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Poesía y Humanidades

La intemporalidad en Antonio Machado | Primeras tentativas #06

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Primeras tentativas #06, una columna de Maj Navaka


lo que sucede es que está incompleto. Esta vivencia
de la finitud se capta  primero en la forma de la añoranza
de una plenitud perdida”
Carlos Llano Cifuentes

Antonio Machado creía que todo buen poema tiene una metafísica implícita, y que todo buen poeta era capaz de expresar esa metafísica en la calidad de ensayo. En este texto intentaré abordar las ideas de Machado respecto a la intemporalidad, al mismo tiempo que mostraré algunos fragmentos de sus poemas (todos sacados de un libro: Poesías Completas de Antonio Machado) que he seleccionado personalmente para ilustrar sus ideas y pueda el lector también apreciar y/o recordar los bellos versos del autor.

Para entender cómo funciona la intemporalidad en Machado, es necesario partir de su idea de sustancia, la cual para él es una fuerza consciente que genera el movimiento (no es pues el movimiento algo generado por fuerzas externas), pero que también subsiste sin él. Dice entonces que el movimiento no es nada esencial (Poesías Completas, p329).

Separa la relación cambio-movimiento, otorgándole  a la sustancia la característica de mutable a pesar de que haya o no el segundo:

“La actividad de la fuerza pura o sustancia se llama conciencia. Ahora bien: esta actividad consciente, por la cual se revela la sustancia, no por ser inmóvil es inmutable y rígida, sino que se encuentra en perpetuo cambio”

(Poesías Completas, p329).

Para él, el cambio en la sustancia es inespacial, y por esa razón no puede ser  pensada conceptualmente, pues, esto implica suponer un espacio; pero sí, dice, puede ser intuida por la conciencia (o sustancia), donde se reconoce a sí misma (Poesías Completas, p330)

Partiendo de la mutabilidad de la sustancia, suponemos una heterogeneidad en el ser: un ser en constante cambio, ajeno a cualquier tipo de generalización, de conocimiento absoluto, etc.

Machado, citando a Martín (poeta creado por él para exponer sus ideas metafísicas), dice que el ser en él es pesando como una conciencia activa, quieta y mutable, esencialmente heterogénea, sujetado, pero no pasivo a lo externo:

“La sustancia, el ser que todo lo es al serse a sí mismo, cambia cuanto es actividad constante, y permanece inmóvil, porque no existe energía que no sea él mismo, que le sea externa y pueda moverle”

(Poesías Completas, p. 345).

Por esta razón afirma que el otro es inasequible, no podemos conocerlo de manera absoluta, porque esto implicaría un estado permanente y homogéneo.

“Siempre que nos vemos
es cita para mañana.
Nunca nos encontraremos.”

(Poesías Completas  p.342)

“!Y cómo aquella ausencia en una cita,
bajo las olmas que noviembre dora,
del fondo de mi historia resucita!

(De “Guerra de Amor”, p. 336)

Por eso podemos afirmar que el ser es temporal, por estar en permanente cambio. Lo que podemos intuir en un momento dado del ser, no será lo mismo después. No es de sorprender por esto que podamos encontrar la mención de Heráclito en los versos de Machado:

   “Han cegado mis ojos las cenizas
   del fuego heraclitano.
   El mundo es, un momento,
   transparente, vacío, ciego, alado.”

(Poesías Completas p278)

Como el fuego de Heráclito, el ser está en constante aniquilación y devenir de sí mismo; como el río, está en constante cambio, en constante movimiento dentro de su inmovilidad de ser río: Somos y no somos.

Al igual que el río, cuando intuimos al ser, a su substancia, no es el mismo ser y al mismo tiempo sí; como también, si es que acaso intuimos por segunda o tercera o cuarta vez, no somos tampoco nosotros los mismos y al mismo tiempo sí; ha cambiado nuestra substancia, pero nuestra forma es la misma.

Por todas estas razones nos dice el poeta que la lógica nos alejaría aún más del ser y su substancia, pues, su característica homogeneizadora y descualificadora, generalizadora, no capta la verdadera esencia del ser, que es lo heterogéneo.

“Todas las formas de la objetividad, o apariencias de lo objetivo, son, con excepción del arte, productos de desubjetivación, tienden a formas espaciales y temporales puras: figuras, números, conceptos. Su objetividad quiere decir ante todo, homogeneidad, descualificación de lo esencialmente cualitativo.”

