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Full Metal Alchemist: Brotherhood. Una cita entre la moral y la metafísica (parte2) | Versailles Anime #24

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Versailles Anime #24, una columna de Francisco Maldonado


Esta columna contiene SPOILERS del manga y el anime de Full Metal Alchemist.

¿Dios ha muerto? Esta es la contundente afirmación de uno de los lemas más reconocidos de la filosofía nietzscheana. El avance de diversas cosmovisiones contrarias a la religión como el darwinismo, socialismo o el anteriormente nombrado cientificismo, provocó una creciente pérdida de la fe en la sociedad. Aún con eso, Nietzsche, al proclamar la muerte de Dios, no está simplemente constatándonos un ateísmo imperante; en su libro La Ciencia Jovial, la muerte de Dios se encuentra en célebre pasaje titulado, El Loco:

¿No habéis oído hablar de ese loco que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado gritando sin cesar: «¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!». Como precisamente estaban allí reunidos muchos que no creían en Dios, sus gritos provocaron enormes risotadas….
…El loco saltó en medio de ellos y los traspasó con su mirada.
«¿Que a dónde se ha ido Dios?» -exclamó-, «os lo voy a decir. Lo hemos matado: ¡vosotros y yo! Todos somos sus asesinos…»
Aquí, el loco se calló y volvió a mirar a su auditorio: también ellos callaban y lo miraban perplejos. Finalmente, arrojó su farol al suelo, de tal modo que se rompió en pedazos y se apagó…
«Vengo demasiado pronto» -dijo entonces-, «todavía no ha llegado mi tiempo. Este enorme suceso todavía está en camino y no ha llegado hasta los oídos de los hombres…»

El Loco (extractos) – Friedrich Nietzsche.

El enorme acontecimiento al que se refiere Nietzsche con el personaje de El Loco, tiene respuesta en el momento en que vemos la muerte de Dios no solo como la muerte de la figura bíblica, sino de toda manera de pensar que va mucho más allá del ámbito estrictamente religioso. Es la muerte de aquel pedazo de realidad, de aquella narrativa que le daba sentido a nuestra existencia. Dios simboliza la metafísica y lo intangible. Esta es una llamada de Nietzsche contra el nepotismo religioso, su lucha contra la moral occidental, dejando de lado todos los textos arbitrarios que propone la religión y defendiendo la ética natural, producto de la vida y de los instintos. Según Nietzsche, los valores tradiciones del cristianismo, someten a las personas a una moralidad esclava que provoca un estado de conformismo hacia todo lo que sucede a su alrededor. El superhombre es la figura que crea Nietzsche para referirse a aquella persona que crea su propio sistema de valores, a aquel independiente e individualista que no se deja llevar por la multitud. Al contrario de las personas débiles que se dejan llevar por las tradiciones y las reglas establecidas.

Contradictoriamente, la religión va en contra de todo lo que representa Jesucristo, al cual, se lo podría considerar un superhombre. Era una persona fuertemente individual y perseverante, que se rebeló contra todas las ataduras sociales de la época. Se rebeló contra el sistema de Roma, el de la tradición judía, y se sacrificó para salvar al mundo. Él amaba al prójimo y no se dejaba influenciar por nada ni por nadie. Edward Elrick está claramente formado bajo esta idea, para Nietzsche que no haya bien y mal no significa que no exista el bien y el mal. Solo que, el criterio para determinar el bien y el mal, radican en la voluntad de poder. Lo bueno será todo aquello que favorece la vida, lo que contribuya a su salud y crecimiento. El “inmoralismo” de Nietzsche, es una naturalización de lo moral y eso es lo que forma la caracterización de Edward. Él, al no haber sido formado, ni haber sido influenciado por la religión, tiene un fuerte sentido protector de la vida. Edward, al igual que Nietzsche, son escépticos a la religión, a la metafísica de Platón, al mundo suprasensible de las ideas. Dios ha muerto es el anuncio del final del monoteísmo, pero en un sentido mucho más amplio. Es decir, la muerte de la tendencia a comprender todas las cosas a partir de un único principio. Es una manera de atacar a todos aquellos pensadores que siguen disfrutando la comodidad de la vieja ontología, porque no son capaces de imaginar una manera no metafísica de estar en el mundo.

