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Poesía y Humanidades

Eterno retorno. Un acercamiento a «Piedra de sol» de Octavio Paz | El espejo enterrado #07

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El espejo enterrado #07, una columna de Daniel Luna


El poema Piedra de sol de Octavio Paz fue publicado por primera vez el 28 de septiembre de 1957, y bajo el cuidado de la edición de Alí Chumacero se imprimieron más de 300 ejemplares de este poema de largo aliento en la colección Tezontle del Fondo de Cultura Económica. Esta pieza forma parte del contexto social y cultural de México en aquellos años, un país plagado de artistas y deconstruido, desde la base de su fundación contradictoria, por obras de la talla de esta composición. 

Este poema presenta un sinfín de recursos originales que van desde su composición estructural hasta la interpretación de sus imágenes. Con sus quinientos ochenta y cuatro endecasílabos, escogidos por ser la cantidad de días que dura el recorrido de Venus al sol, es considerado un monumento lingüístico, sin dejar de lado la enorme aportación al desarrollo creativo de los temas más característicos de la visión mexicana finales de la década de los 60.  

Piedra de sol contiene el sello personal de la obra de Paz, pues en sus versos refleja uno de los temas fundamentales de la visión del poeta. La otredad. Esta entendida como el desprendimiento de uno mismo materializado en el exterior, y a la vez fundido por la pasión escondida al roce del sexo opuesto. Dicho tema se presenta como el hilo conductor que conecta el resto de las ideas de cada estrofa marcando un ritmo en intensificación de donde emanan las frases más emotivas de la obra. 

Por lo anterior, se tiene que los primeros versos pintan la geografía de un cuerpo por el cual se deslizan las escenas que nos va narrado la voz del poema. La clara imagen que se presenta es la femenina y mientras avanza su descripción se va llenando de cargas ideológicas y culturales a través del nombre de una santa, una diosa y una madre. Las tres son la misma imagen y juntas representan el primer encuentro eterno en sus diferentes etapas de uno con el exterior. 

Ejemplo de esta primera idea es el siguiente fragmento; “Yo vi tu escama Melusina, brillar verdosa al alba, dormías enroscada entre las sabanas y al despertar gritaste como un pájaro y caíste sin fin” donde se relaciona la apariencia de un hada del folklore francés con el efecto que causa la contraparte con su voz similar a la de un ave. Esta como uno de los nombres para denominar a la proximidad de ambas limaduras. 

El segundo tópico que se desprende de la otredad es la visión. El punto de donde se describe el contacto de uno con el otro, este es el sitio más elevado del espacio en donde comienza el poema. El sol, ya sea como figura literal del objeto celeste o como una metáfora del testigo del tiempo en donde han ocurrido todos y cada uno de los encuentros antes descritos. A esta recepción se le agrega otra constante y juntas forman el título del poema. La piedra, la cual inmortaliza los momentos de lo que nos habla cada verso. 

La piedra y el sol sirven para formar el plano general que contextualiza al tema mencionado, pues son parte del inicio y del final de la narración de la otredad vivida en cada momento de la Historia, “quiero seguir, ir más allá, y no puedo, se despeñó el instante en otro y otro, dormí sueños de piedra que no sueña”. La piedra y el sol son los dos testigos de la transformación del cuerpo de la mujer y su encuentro el cual despierta la fragilidad de los humanos. 

El amor, la humanidad, la pasión y el recuerdo son los temas que permanecen grabados en el poema de Paz y tallados en la superficie rígida de la tierra iluminados por la luz inmortal del sol, que siempre ha estado y estará por el resto de los días. ¿Qué sería de notros después de la muerte del sol?

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