(Poesías Completas, p348)

Por eso, este proceso por el que pasa el ser a través de la lógica pura, de las ciencias o lo que para él es una mala poesía (el barroco, por ejemplo), nos llevaría a su contrario: el no ser. Por otro lado, la intuición es la única que nos acerca más a la verdadera esencia del ser, pues con ella captamos su heterogeneidad, y con ello, su temporalidad. Como dice en la siguiente cita:

El poeta debe abrevar en la naturaleza, tomar de ella sus materiales, transmitir la emoción vibrante que provoca: como un vidente de lo futuro y de lo pasado, quien escribe debe estar bien despierto y en contacto con la totalidad del mundo, con la heterogeneidad del ser”.

(Liliana N. Swiderski, p81)

Machado rescata esta heterogeneidad, la cual se puede apreciar al revisar sus versos durante el largo de su obra poética, pues, el lector puede ver cómo el poeta va capturando esos diferentes cambios que ocurren a su alrededor, no solo de la naturaleza que lo rodea (Machado era un aficionado a dar largos paseos por el campo, amante de las plantas y los ríos, de los cantos populares y la gente), sino también de las personas.

Bastará con citar algunos fragmentos de diferentes poemas de su obra para observar cómo realiza este ejercicio, en el que lo intuido se mezcla también con él mismo:

‒ Fragmento de “Recuerdo Infantil”, p.92:

“El limonero lánguido suspende
una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia,
y allá en el fondo sueñan
los frutos de oro…
                   Es una tarde clara,
casi de primavera,
tibia tarde de marzo
que el hálito de abril cercano lleva;
y estoy solo en el patio silencioso,
buscando una ilusión cándida y vieja:
alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormido, o, en el aire,
algún vagar de túnica ligera”.

‒ Fragmento de “A un naranjo y a un limonero”, p.126:

“Pobre limonero de fruto amarillo
cual pomo pulido de pálida cera,
¡qué pena mirarte, mísero arbolillo
criado en mezquino tonel de madera!
(…)
¡Gloria de los huertos, árbol limonero,
que enciendes los frutos de pálido oro,
y alumbras del negro cipresal austero
las quietas plegarias erguidas en coro;
y fresco naranjo del patio querido,
del campo risueño y el huerto soñado,
siempre en mi recuerdo maduro o florido
de frondas y aromas de fruto cargado!”

‒ Fragmento de “Retrato”, p.150:

“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.”

Es la intemporalidad en Machado un deseo de eternizar lo temporal, de capturar esos cambios en el ser que la lógica no es capaz de explicar sin vulgarizarlos. De esta manera se intenta rescatar, por ejemplo, la infancia, los estados síquicos producidos en determinados momentos, el amor y las personas; en otras palabras, todo lo temporal y finito. No obstante, deja claro Machado que la lógica tampoco debe ser obviada del todo, pues esta aportará al poema algo distinto a la intuición:

“el organismo del poema requiere (…) los elementos fluidos, temporales, intuitivos del alma del poeta, como si dijéramos la carne y la sangre de su propio espíritu. No es la lógica lo que el poema canta, sino la vida, aunque no es la vida lo que da estructura al poema, sino la lógica.”

(Machado citado por Lliana N. Swiderski, 2000).

Por eso es labor del poeta crear cierto equilibrio entre ambos, sin dejar que uno interfiera en el otro, teniendo claro la importancia de cada uno a la hora de componer.

“Si vivir es bueno,
es mejor soñar,
y mejor que todo,
madre, despertar.”

(Machado, p. 303)

La intuición requerirá pues una mente despierta, una conciencia alerta; y la lógica, una capacidad para armar, para dar forma, para escoger la palabra que permita expresar lo que se intuye, sin deformarla ni conceptualizarla, sin abstraerla ni hacerla baladí, sin quitarle su esencia.

Este afán de Machado por lo eterno, que también se puede observar en muchos otros poetas, puede leerse también como un miedo al vacío (el vacío, por ejemplo, que provoca la lógica pura al llevarnos al no ser), un miedo a la mortalidad, a la ruptura con estados momentáneos de dicha, o al olvido. Hay pues no solo en el poeta, sino también el ser humano, un deseo de trascendencia, el cual se proyecta en toda nuestra obra: el arte es una actividad más consciente de esto, quizás más perfecta, más capaz de lograrlo; aunque, también podríamos pensar en el círculo que esto con lleva, o en su romántica ilusión, o en el destino irremediable que le espera a lo finito; pero ese ya es tema para otro texto.


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