna de Fabi Bautista</strong></p>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p>Cenicienta y Blanca Nieves tenían una madrastra cruel, la Bella Durmiente cayó ante el hechizo de un hada vengativa, Hansel y Gretel se toparon con la bruja malvada que comía niños… Ya sea en las páginas de los cuentos infantiles o en las adaptaciones a la pantalla grande, los ejemplos de la <em>mujer mala</em> conforman una lista casi interminable de personajes con los que nos hemos familiarizado a través de los años.</p>



<p>Si bien algunas de estas figuras, caricaturizadas al borde de lo cómico pese a ser despreciables (pienso en Cruella de Vil, por ejemplo), generan en nosotros —los espectadores— cierta risa o incluso desagrado hasta quedar satisfechos con el “y vivieron felices por siempre”, lo cierto es que detrás de estas historias se desprenden mensajes que alimentan el imaginario construido en torno a la figura de la mujer o, mejor dicho, de la mujer mala.</p>



<p>En el número anterior platicaba acerca de las brujas y las madrastras, figuras que comienzan a reivindicarse en la actualidad, reflejo de un mundo en constante cambio que demanda ya no reducir el papel de la mujer a la dicotomía bueno-malo, sino —en su lugar— reconocernos y visualizarnos como individuos con matices complejos que de ninguna manera estarán dictados por los ideales que cumplen o no.</p>



<p>Si las primeras estrofas de Ana Elena Pena se enfocan en recoger personajes como la bruja, la loba y la madrastra para declarar sin tapujos “siempre fui para ti la mala del cuento”, es en los siguientes versos donde hallamos qué es verdaderamente ser una <em>mujer mala</em>, al menos ante los ojos de una sociedad machista y misógina escudada bajo el patriarcado. Es así como la poeta española revela que aquella maldad con la que siempre han etiquetado a la mujer no reside en actos crueles, sino en revelarse contra la norma, en buscar la libertad que no se espera de nosotras:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><em>Será… porque nunca creí</em> <br><em>en los besos de amor eterno</em> <br><em>de príncipes descafeinados</em> <br><em>y referí correr descalza</em> <br><em>a usar zapatos de cristal.</em></p></blockquote>



<p>El elemento intertextual hace una clara alusión a Cenicienta, historia nacida de la tradición oral y popularizada por el escritor francés Charles Perrault y los hermanos Grimm. A simple vista podría parecer que la crítica se dirige hacia los cuentos de hadas, en cuyas relecturas contemporáneas se han encontrado numerosos estereotipos de género. Sobre esta línea, la antropóloga mexicana Marcela Lagarde plantea en su obra <em>Claves feministas para la negociación en el amor</em> (2001) que:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Entre muchísimas mujeres es muy frecuente la experiencia de la contradicción entre lo que anhelan y lo que viven. Y eso que anhelan está frecuentemente marcado por los mitos amorosos aprehendidos. […] Los mitos se nos presentan ya organizados en historias que conocemos, en leyendas que escuchamos, en literatura que leemos. También se nos presentan organizados como fantasías. (pp. 68-69)</p></blockquote>



<p>Si bien es necesario reconocer que la literatura —al igual que las demás artes— posee una gran influencia en torno a la construcción social y cultural del amor, así como lo que implica ser hombre y mujer, punto de donde derivan numerosas idealizaciones y fantasías que reproducimos en nuestro día a día, mi comentario no apunta a la narrativa de los cuentos, ni sus personajes. En su lugar, busco con este poema una reflexión en torno a la idea de femineidad que de ellos deriva.</p>



<p><em>O será</em> <br><em>porque no me amedrantan las fieras</em> <br><em>ni me arrodillo ante reyes,</em> <br><em>pues no tengo amo a quien temer</em> <br><em>ni tampoco siervas</em> <br><em>que cepillen mi cabello</em> <br><em>antes de irme a la cama.</em></p>



