Tríada Primate

Poesía y Humanidades

El reflejo convexo de la identidad en la obra de Guadalupe Nettel. Primera parte | El espejo enterrado #31

3 minutos de lectura

El espejo enterrado #31, una columna de Daniel Luna


En el bagaje de conocimientos humanos existen un sinfín de materias dedicadas a conocer el origen de la vida. Algunos de estos esfuerzos continúan su línea de investigación incluso en el final de ella, pero entre un momento y otro se encuentra lo único que se conoce con seguridad. La experiencia de este hecho se convierte en un campo desconocido donde los recursos necesarios para sobrevivir dependen del aprovechamiento de cada individuo.

Dentro de los factores que es posible enumerar, este artículo se enfoca en la construcción de la identidad. Un concepto entendido como el instrumento para medir la existencia particular con relación de lo que acontece en el exterior. Un proceso en el cual se han señalado caminos bien delimitados con estudios bastos en áreas como la psicología y antropología.

Algunos de ellos coinciden con la definición de la identidad como una construcción de la cual el sujeto extrae singularidad. No obstante, la formación identitaria corresponde a un proceso continuo y progresivo en donde interviene la interacción social para crear una realidad subjetiva.

Un ejemplo de lo profundo que puede ser esta construcción se encuentra en la literatura, y en específico la literatura mexicana actual cada vez más interesada en la consolidación de temáticas de este tipo. Tal es el caso de la obra de Guadalupe Nettel, una escritora contemporánea de quien se recomienda la lectura de El matrimonio de los peces rojos y El huésped.

El primer título es una antología de cuentos en donde la definición del carácter de identidad se consolida mediante analogías con animales, demostrando la naturaleza compartida y primigenia de los humanos con el resto de especies. Una conducta en la cual sobrevive la imitación en favor de la definición existencial.

En el cuento El matrimonio de los peces rojos, los protagonistas son una pareja de recién casados quienes intentan llevar su vida juntos mientras cuidan de dos peces bettas o conocidos como luchadores de Siam. No obstante, estos peces son conocidos por su temperamento agresivo cuando interactúan con otro pez sin importar la especie.

El ejercicio del lector oscila entre la atención a la pecera y al ambiente de los personajes resultando en el desgaste de la relación humana mientras los peces se agreden hasta la muerte. Un argumento que convierte a dicho objeto en un reflejo de la estabilidad mental que repercute en una crisis de identidad para la protagonista.

Lo mismo ocurre con la joven estudiante y su gata, el niño abandonado con la invasión de cucarachas, la maestra de música con los hongos y el hombre de mediana edad con su serpiente. Todos son reflejos insondables que justifican la existencia de los personajes quienes, a su vez, personifican las dudas más comunes cuando se transita por el laberinto del descubrimiento personal y sus límites.

Por lo tanto, la manera en cómo entendemos nuestra presencia en el universo, para la visión limitada de esta entrega, se divide en dos partes. La primera expuesta hasta el momento en la cual interviene los factores externos con los cuales es posible ubicar elementos integrales a nuestras predisposiciones que ayudan a ejemplificar pensamientos y faenas.

Dichos ejemplos van desde las características específicas de comportamiento hasta rasgos ambientales que acompañan al animal en turno y a los narradores de cada cuento configurando una doble significación entre el dueño-mascota o animal-humano. Una reflexión la cual tiende a valorizar la coexistencia entre seres que actualmente se insiste tomar con mayor seriedad.

Finalmente, la segunda parte corresponde a la interiorización de los factores previos y otros que emergen del cuestionamiento a lo convencional. Esto último pertenece a una comprensión más detallada de la lectura del segundo título de la autora, El huésped, una novela en la cual la lucha interna de una niña es el motor de reflexiones para la segunda parte de esta columna y la construcción indentitaria del lector promedio quien se identifica en la extrañeza de la historia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.