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Hate is a virus | Deconstruyendo la otredad #13

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Deconstruyendo la otredad #13, una columna de Beli Delgado


Grig y yo habíamos tenido un pésimo mes, yo me quejaba de unas cosas y él de otras, nos abruma la vida todo el tiempo, pero igual queremos escucharnos reír y llorar, por eso decidimos ver una película a la distancia. Conocí a G por medio de una aplicación de la que me gustaría hablar en la siguiente columna, debido a que me parece, funciona como una vinculación a la diversidad más que a la noción de otredad.

En fin, estábamos en mood teenagers film, elegimos al azar del catálogo de Netflix. Resultó The Half of it (2020), la traducción en español es Si supieras, una película de Alice Wu. Wu es una directora y adaptadora de guiones estadounidense, descendiente de padres taiwaneses. Sus películas: Saving Face (2005) y The Half of It, son importantes por motivos de representación. Tienen como protagonistas a chicas pertenecientes a la comunidad LGBT que son asiático americanas. Mi amigo y yo no teníamos ni idea de qué se trataba la película, lo fuimos descubriendo asombrados, el final nos encantó. No pretendo spoilear, pero creo que es importante hablar más de los triángulos amorosos, del crush adolescente, y del descubrimiento de uno mismo, además de la toma de decisiones que esto conlleva desde otras perspectivas, desde personas que no tienen las situaciones “normales” o “populares”.

Ellie Chu (Leah Lewis) es una joven asiático americana muy inteligente y reservada que tiene algunos problemas económicos (su papá ha perdido oportunidades de buenos empleos debido a que su inglés no es perfecto), por lo que ella obtiene dinero extra al hacer tareas de algunos compañeros. Un día, Paul Munsky (Daniel Demier) le pide que escriba una carta de amor para Aster Flores (Alexxis Lemire). De esta manera, los tres jóvenes se involucran de forma sentimental y van descubriendo sus caracteres mientras toman decisiones para preservarse a sí mismos y a sus sentimientos. Aprenden a amarse y a amar. 

Bien, sí, la película es bella y deja entrever diferentes luces. Una muy doliente es la situación del papá de Chu. Tristemente, el último mes de este año, se ha vuelto más evidente la discriminación asiático americana, el movimiento Stop Asian Hate es una fuente de aristas de la situación. El detonador, o más bien, la gota que derramó el vaso, ha sido el tiroteo en Atlanta, Georgia que dejó seis mujeres muertas. A partir de ello, se comenzó a delinear puntualmente y a exigir el reconocimiento del racismo y xenofobia hacia los asiático americanos. Se instó a reconocer y castigar los crímenes de odio como tales. 

Sin embargo, se ha corroborado que a partir de la existencia del virus Covid19 y de los comentarios políticos en suelo estadounidense, la situación ha empeorado. Hay que remarcar que el virus no tiene nacionalidad (Montt 2021), ningún virus la tiene, pese a ello, durante el 2020 los crímenes de odio han aumentado en un 149 % (citado en Zaid 2021).

Los problemas son varios, desde los crímenes de odio, sus castigos e identificación hasta la reformación de los victimarios. Y es que, en otras palabras, ¿cómo curas el odio? ¿Cómo haces que los victimarios admitan su principal motivación, en vez de elegir otro tipo de justificaciones para sus crímenes? Si bien la situación se ha vuelto más complicada a partir de la aparición del virus, eso no quiere decir que antes de ello no existiera. Y eso es lo más preocupante, que antes, ha pasado “desapercibido”. La discriminación es grave, la deshumanización a falta de representación en los diferentes ámbitos de la vida trae catástrofe,  por ello es sumamente necesaria para reconocer límites y diversidades.

Gracias al movimiento de visibilización y la recurrente exposición de situaciones personales por medio del mismo, el stop asian hate se hace cada vez más humano y exige preocupación e interés por la comunidad que ha sido vulnerada y discriminada desde hace tiempo.

Es importante pensar siempre desde los centros ideológicos designados como propios para ser capaces de abandonarlos y movernos hacia los márgenes que, en vez de periféricos, son diversos y nítidos. Películas como The Half of It son necesarias porque promueven la representación de las comunidades mantenidas como periféricas, dando pasos a su visión como colectividad del mundo, tan valiosa como cualquier otra. 


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