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El Tajo abierto y la Nada Absoluta: Ejercicios de respiración para la auto expresión artística en Cerro de Pasco [Prólogo a ‘Voces de plomo’, antología cerreña] | José Natsuhara

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A 4380 m s. n. m. (metros sobre el nivel del mar) se dibuja Cerro de Pasco, la ciudad más alta del planeta, capital de Pasco y baluarte nacional de la codicia. Y es aquí donde, contra todo pronóstico, se mantiene aferrada la vida humana como un molusco desquiciado. El caracol del teniente Kurtz en Apocalypse Now, deslizándose sobre el filo de una navaja.

Las raíces mineras de este territorio peruano se remontan a una de las leyendas locales. Se corre la voz, se especula oficialmente, que el indio Huaricapcha, al rededor de 1630, al encender una fogata en una cueva, topó sus ojos con un concierto de metales preciosos. Cerro de Pasco, como resultado, firmó allí un hado: 400 años de explotación minera española, un relevo de dueños con la firma norteamericana Cerro de Pasco Investment Company, y finalmente la metamorfosis de este último negocio en la Empresa Minera del Centro del Perú (CENTROMIN).

Minería de tajo abierto, Cerro de Pasco. Fotografía de David Chávez Segura

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