Por eso es que Edward se autodenomina ateo aún cuando en varias oportunidades fue capaz de evidenciar la existencia de un ente que se presenta como Dios. Él maduró cuando dejó de pensar que la alquimia solo se regía bajo el principio del intercambio equivalente, cuando aprendió a valorar a la tierra y al espíritu humano. Que la vida es lo suficientemente valiosa para que todos puedan tener el derecho de tenerla. Full Metal Alchemist es una carta de amor a la vida y a todo lo que esta nos ofrece. Es una misiva que busca que le perdamos el miedo tanto al perdón como a la ira. Busca que aceptemos lo que somos y nos decidamos a mejorar, no somos perfectos, pero nuestras intenciones de mejorar son las que nos dan valor. Edward sobrepasa la imagen del super hombre de Nietzsche, si bien adopta su genuina voluntad de poder y se deshace de la moral esclava que nos imponen, él no trasciende a otra esfera y abandona nuestra realidad, sino que se queda, abraza a la humanidad tal como es y la acepta. Esta fue la demostración necesaria de aprendizaje que la verdad estaba buscando.

-Luego de haber visto a la llamada verdad, estaba convencido de que podía resolver todo usando la alquimia, pero estaba equivocado. Eso era arrogancia. (Edward)
– ¿Te rebajarías a convertirte en una persona normal incapaz de usar la alquimia? (Verdad)
-No es rebajarme en absoluto. He sido una persona normal desde el inicio. (Edward)
– ¿Seguro que estarás bien sin la alquimia? (Verdad)
– ¡Aún sin la alquimia, tengo a mis amigos! (Edward)
– ¡Respuesta correcta, alquimista! ¡Me has vencido! ¡Toma, llévatelo todo! (Verdad)

Conversación entre Edward Elrick y la Verdad.

Para conseguir algo, debes sacrificar otra cosa del mismo valor, decían. Pero aquí, Edward claramente ganó mucho más de lo que perdió. Él mismo lo dijo, la alquimia no era lo que lo definía como persona, no era lo que lo hacía especial. Él siempre fue un humano común y corriente, lo verdaderamente valioso fueron sus experiencias y aprendizajes a lo largo de su vida, pero por sobre todo, sus seres queridos. Edward vence a la verdad, al darle más valor a lo que realmente se lo merece. En el mundo hay muchas cosas que pueden ser arregladas con alquimia, pero, lo único que no se puede recuperar, es la pérdida de una vida humana. Padre nunca comprendió nada, nunca pudo ser un superhombre. Porque, si bien era un ser perfecto que logró definir sus pecados, terminó sucumbiendo ante el deseo más humano posible, el poder. Y además, fuera de esa imagen soberbia y altanera que aparentaba, él tenía una clara falta de fe en sí mismo, cargaba con un complejo de inferioridad bastante infantil. La verdad le demuestra que nunca ha aprendido nada y eso se ve claramente reflejado en su puerta de la verdad, la cual no tiene ni un solo grabado, solo es de un frío color negro. Todo lo que fue, todo lo que es y todo lo que anhelaba ser, no era más que una mentira que él mismo se obligó a creer. Su existencia dependía de los demás, del consumir miles de almas humanas, todo producto de lo ajeno. Es un claro ejemplo del último hombre de Nietzsche, aquel ser despreciable que sustituye a Dios por su comodidad; el que ya no es capaz de despreciarse a sí mismo y cree que ha inventado la felicidad, la fortuna y la dicha. Un hombre cuya vida sin Dios carece de sentido y que representa la ruina de la civilización.

– ¿Por qué? ¿Por qué no fuiste parte mía? Dios, ¿qué no te gusta de mí? (Padre)
-Es porque no creíste en ti mismo. Robaste tu poder de otros y a pesar haber nacido de una persona, siempre te aferraste a lo que llamamos Dios. Tú, no has crecido.

Conversación entre Padre y la Verdad.

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