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Poesía y Humanidades

«El espejo enterrado» de Carlos Fuentes | El espejo enterrado #10

3 minutos de lectura

El espejo enterrado #10, una columna de Daniel Luna


Los espejos simbolizan la realidad,
el sol, la tierra y sus cuatro direcciones,
la superficie y la hondura terrenales,
y todo los hombres y mujeres que la habitamos. 

Carlos Fuentes 

La mejor manera de enmarcar la décima entrega de esta columna es abordando un poco sobre la obra de la cual hereda su nombre. El espejo enterrado de Carlos Fuentes es una obra que elabora una reflexión histórica llena de imaginación y poder de síntesis que atrae un equilibrio analítico del nacimiento del mundo tal como hoy lo conocemos. Este libro reúne tanto la leyenda de los soles que cultivaron las civilizaciones prehispánicas como las crónicas de los soldados y sacerdotes quienes entraron al Nuevo Mundo. Relatando una misma historia desde el siglo xvi hasta la época moderna. Gracias al genio de Fuentes la memoria de los pueblos hispanohablantes se torna una sola mediante el complejo poder de los espejos invocados en cada página forjando nuestra rica y múltiple identidad latinoamericana.

La identidad histórica puede leerse a través de un espejo el cual refleja en diferentes trayectorias el pasado de quien se detiene a observar. La Historia se convierte en un flujo de intervenciones y encuentros representada en la figura ligeramente distorsionada de cualquiera al frente de ella. Pero, la mayoría de las veces, los bordes cubren las marcas dándolas por perdidas dentro del contexto, dejando solo a la vista aquellas imágenes más recientes sobre la superficie. 

Es por lo anterior que  El espejo enterrado con una ligera narración cronológica, propone detenerse a meditar sobre las figuras que emergen en el reflejo de una cultura, considerando sus vidas pasadas y las huellas a su alrededor pues, si se dispone a entender la estructura ideológica de cualquier entorno, se debe recurrir a los procesos fuera de ella, extranjeros, lejanos y conquistadores.  

Exclusivamente hablando de este ensayo, Fuentes juega con los símbolos considerados dentro de la identidad del hispanoamericano bajándolos a la superficie histórica fuera de la misma región. Retoma el núcleo del desarrollo español en el lejano mar Mediterráneo para explicar cómo las consecuencias de los primeros siglos en el último territorio europeo terminaron del otro lado del océano. Es Carlos Fuentes quien mejor lo describe: 

Los hispanoamericanos no podemos ser entendidos sin esta conciencia intensa del momento en el que fuimos concebidos, hijos de una madre anónima, nosotros mismos desprovistos de nombre, pero totalmente consientes del nombre de nuestros padres. Un dolor magnifico funda la relación de Iberia con el Nuevo Mundo: un parto que ocurre con el conocimiento de todo aquello que hubo de morir para que nosotros naciésemos: el esplendor de las antiguas culturas indígenas. (Carlos Fuentes, 1992, p. 17). 

Dicho esto, no me queda más que agregar la importancia de conocer y descubrir los reflejos de nuestra imagen ya que en ellos se encuentra lo perdido y lo soñado. Así como Europa encontró la utopía en América, así como América encontró su origen inestable en estos reinos inconstantes. Así como Quetzalcóatl encontró su verdadera naturaleza humana y divina en la casa de los espejos, debemos recordar nuestra esencia cuando estemos al frente de uno. 

Este libro de ensayos ha sido sin duda mi favorito, en los primeros dos trabajos he encontrado tanto que lo único que deseo es seguir leyendo.  En cada hoja buscó ese espejo producto de la realidad y de la imaginación de una cultura reflejándose en otra, de mi pasado y mi presente plasmados en el cristal, sólo con la finalidad de encontrarme y conocer más sobre mí y el mundo al que deseo pertenecer.  


Referencia

  • Fuentes, Carlos. (1992). El espejo enterrado. Tierra Firme, Fondo de Cultura Económica.

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