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One piece: Donquixote Do Flamingo y el mal que asciende | Versailles Anime #17

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Versailles Anime #17, una columna de Francisco Maldonado



Este artículo contiene SPOILERS de One Piece, no revelan demasiado y no arruinan la experiencia, pero el aviso nunca está de más.

Empecemos hablando de simbolismos. Fijémonos cómo en esta serie el narrador utiliza el mundo narrativo físico como un elemento condensador – dilatador. Él tiene poco tiempo para crear una ingente cantidad de material, ya sean estos personajes, tramas, arcos, símbolos, diálogos, etc. De esto viene la necesidad del uso de técnicas narrativas capaces de condensar el significado de una obra en el espacio-tiempo limitado del que dispone. Cuanto más significados condensados en la historia, más se expanden en la imaginación del público, siendo este el lugar donde los elementos de la historia rebotan y dialogan entre ellos de maneras infinitas.

Aquí es donde Oda, muy ingeniosamente, utiliza a su narrador para darnos la introducción de una nueva isla, Dressrosa, el país del amor y la pasión. Un país que te roba el corazón con el aroma de sus fragantes flores, con los sabores de su cocina, el incesante baile apasionado de las mujeres y, sobre todo, con la impactante inclusión de juguetes vivientes. Esto resulta agradable en un inicio, pero a medida que avanza la historia, nos damos cuenta que en esta aparente cotidianidad perfecta, hay una constante brisa de inquietud. Bella en la superficie, pero agrietada y corrompida en el interior. Dressrosa, lejos de lo que creíamos al inicio, no resulta ser solamente la tierra del amor y la pasión, sino que también es la tierra de la tragedia, la tragedia de la familia real, la explotación de los Tontatta, la dolorosa vida de los gladiadores y por supuesto, la pesadilla de pasar toda una vida siendo un juguete.

Este proceso de traducir el hilo narrativo a un mundo físico que provoque ciertas emociones en el público, es complejo. Oda sabe introducir esto al espectador de manera muy natural, ya sea con secuencias narrativas espléndidas o con elementos físicos de su mundo. Primero, distorsiona el ambiente cotidiano de Dressrosa, aplicando el término de la enfermedad humana en los juguetes. Con esto, capta rápidamente la tensión del espectador y aprovecha ese momento para revelar la sombra que rodea la hermosa superficie del país, esto sin que se sienta como simples diálogos de exposición. Los juguetes son humanos, y lo más terrible aún es que estos pierden los recuerdos sobre sus seres querido; la mayor tragedia de Dressrosa es el olvido.

En segundo lugar, Oda juega con los elementos que componen sus espacios físicos y los llena de simbolismos. Te muestra la hermosa llanura de flores que representa el libertinaje, pero en el fondo siempre estará presente la montaña, donde se sitúa el dominio de Do Flamingo, quien representa el control. La montaña y la llanura son los únicos dos espacios naturales que contrastan visualmente entre sí, de este modo, comparativamente, Oda usa esto para enfatizar las cualidades esenciales y opuestas de cada una sin mostrar el hilo temático de manera explícita; es la libertad versus el control. Y es que tanto Dressrosa como Do Flamingo son un reflejo de la figura del Gobierno Mundial, ya que, si los ponemos en paralelo, tanto Dressrosa como el Gobierno Mundial son regidas por líderes que se ven a sí mismos como seres superiores. Ambos lados utilizan la metáfora de la montaña para establecer sus estructuras de poder en lo más alto de su geografía. Justamente, en el centro de la ciudad o en el centro del propio mundo.

