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Asumamos la actitud de vírgenes. Así nos quieren ellos | Meditación en el umbral #19

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Meditación en el umbral #19, una columna de Fabi Bautista


“Like a virgin touched for the very first time” cantaba Madonna con su ya usual ímpetu y extravagancia en los años ochenta. Dotada de numerosos simbolismos históricos, culturales y religiosos, el video que acompañaba lo que se convertiría en uno de sus hits más icónicos puso sobre la mesa temas como la sexualidad y el placer femenino al jugar con la narrativa de la virginidad. Y es que, ya sea como referente simbólico o de la cultura popular, como mandato, o como imposición social y religiosa, la virginidad ha estado presente en la vida de las mujeres a través de un continuum que dicta lo que deberían ser ante el mundo patriarcal.

Dos preguntas saltan a la vista ¿qué es la virginidad? y, más allá de ello, ¿por qué adquiere tanto valor dentro de la sociedad? “Esa pequeña membrana, que para muchos es una telilla sin importancia, para una mitad del mundo es algo que produce gran sufrimiento e incluso la muerte. (…) La virginidad muchas veces se escribe con sangre, simbólica pero también palpable” comenta la ginecóloga española Isabel Serrano, quien fue premiada por la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF).

La virginidad, reducida a la presencia del himen, marca un hito en la vida de las mujeres ligándolas a su pureza, decencia, valor e incluso dignidad, tanto es así que hablamos de su pérdida apelando a una connotación negativa que remite a “un rol pasivo de las mujeres en el sexo” (Molina, 2018, párr. 6). Este tópico, controversial aún en nuestros días, es abordado por la escritora y periodista guatemalteca Ana María Rodas a través de sus obras. Su amplia trayectoria dentro de la narrativa, poesía y ensayo no sólo la llevó a ser galardonada con el Premio Miguel Ángel Asturias en el 2000, sino que la ha constituido como una de las voces femeninas más imperantes de Latinoamérica. No es para menos, cuando en este poema abre con la siguiente estrofa:

Asumamos la actitud de vírgenes.
Así
nos quieren ellos.

¿Cuál es el interés sobre la mujer virgen y sus implicaciones? En numerosas ocasiones he puesto sobre la mesa lo planteado por la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, quien sostiene que el amor ha sido impuesto política, social y culturalmente como un mandato para las mujeres: “hemos sido construidas por una cultura que coloca el amor en el centro de nuestra identidad” (2001, p. 12). En este sentido, para nosotras, el amor implica “renuncia y entrega, tiene el significado casi exclusivo de ser-de-otros; para el hombre por el contrario, es posesión y uso de otros (otras)” (2005, p. 161).

Lo anterior refuerza la condición de la mujer percibida como objeto y no como sujeto dentro de la sociedad patriarcal, donde su mera existencia debe estar dedicada al servicio, placer, deseos y necesidades de los otros… y el sexo no es la excepción. Rodas lo dice sin tapujos, los hombres quieren una mujer virgen, o al menos de apariencia virginal, que cumpla con los atributos que esto supone, evocando así la ternura, dulzura, docilidad y abnegación que por naturaleza debería poseer.

Forniquemos mentalmente
suave, muy suave
con la piel de algún fantasma.

La estrofa anterior funciona casi a manera de antítesis, donde el fornicar, cuya etimología remite al acto sexual fuera del matrimonio —asociado a los burdeles y la prostitución— es contrapuesto con la idea de suavidad e incluso dulzura. De esta manera, la elección del verbo no es fortuita dada la connotación negativa de éste. Forniquemos mentalmente, porque sólo ahí —en nuestro imaginario— se nos permite explorar el sexo sin mandatos y convenciones, sin ser las mojigatas o las putas, las desviadas o las impuras, las zorras o las santurronas, sólo en este encuentro hay libertad del goce, deseo y placeres propios.

Ahora bien, volviendo a uno de los cuestionamientos iniciales ¿por qué se atribuye tanto valor en nuestra sociedad a la virginidad? Hay quienes apuntan que, en nuestra cultura, la imagen de la mujer virginal y su trascendencia hallan su punto de origen en la tradición cristiana, donde la Virgen María encarna las virtudes de la mujer servicial, devota, abnegada y amorosa. No puedo evitar recordar el monólogo de Laura Dern como la implacable abogada Nora Fanshaw en Marriage Story (2019) al hablar sobre el papel de las madres en la sociedad:

[…] but people absolutely don’t accept those same failings in mothers. We don’t accept it structurally and we don’t accept it spiritually. Because the basis of our Judeo-Christian whatever is Mary, Mother of Jesus, and she’s perfect. She’s a virgin who gives birth.

