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Poesía y Humanidades

Carta a Andrés Caicedo | Tren de papagayos #13

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Tren de papagayos #13, una columna de Saúl Munevar


Recordado Andrés

Si estás al lado de Jaime Garzón o Lucas Villa, salúdalos, no de mi parte, sino de la Resistencia, de nuestros atravesados en Primera Línea. Vos, Andrés, que prendieron a Cali de la quince para arriba, que viste matar muchachos a bala, niñas a bolillo. Que diste piedra y te contestaron con metralla. Vos sabrás escribir mejor sobre esto: ¿Qué fue primero? ¿Los huevos o la resistencia? Esto es una marcha cenital, de lienzos estampados bocarriba donde se le dice al cielo SOMOS ANTI- y después de ese prefijo viene la pérdida del miedo. Después de esos huevos de Llorente vino una gallina en las marchas, el ave del Nuevo Pato Nacional que grita: ¡Quac!, el perro que muerde a la maldad verde oliva. Y un cerdo como símbolo del desprestigio. Al pasar de los días quedaron los perros mirando por la ventana, esperando con su lealtad por encima de la muerte. ¿A qué hora marcharán los gatos? ¿Qué ven a través de su mirada felina?

Verde más Rojo da color tierra, de la misma que vienen nuestras raíces nativas, de esa misma que pisan los colores del futbol de la ciudad que renunciaron a la hipnosis de un balón, porque por encima del hexágono y pentágono maniqueistas están los Nadie de Galeano y el Nadie de Garzón: Nadie llevará por encima de su corazón a Nadie, aunque diga o piense diferente. “Festejemos a Nadie que nos permite presumir que somos Alguien”, dice el poeta Juan Manuel Roca. Andrés, mientras no estabas aquí, en aquel sur que tanto amaste y odiaste por querer desclasarte. De aquel sur, una república independiente salió a cazar indios. Salieron vestidos de camionetas y casacas blancas, con banderas blancas como los huesos de la muerte. Los camisas-blanca fundaron una nueva República Independiente llamada Ciudad Balín con su propia Guardia Civil. Los colores de la muerte se invirtieron, negra como la tierra fértil, blanca como los huesos de la parca; la noche se puso bocarriba.

La Dignidad la hicieron urbana geografía: La Loma de la Dignidad, el Paso del Aguante, Puerto Madera, ApoCalipso, Puerto Resistencia, el Puente de las Mil Luchas, Portada a La Libertad…Los jóvenes se están haciendo responsables del piso que pisan porque nadie iba a venir a salvárselos. Nadie. Han interpretado la señales, las históricas y las de tránsito. El octágono PARE la masacre y el rojo ALTO como la justicia arder. No se cede el paso, se autoriza el paso permanente al peatón, todas las bocinas están autorizadas, se prohíbe el uso de armas, la luz es más intensa en las calles y las carreteras, se autoriza girar a la izquierda o a la derecha pero se prohíbe el retorno. La bandera ondea al revés. Es el amarillo hogar del fuego, el azul límite de los sueños y el rojo fundido da el temple de hierro para decir: “No tenemos nada que perder”. Vimos pasar al lado de la muerte a la alegría vestida de camisa aguamarina. Vimos la descolonización de las estatuas y vimos el justo juicio de sus víctimas. La dignidad se hizo escultura y camina como el viento sobre su pedestal, estaba postrada en una silla de ruedas y la madre lo levantó de su asiento y lo alzó como bandera para salir a marchar: es la nueva señal.  

La leche que quita el hambre también evita las lágrimas inducidas, así se ha criado la nueva generación de la resistencia. En las calles, las chirimías detienen a las tanquetas. En las estaciones de policía se cambiaron las insignias por libros de poetas. En las calles descubrieron que el verdadero miedo era el hambre y la apatía. Sí, Andrés, vimos matar a jóvenes a metralla, vimos a mujeres conducidas a la ultranza, vimos a los doctores de la mano negra convocando cacerías. Vimos nacer a la generación N, herederos de Gaitán, Galán y Garzón. La que no le da miedo gritar: Somos la memoria N-6402.

Tu amigo, el periodista Oscar Campo, tuvo un sueño premonitorio cuando te vio con un pie puesto sobre una tumba y le dijiste: Los muertos siempre hemos estado entre los vivos. Tu amigo Guillermo Lemos vio un hecho premonitorio en tu libro El Atravesado, donde la Guardia Civil salía a exterminar a todas las “galladas” de la ciudad que ofrecían resistencia. Donde quiera que estés Andrés, recibe a los nuestros.

Saúl Antonio Munévar
Mayo / 2021

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