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Poesía y Humanidades

Lo Ero Gro Sinsen en «La Oruga» | Primeras tentativas #07

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Primeras tentativas #07, una columna de Maj Navaka


El título de este pequeño ensayo no es más que una traslación del término “Ero guru nansensu” al español, una reducción de las palabras Erótico Grotesco y Sin Sentido, que este tomó también de las palabras extranjeras (Erotic, grotesque, nonsense), adantando cada uno de estos términos de una manera singular, especialmente lo erótico, que se ramificará en docenas de subgéneros que dominarán el mundo cultural japonés de principios del siglo XX.

Tanto lo erótico como lo grotesco son elementos o conceptos que varían significativamente dependiendo del contexto donde se dan. Lo erótico en Japón estará relacionado a lo carnal, pasional, a lo perverso y abiertamente sexual, así como a sus desviaciones. En una revista cinematográfica de la época lo  reducen como un hombre se alborota cuando mira a una mujer, la mujer se alborota cuando mira a un hombre.

A pesar de que en Japón ya había una corriente erótica bastante marcada desde el periodo Edo, no fue hasta el Meiji (1868-1912) que tuvo una verdadera exploración de las fantasías sexuales y perversas, impulsados por las políticas liberales e individualistas provenientes de occidente, donde adoptaron el término Ero e interpretándolo a su manera, crearon toda una serie de géneros eróticos.

Por otro lado, lo grotesco tendrá una definición más ambigua, pues en cada sociedad se da de una manera diferente dependiendo sobre todo de las situaciones políticas, económicas y espirituales de la época. Lo grotesco es una deformidad de la realidad, que suele nacer de la alienación en la que se puede encontrar una sociedad o individuo. Crea entonces lo grotesco una manera singular de percibir el mundo, en la que muchas veces intenta  satirizar el sin sentido en el que se encuentra sumergido o mostrar de forma exagerada los rasgos oscuros de nosotros mismos (tanto espirituales como físicos), ya sea a manera de crítica o exorcización. En general podemos reducir los motivos de lo grotesco en una mirada monstruosa de la vida, junto a animalizaciones y fusiones de cuerpos, reducción o exageración de los sujetos y fuerzas desconocidas de sus interiores que desembocan en lo macabro.

Poe podría considerarse como uno de los principales referentes en cuanto al tema, y por tanto no es de extrañar que haya sido como una figura divina para Edogawa Rampo, quien además adoptó ese seudónimo a partir de un juego con las palabras Edgar Allan Poe. Ambos vivieron en contextos de transformaciones importantes, y ambos contemplaron las paradojas, ambigüedades y contradicciones de su tiempo, así como fueron capaces de ver en las profundidades de lo humano.

Sin embargo, una de sus principales diferencias consistirá en el aspecto erótico, que en Edogawa Rampo estará más relacionada al concepto expuesto más arriba, mientras que en Poe podemos percibir una mirada más romántica de este.

También podremos encontrar el sin sentido en la obra de Edogawa Rampo, en todas sus diferentes formas; específicamente, en el cuento de La Oruga, lo encontraremos en la forma de lo absurdo de cualidad, que afecta a la esencia del sujeto, negando el principio de identidad.

Esta obra nace en 1929, paralela a un Japón imperialista que se encontraba conquistando nuevas tierras con afán de codearse con las potencias mundiales. En este Japón tocado por la cultura occidental, lo cual provocó un ultranacionalismo reaccionario, no es de sorprender que naciera una obra como la de Rampo, y tampoco que fuera censurada como obscena y negadora de los valores políticos del país, como el honor.

He escogido analizar este cuento por el hecho de que, en él podemos encontrar claramente la manifestación de estos tres conceptos. El aspecto erótico lo encontramos claramente en el deseo desenfrenado y salvaje que tiene la esposa con su marido, a quien usa como un objeto sexual para satisfacer sus necesidades carnales como le plazca, pues, este es un inválido desprovisto de piernas y brazos, que además no tiene habla ni escucha.