 La imagen de María es glorificada porque se convierte en madre sin cometer el pecado original, arrebatando de su imagen todo aspecto que tenga que ver con lo sexual, lo impuro, lo sucio:

La Virgen María representa la máxima derrota porque es la mujer desprovista totalmente de su poder sexual. Ella da a luz sin sexo, nunca ha conocido hombre. Es a la vez la madre de Dios y su sirvienta. Es la mujer que ha aceptado su inferioridad y se ha sometido a la ley masculina. Por supuesto, este tipo de mujer no puede más que ser glorificada por la Iglesia. (María, 2016, párr. 13)

No es posible, sin embargo, reducir todo el paradigma de la virginidad como mandato e imposición a una sola fuente, sobre todo si tomamos en cuenta que el arquetipo de la Gran Madre, donde lo femenino es el principio creador, se halla presente en diferentes culturas:

Tenemos otros ejemplos de este tipo de “madres”: los gemelos Rómulo y Remo fueron hijos de madre virgen; el Popol Vuh libro sagrado de los maya-quichés dice que los gemelos Hunahpu y Ixbalanqué fueron engendrados por la joven virgen Ixquic cuando una calavera escupió su mano. (Las Heras, s.f., párr. 3)

Con lo anterior pretendo establecer que, si bien la religión ha jugado un papel imperante en “la valoración o la estigmatización de la mujer” (Reyes y Díaz-Loving, 2012, p. 35), no podemos apuntarla como el único factor que entra en juego en el paradigma de la virginidad. En su lugar, considero que debemos posar la mirada como si de un caleidoscopio se tratara, donde cada color o lente nos brinde una nueva perspectiva a su comprensión. Así, por ejemplo, si hasta ahora hemos hablado de dos elementos: el religioso y la condición de la mujer-objeto, retomemos la estrofa inicial, donde el asumir la actitud de las vírgenes es producto del deseo del otro; así nos quieren ellos.

Sonriamos
femeninas
inocentes.

Marcela Lagarde menciona que “el poder sobre la mujer y su cautiverio giran en torno a su cuerpo y su subjetividad, su tiempo y su espacio” (2005, p. 161). En este sentido, vale la pena preguntar cómo operan las formas de control en el ámbito sexual y por qué es tan importante para ellos que respondamos a ciertas cualidades que desprenden de la idea de ser virginal. Héctor Gallo, quien es Doctor en Psicoanálisis por parte de la Universidad Autónoma de Madrid, introduce en “El tabú de la virginidad”, algunas ideas en torno a por qué para el hombre resulta de gran importancia ser el primero para una mujer:

[…] le da la sensación de poderla captar, ya no solamente como pareja, sino también en su ser. La certeza de ser el primero en satisfacer los deseos amorosos de la pareja, no sólo aporta un sentimiento de orgullo y seguridad, sino que también le da al hombre la oportunidad de extender su monopolio monogámico hasta el pretérito de la mujer elegida. (1999, p. 1)

En otras palabras, el ser el “iniciador” en la vida de ellas les otorga control sobre su cuerpo, de manera que se refuerza la idea de la subjetividad construida como un ser para los otros. La periodista española Violeta Molina apunta que “históricamente, el mandato de la virginidad ha sido un mecanismo de control androcéntrico del cuerpo de la mujer, pero aún hoy se utiliza para discriminarlas, someterlas y hacerlas sufrir, incluso en Occidente” (2018, párr. 4) y esta idea parece reforzarse cuando pensamos —por ejemplo— que el acto sexual, para las mujeres, queda reducido a la maternidad; es decir, la idea de iniciar su vida sexual parece descabellada si no es con el fin de ser madres (¿para qué abren las piernas? es un cuestionamiento recurrente). Se borran el deseo y el placer, idea llevada al extremo en culturas donde se llevan a cabo prácticas como la ablación del clítoris.