<p>¿Por qué para el patriarcado resulta amenazante una mujer libre? ¿Por qué la mujer sabia y poderosa es una bruja? ¿Por qué quien no es madre es automáticamente cruel? ¿Por qué somos representadas en los medios como unas locas sedientas de poder? Lo femenino se ha valorizado en expectativas e ideales que reproducen un sistema injusto para las mujeres, que hace vislumbrarnos a nosotras mismas como las villanas del cuento por buscar la independencia, el poder o libertad a la que aspiran los hombres. ¿Qué ha ocurrido? Lo que ya desde hace siglos se cosecha, despertamos:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>A partir de su propia revalorización las mujeres se han percibido positivas y han impugnado lo exterior a ellas. Ahí encontraron el mal, lo opresivo; en el sistema, en los hombres, en las relaciones, en las costumbres, en las tradiciones. Y reinterpretaron la historia, para entender, desde su lugar en el mundo. (Lagarde, 1990, p. 5)</p></blockquote>



<p>Y yo no pretendo reivindicar a quien alimenta un sistema injusto, jamás defenderé la crueldad, ni lo inhumano. No obstante, vale la pena cuestionar la representación de las mujeres en los medios, en la literatura, en el arte. Es necesario reflexionar por qué cuando no estamos siendo elevadas en pedestales inalcanzables, se nos orilla al exilio de lo malévolo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Así, la mujer, a lo largo de los siglos, ha sido elevada al altar de las deidades y ha aspirado el incienso de los devotos. Cuando no se la encierra en el gineceo, en el harén a compartir con sus semejantes el yugo de la esclavitud; cuando no se la confina en el patio de las impuras; cuando no se la marca con el sello de las prostitutas; cuando no se la doblega con el fardo de la servidumbre; cuando no se la expulsa de la congregación religiosa, del ágora política, del aula universitaria. (Castellanos, 1973, p. 10)</p></blockquote>



<p>Mujer mala… ¿ante los ojos de quién? ¿de ti o del patriarcado? No, en definitiva, no soy la mala del cuento.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><em>No soy tan mala, muchacho,</em> <br><em>ni maléfica,</em> <br><em>ni cruel,</em> <br><em>así que no me culpes</em> <br><em>de tus desdichas y miserias,</em> <br><em>porque tú ya eras un sapo</em> <br><em>mucho, mucho antes</em> <br><em>de que apareciera yo.</em></p></blockquote>



<p><strong>Esta es la última entrega de análisis a un fragmento de la poesía de Ana Elena Pena, puedes leer la columna anterior aquí:</strong></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-triada-primate wp-block-embed-triada-primate"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="7A7BuhYRD2"><a href="https://triadaprimate.org/no-soy-la-mala-del-cuento-primera-parte-meditacion-en-el-umbral-20/">No soy la mala del cuento (primera parte) | Meditación en el umbral #20</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted"  title="«No soy la mala del cuento (primera parte) | Meditación en el umbral #20» — Tríada Primate" src="https://triadaprimate.org/no-soy-la-mala-del-cuento-primera-parte-meditacion-en-el-umbral-20/embed/#?secret=JxdBaOPzJd#?secret=7A7BuhYRD2" data-secret="7A7BuhYRD2" width="600" height="338" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p><strong>Clic aquí para leer el poema completo:</strong></p>



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<p><strong>*La imagen pertenece al artista norteamericano Coles Phillips.</strong></p>



<div style="height:100px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator is-style-wide"/>



<p><strong>Referencias bibliográficas</strong></p>



<ul class="wp-block-list"><li>Castellanos, R. (1973). <em>Mujer que sabe latín</em>. Fondo de Cultura Económica.</li><li>Lagarde, M. (1990). <em>Identidad femenina</em>. CIDHAL.</li><li>Lagarde, M. (2001).<em>Claves feministas para la negociación en el amor. </em>Puntos de Encuentro.</li></ul>
<p>La entrada <a href="https://triadaprimate.org/no-soy-la-mala-del-cuento-parte-final-meditacion-en-el-umbral-21/">No soy la mala del cuento (parte final) | Meditación en el umbral #21</a> se publicó primero en <a href="https://triadaprimate.org">Tríada Primate</a>.</p>
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