Es aquí donde se mezcla lo erótico con lo grotesco, haciéndonos recordar esas estampas que en el periodo Edo llamaban shunga, “imagen de primavera”, donde se retraban escenas eróticas de todo tipo, como el famoso shunga llamado El sueño de la esposa del pescador:

Flotó ante sí la imagen de una masa de carne similar a una peonza viviente, que giraba y se revolcaba. Y el desmañado cuerpo de una mujer gorda y grasienta de treinta años. Luego, ambas figuras se entrelazaron en unos abrazos que parecían sacados de una estampa de infierno

Edogawa Rampo, p. 153

El hombre inválido es pintado en el cuento como un ser repulsivo que pocos logran tolerar con la vista, y percibido prácticamente como un objeto por su esposa, quien lo califica como una rara peonza de carne. También es descrito por el mismo narrador, como un gusano amarillento y gordo.

La sensación de lo absurdo o sin sentido en el cuento, se agrava cuando ambos personajes son descritos como animales enjaulados que solo les queda servirse de los placeres carnales, alejados del mundo. Hay entonces, aparte de un absurdo de cualidad presente en la negación de la identidad del hombre, un absurdo de la relación de estos dos seres con la sociedad, de la cual parecen haber sido aislados:

Como si hubieran sido separados del mundo, el miserable inválido y su fiel esposa subsistían aislados en esta perdida casa de provincias. Allí, el segundo piso formado por la habitación de seis tatamis constituía su único mundo. Y además, uno de los dos era un inválido similar a un muñeco de barro, que no podía oír ni hablar, ni llevar acabo tarea alguna por sí mismo

Edogawa Rampo, p. 157

Dentro de todo esto, lo macabro se manifiesta en el sentimiento perverso que la mujer tiene con su marido, a quien tortura para obtener placer y excitación. Ella misma se pregunta si acaso se está volviendo loca, pues desconoce de dónde nacen esos impulsos que describe como demoniacos en ella. El punto más álgido de este sentimiento ocurrirá cuando le arranque los ojos a su marido, produciendo en el lector una horrenda sensación, que quizás a muchos les hizo recordar la escena del gato negro de Poe.

El cuento termina con el suicidio del teniente Sunaga, la oruga, dándole un horrendo final a un hombre considerado un héroe honorable en su país, pero que todos olvidaron en no mucho tiempo.

No podría afirmar si realmente Rampo intentó hacer una crítica o no, pero sí que no era ajeno a las paradojas de su tiempo cuando pensó en la historia de este militar superviviente, de este milagro, como dicen los doctores del cuento, en el momento de anunciarle a la mujer de la suerte de su esposo.

Podemos pensar lo Ero-gro-sinsen como una suerte de lente para contemplar nuestra realidad, o como una herramienta para retratarla, permitiéndonos reparar en los aspectos absurdos de la sociedad en que vivimos, las manifestaciones de lo perverso que escondemos o enmascaramos. ¿Para qué? Yo diría para soportar el asecho de lo monstruoso, para exorcizarse de los impulsos macabros y limpiarse del dolor insoportable del no poder alcanzar con nuestras manos precarias la armonía, ese ideal cuasiromántico que muere con la presencia del caos de nuestro tiempo.

Maj Navaka,
Agosto 2021.


Referencias Bibliográficas:

  • Amaury A. García Rodríguez (2008). “Lo erótico” y la imagen de la mujer en el Japón moderno. Revista Actual, No67-68, pp.13-26.
  • Ballesteros Gonzáles Antonio (2020). La influencia de Edgar Allan Poe en Japón: Edogawa Rampo. Literatura, Crítica, Libertad Estudios en Homenaje a Juan Bravo Castillo, pp. 365-375.
  • Pérez Tellez José Enrique (2016). Las formas del absurdo y el sin sentido en la literatura. UNED Revista Signa, No25, pp. 865-877.
  • Polák Pert (2011). El arte grotesco a través de los siglos. El esperpento valleinclaniano en el contexto del arte grotesco europeo, p39-64.
  • Rubio Pérez Daniel (2006). Desarrollo y pérdida: diferencias culturales y sociales del jaón de preguerra hasta la actualidad. Colección española de investigación de Asia Pacífico, No1, pp. 247-265.
  • Thomas Hare (2011). La condición del sujeto en el arte erótico de Japón. Formas de Eros Ensayos Sobre Arte y Erotismo, pp. 40-58.

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