Tal es el peso del valor social de la virginidad como símbolo de la pureza y dignidad de la mujer, que existe la opción de recurrir a la himenoplastia, una operación ginecológica para la reconstrucción del himen. Pensar la virginidad como un mandato que depende de “una membrana carnosa en forma de anillo situada a la entrada de la vagina” (Carmona, s.f., párr. 1) no sólo reduce todas las implicaciones de la sexualidad a algo fisiológico, sino que borra todos aquellos encuentros que no están dados por la penetración vaginal. Me explico, si el rompimiento del himen por el contacto con el pene marca el inicio de la vida sexual esto quiere decir, por ejemplo, que sin el contacto con éste… ¿se permanece siempre virgen?

Incluso se ha comprobado que esta misma “prueba de sangre” a la que han sido sometidas muchas mujeres puede no ocurrir por numerosas de razones, mismas que nada tienen que ver con el acto de una penetración previa. El Dr. Francisco Carmona, director médico de la clínica ginecológica Women’s, ha expuesto que:

  • Una de cada mil mujeres nace sin himen.
  • Hasta el 44 % de las mujeres no sufren pérdida de sangre durante el primer coito, lo que significa que en algunas culturas que se realiza prueba de sangrado, este no se produciría.
  • El himen puede romperse por la introducción de un dedo o un tampón en la vagina., practicar ejercicios como equitación, natación, bicicleta o gimnasia, así como el flujo menstrual excesivo. (s.f., párr. 13)

La poesía de Ana María Rodas desenmascara lo que la sociedad espera de nosotras, asumir la actitud de las vírgenes apelando al ideal femenino, siendo inocentes, sumisas, devotas. Recuerdo también los versos de Storni “Tú me quieres alba, / me quieres de espumas, /me quieres de nácar. / Que sea azucena / Sobre todas, casta.” y si bien entre ambas autoras hay casi cincuenta años de distancia, la constante denuncia en su respectiva poética me hace cuestionar si nuestra realidad verdaderamente ha cambiado.

No pretendo debatir cómo o cuándo debería ser el inicio de la vida sexual de una mujer, sino exponer que éste abarca mucho más que el rompimiento del himen, y que reducirlo a ello borra su complejidad a la par que impone un ideal de pureza y castidad que sólo habremos de alcanzar mediante la virginidad, imagen que se espera mantener aun teniendo pareja, siendo madres o esposas. Ni mandato, ni imposición, ser dueñas de nuestro cuerpo, nuestro placer y nuestra sexualidad es la verdadera revolución, porque ni mi valor, ni el tuyo se ciñe a seis letras: virgen.

Y a la noche, clavemos el puñal
y brinquemos al jardín
abandonemos
esto que apesta a muerte.


Referencias bibliográficas

  • Carmona, F. (s.f.). Himenoplastia. Women’s. https://www.womens.es/cirugia-ginecologica/himenoplastia/
  • Círculo de Poesía. (s.f). Poesía Guatemalteca: Ana María Rodas. Círculo de Poesía. https://circulodepoesia.com/2021/06/poesia-guatemalteca-actual-ana-maria-rodas/?fbclid=IwAR2ygPP9ZAfe8mW_mHMAHc5nT32JQqClCUhcbt0n_89iXz4arH_pYQ0sJPg
  • Gallo, H. (1999). El tabú de la virginidad [Archivo PDF] https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5029994.pdf
  • Lagarde, M. (2001).Claves feministas para la negociación en el amor. Puntos de Encuentro.
  • Lagarde, M. (2005). Los cautiverios de las mujeres: madresposas. monjas, putas. presas y locas. UNAM
  • Las Heras, Antonio. (s.f.). El Arquetipo de la Gran Madre. Junguianos. http://junguianos.org/?page_id=128
  • María, A. (7 de septiembre de 2016). Lilith, Eva y la Virgen María dentro de ti. Empoderamiento Femenino. http://empoderamientofemenino.org/lilith-eva-y-la-virgen-maria-dentro-de-ti/
  • Molina, V. (15 de noviembre de 2018). La virginidad, un mandato cultural machista que aún se escribe con sangre. EFEMINISTA. https://www.efeminista.com/virginidad-machismo-cultura/
  • Reyes Ruiz, Norma E., Díaz-Loving, R. (2012). La virginidad: ¿una decisión individual o un mandato cultural? Psicología Iberoamericana, 20(2), 33-40. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=133928816005

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