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Poesía y Humanidades

«Adonis ¿te gustan los hombres?» El vampiro de la colonia Roma | El espejo enterrado #19

4 minutos de lectura

El espejo enterrado #19, una columna de Daniel Luna


Un verdadero reto, una de las confesiones
literarias más explosivas, uno
de los libros más divertidos de la
literatura mexicana.

­Eduardo Mejía

En 1979 se publicó una novela con resultados sin precedentes. Un obra revolucionaria la cual transformo el mundo literario y cultural en México. Al igual que muchas otras grandes historias fue rechazada por el contexto y la sociedad de su momento; grandes escándalos y limitaciones editoriales intentaron detener el avance de un movimiento libertario impulsados por letras y papel.

Al igual que antes, este ejercicio de innovación se convirtió en el estandarte de toda una corriente artística. El vampiro de la colonia Roma es una novela considerada como el clásico dentro de la literatura homosexual en este país. Además, en general, el trabajo de Luis Zapata llevó a la letras mexicanas a salir del clóset con clase y estilo, impulsando a esta poética hacia la canonización que necesitaba. Por lo anterior, con el objetivo de resaltar la importancia de este libro, su valor debe desglosarse en un estudio serial con cuatro puntos esenciales.

El primero comienza con la naturaleza de la década en la que el libro se publicó. La onda había ido y venido, pero su inusual semilla germino varios años después. Zapata como heredero de este movimiento, utilizó el rompimiento de las normas para dotar de un carácter propio a su historia. El formato que resultó de ello fue la transcripción de una entrevista en siete cintas magnéticas.

Cada una de estas grabaciones resuena en la mente del lector lo cual garantiza el goce de sus relatos, pues esta dinámica sumerge a cualquiera en una conversación directa con Adonis García, quien palpita hoja por hoja mientras se sostiene su esencia en las manos.

Al punto anterior se suma la segunda observación relacionada con el modelo que inserta al libro en la tradición picaresca. En México, esta literatura tiene un origen establecido, sin embargo, este lazarillo es diferente. No solo por sus intereses, sino por la sinceridad con la que cuenta su desventuras, pues jamás se refleja como víctima y siempre recibe las circunstancias de su existencia con una divertida sonrisa.

El tercer punto en este análisis es la propiedad testimonial que El vampiro de la colonia Roma ofrece a sus consumidores atemporales. En ella se conserva el espíritu moderno de la ciudad más grande del país en los años 70. La realidad en aquel entonces era muy diferente, bajo los pies de una metrópolis cosmopolita se aletargaba una población vulnerable en búsqueda de una oportunidad para sobrevivir un día a la vez.

Adonis García, como representante de esta situación, guía a su interlocutor por escenarios característicos de la Ciudad de México. No obstante, este recorrido parte desde una visión alternativa invisible a los ojos de los bugas. Lo anterior se observa en las descripciones de aquellos espacios públicos los cuales por la noche reciben a las personas que ocultan una vida de la luz del sol. Banqueros, policías, obreros y políticos, gente de onda quienes buscan los colmillos del vampiro de la colonia Roma.

Precisamente por la calidad del reflejo en sus páginas, la censura para este libro se consolido como una barrera impenetrable, pues la condición que narraba era un secreto a voces que el discurso oficial convirtió en tabú. Asimismo,  el último elemento es la suma de los tres primeros pues la historia de Adonis propone la construcción de un universo gay con diégesis y actantes.

En El vampiro de la colonia Roma se encuentran un gran cantidad de narrativas que solo serían posibles en otro libro escrito por Luis Zapata. Ejemplo de ello son Loreta la fuerta y Coral, gente de ambiente que se presentan como la muestra tangible y cruda de los detalles de la homosexualidad. Sin reparo, Adonis ahonda en las imágenes de estas experiencias con la intención de señalar la cantidad realidades que ocurren y nadie comenta.  

Finalmente, la operación de los cuatro valores en la obra de Zapata resulta en una explosión de emociones que abren la perspectiva del lector a la fuente de otras lecturas. Un ejercicio que induce a una serie de infinitas posibilidades en donde se encuentran la materia prima para la literatura debido a que verdaderamente existen personas con una vida de novela.

Gracias a la presencia del El vampiro de la colonia Roma en la literatura mexicana se brinda una oportunidad a la tolerancia e inclusión de estas historias que forman una parte constitutiva del ser humano. Por más que se intente, resulta imposible invalidar las aportaciones de Luis Zapata y Adonis García. Juntos, creador y personaje, iniciaron un discurso de liberación que detono en una crisis sistemática de la cual hoy nacen las expresiones artísticas de la diversidad sexual.



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