Ambos lados crean una fachada con la cual no dudan en eliminar a cualquiera que busque mostrar la verdad detrás de sus acciones. Dressrosa, disimula ser una nación ideal, pero convirtiendo a cualquier amenaza en juguetes. Mientras que el Gobierno Mundial utiliza su poder para encubrir sus malas acciones o su propia ineptitud. A sus ojos, los seres humanos no son más que bestias salvajes, como monstruos que no deben salir de sus jaulas, simples peones para su entretenimiento. Implícita o explícitamente, cada personaje de One Piece está dentro de una jaula, esta puede ser un coliseo o un sistema de poder, ¿o por qué no, una jaula de pájaros? Y es que fue solo cuando aquella jaula se manifestó, que los ciudadanos fueron concientes de que todo este tiempo fueron controlados por Do Flamingo.Y esto es más aterrador aún, cuando lo proyectamos hacia nuestra realidad. Cuando nos ponemos a pensar la similitud que esto puede llegar a tener con las personas que se encuentran en el poder de nuestras naciones.

Desde su niñez Do Flamingo estuvo acostumbrado a una vida de lujos, él formaba parte de la “élite” conocida como los Tenryuubitos, personas que piensan básicamente que son dioses. Pero un día, su padre decide prescindir de este título de santo y desciende a las tierras de los plebeyos junto con su familia, ya que él no se sentía mejor que nadie, era un simple humano. Pero para un niño mimado y caprichoso, que un día te quiten todo y sin previo aviso, es inaceptable. Este niño no fue criado para respetar a las personas, el resultado fue que Do Flamingo tuvo un sinfín de conflictos con los pueblerinos. Pero toda esta arrogancia le jugó en contra, la gente del pueblo, movilizada por los lazos de odio que los Tenryuubitos generaron durante tantos años, atacaron a la familia Donquixote. En sus intentos por escapar y sobrevivir, Do Flamingo experimentó por primera vez el hambre, el frío, la humillación; y por sobre todo, el golpe más fuerte, la muerte de su madre. Como si esto no fuese poco, los pueblerinos lo encuentran y lo crucifican rodeado del ardiente fuego. Esa noche, ese panel, es muy importante porque deja un claro indicio de estrés post traumático, una herida tanto psicológica como emocional, que lo dejará marcado toda su vida.

¡Digo que lo empalemos con miles de flechas!
¡Dispararon a mis hijos dieciséis veces!

Las técnicas que utiliza Do Flamingo son una referencia a lo que vivió en su pasado, a una noche que lo atormenta constantemente en sus pesadillas. Y esto se vuelve aún más simbólico cuando nos damos cuenta de que estas son las últimas técnicas que utiliza antes de ser derrotado por Luffy, como si en sus últimas fuerzas hubiera usado toda la ira y la locura que acumuló por tantos años en su corazón. Como si gritará de nuevo esas palabras al cielo para reafirmar su convicción de pura maldad. La recreación de una noche en la que fue atado, maltratado y humillado por aquellas personas a las que considera parásitos. Él es un Tenryuubito, la grandeza no es más que su derecho de nacimiento, nunca se permitiría morir a manos de bestias salvajes, no importa lo que le hagan, sobrevivirá y los matará a todos.

En ese entonces, después de matar a su padre, Do Flamingo se transformó en un demonio, es una representación de la locura humana, de toda la ira y resentimiento que hay en el mundo. Volvió al cielo en busca de entendimiento, pero lo rechazaron e intentaronacabar con él. Do Flamingo es un Tenryuubito caído, una referencia a Lucifer, quien dejó de ser un ángel que cayó para convertirse en Satanás. Su nacimiento, solo impulsó su locura. Su destino, invocó su ira. Fue criado como un demonio por parte de sus ejecutivos, manipulado para que vuelva a sentir que su deber en el mundo es dominar a los seres humanos. Su convicción le trajo el poder de los emperadores, el Haki del Conquistador. En su mente, él es un ser perfecto, ergo, destruir todo lo que controlan los Tenryuubitos es su manera de demostrarles que se equivocaron al rechazarlo. Para él, la capacidad de destrucción es el mayor símbolo de superioridad. Dispararle a Corazón es figurativamente, rechazar lo poco que le quedaba de humanidad, es dar ese último paso para meterse de lleno en sus convicciones como el “campeón del mal”. Y es que como reza aquel dicho:

El camino al paraíso comienza en el infierno.

