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Poesía y Humanidades

Antónimos | Deconstruyendo la otredad #22

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Deconstruyendo la otredad #22, una columna de Beli Delgado

La semana pasada terminó el Club de Literatura Japonesa por la Asociación de Japonistas Chile. El entusiasmo y buena fe de Jacinta Tejeiro son aspectos remarcables y dignos de aprecio. Jacinta generó una convivencia respetuosa y ansiosa por conocer y compartir más de lo que estaba previsto. Después de esta especie de agradecimientos, me queda hablar de uno de los textos que leímos y del cual, cabe mencionar, la adaptación de Aoi Bungaku en animación es inigualable. Hablo pues de Indigno de ser humano de Osamu Dazai. 

En este pequeña novela escrita en primera persona, se narran las dudas, pensamientos, ansiedades y episodios tempestuosos de Yozo, un joven que pertenece a una familia acomodada y que al paso del tiempo, logra darle giro a su infancia “estable”. Todo es un juego dual entre lo que parece la normalidad del desenvolvimiento de Yozo y lo que guarda: una cruel y sombría idea de sí mismo en medio de un camino en declive tortuoso.

La obra es tosca y maravillosa como un trago de whisky seco —o más bien debería hacer referencia al sake —, actúa como símil de una embestida muy particular, toca las fibras de la “humanidad defectuosa” vista desde polos radicales.

¿Qué implica ser humano?
¿Qué significa nuestra pertenencia a la sociedad?
¿La necesidad de encajar nos destruye siempre en algún grado?

Yozo nos provoca repensar nuestra existencia y naturalidad en el mundo. Sin preámbulo, me atrevo a saltar a un apartado en donde el protagonista y su amigo Horiki conversan acerca de los antónimos (Dazai, 133.134.136.137):

El antónimo de negro es blanco, pero el de blanco es rojo; y el de rojo, negro.
—¿Cuál es el antónimo de flor?
—Mmm… Como había un restaurante llamado Hanatsuki, será luna, ¿no?
—No, esto no es un antónimo; más bien se trata de un sinónimo. ¿No ocurre lo mismo con estrella y violeta? Son sinónimos, no antónimos. […]
—Entonces, ¿cuál es el antónimo de mujer?
—Entrañas. […]
—Delito. ¿Cuál es el antónimo? Esta es difícil, ¿eh?—pregunté, aparentando calma.
—La ley —repuso tan tranquilo. […]
—No es cierto. […]
—No creo… El antónimo de delito es bondad. Digamos que un ciudadano bondadoso como yo.
—¡Déjate de bromas! Pero bondad es el antónimo de maldad, no el de delito.
—¿Son diferentes maldad y delito?
—Creo que sí. La bondad y la maldad son conceptos inventados por el ser humano, palabras de una moralidad que se fabricó a su gusto.

Obviamente, después de ello encontramos una referencia a Crimen y Castigo de Dostoyevsky. De manera simple, los antónimos se conocen como los opuestos o  inversos de una palabra en específico, sin embargo cuando creemos saber qué significa, cómo está compuesta o qué tipo de rasgos semánticos conforman una palabra, nos damos cuenta de que los antónimos y sinónimos a nivel léxico y morfológico son casi inexistentes.

De esta forma, más que aspectos semánticos y pragmáticos, es necesaria otra especie de concepción para crear los vínculos, relaciones u oposiciones entre palabras. La propuesta en la narración resulta más bien de carácter poético y, sorprendentemente se muestra efectivo en la formación de opuestos en significados y sentidos.  

Desde mi perspectiva, en la conversación entre Yozo y Horiki hallamos mucha iluminación, no sólo al nivel de las palabras, sino de la vida misma, ¿cómo construimos los opuestos? ¿Cómo desarrollamos la periferia y la otredad? Es un asunto que trasciende la ideología, la filosofía, la lengua, que atraviesa y desgarra las percepciones y organización de nuestras culturas y senos ideológicos.

Como trampa del universo cibernético, después de terminar la lectura de Indigno de ser humano, se me atravesó la adaptación de Akira Kurosawa de la obra de Dostoyevsky titulada El idiota, que leí hace aproximadamente un año. Me parece que el antónimo de El idiota lo encontramos en Indigno de ser humano, sé que es una declaración arriesgada y guiada por la emoción más que por mi yo académico, sin embargo, creo que al hablar de los antónimos de forma tan animada y circunstancial, también el modo de mi comentario es aceptable.

Si estas dos obras funcionan como antónimos, nos damos cuenta de la esencia misma de oponerlas. Los sentidos que les damos trascienden a nociones complejas y super estructuradas. Responden a demasiadas cuestiones que, no obstante, a veces pasan desapercibidas, sin embargo cada rasgo de la composición genera un fenómeno que se manifiesta evidente en cierto punto. Es así como poner sobre la mesa a las otredades, nos invita a desmenuzar con precaución cada punto de la constelación que la conforma. Al abarcar un tema, debemos dejar de obviar los rasgos, porque como dicen popularmente “el demonio se esconde en los detalles”. 


  • Osamu Dazai. Indigno de ser humano. Municipalidad de Lima: Perú, 2020. En línea.
  • Dostoyevsky Fiodor. El idiota. Cátedra: España, 2016. Impreso. 

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