Para reclamar lo que le pertenece como derecho de sangre Do Flamingo pasa muchos años creando su reputación, subiendo puestos, obteniendo contactos; creando influencias en el bajo mundo, un lugar al que también se lo conoce como el infierno, y él es el emperador del infierno. Estos reflejos de su caracterización también los podemos notar en otra técnica muy simbólica: la telaraña. Él es el centro de una gran red que se ha tejido desde los inicios de One Piece, todo esto para prepararse para la metáfora más citada de la serie, “la llegada de las grandes olas que arrasarán con todo”.

Todos estos años se encargó de crear su lore para poder surcar estas olas y tomar ese trono vacío. Su influencia en la serie ya se puede notar desde la primera llegada de los Mugiwaras al Archipiélago Sabaody, cuando sutilmente menciona a las smiles (frutas del diablo). Todo esto ya no es solo un indicio de lo minucioso que es Oda, sino de lo bien escrito que está este personaje. Do Flamingo es una persona con severas cicatrices psicológicas, como si toda la maldad del mundo hubiera decidido personificarse en un solo ser. Pero, sobre todo, Do Flamingo es un titiritero, su fruta del hilo lo ayuda a controlar a la gente, puede obligarlos a suicidarse, a matar a sus seres queridos, puede reanimar a los cadáveres, puede mantener gente en una jaula. Tiene todo un gran escenario a su disposición, porque el mundo es su parque de juegos. Su fruta del diablo es una clara representación de su personalidad. Es alguien que le da la bienvenida al caos, disfruta de ver a los Tenryuubitos acorralados, de ver a los puercos sangrar; pero todo esto mientras el control de su posición no se vea amenazado. Es alguien que debe de controlarlo todo, y es que literalmente es así. Él maneja las riendas del bajo mundo, mantiene a raya a los Yonkos y también tiene influencia en el Gobierno Mundial. Al ser conocedor del tesoro nacional, él tiene la carta del triunfo.

Su historia nos ayuda a entender cómo funciona el mundo de los Tenryuubitos. Aprendemos de todos los lazos de odio que han generado a lo largo del tiempo y de cómo los “D” son en efecto, sus enemigos naturales. Es por eso que Rosinante nos dice que la destrucción que planea Do Flamingo es totalmente diferente, ya que mientras él trae más caos y destrucción, los “D” son la antítesis de Dios, y por ende, son todo lo opuesto a lo que representa un Tenryuubito. Los “D” son aquellos que vienen a romper las cadenas del mundo, aquellos que por donde sea que pasen, solo saben crear nuevas tierras de libertad. Es por eso que la batalla de Luffy contra Do Flamingo tiene tanto trasfondo. En esta pelea hemos visto prácticamente el futuro de One Piece. Luffy destruyendo los hilos que crearon esa frágil ilusión de felicidad. A nuestro protagonista mostrando la oscuridad detrás de la aparente luz, enviando del cielo a la tierra a un dragón celestial, así como eventualmente algún día lo hará con los dragones celestiales de Mary Geois, mostrando al mundo, qué tan corrompido estaba todo.

Por eso también me llamó mucho la atención la altura de Luffy con respecto a los villanos. El tamaño físico de los personajes es una gran manera de poner el foco sobre la relación que mantienen estos con el mundo narrativo. En One Piece, los villanos representan la dominación directa, enormes figuras de poder que limitan las libertades humanas. Luffy, representa la rebelión, la anarquía, esos pequeños grupos que se enfrentan a estas enormes fuerzas en busca de su libertad y sus derechos. Y es por eso que la última línea de diálogo de Do Flamingo antes de volver a la tierra de un golpe es:

No puedo soportar la idea de que alguien esté sobre mí.

Mientras que la corona de los Tenryuubitos representa poder, jerarquía y opulencia; la corona de los “D” es un sombrero de paja, nos habla de igualdad, transparencia y sencillez, un atuendo que todo el mundo puede tener. Pero, ¿qué pasa cuando la persona que sostenía las cuerdas del delicado equilibrio de poder en el mundo cae? Seguramente la carrera por el trono inicie inmediatamente, la carrera por decidir quién será el siguiente en escribir los libros de historia.

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