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Arcane: La tragedia de Jinx | Versailles Anime #30

10 minutos de lectura

Versailles Anime #30, una columna de Francisco Maldonado


Esta columna contiene spoilers de Arcaney su trama, así que, si aún no has visto la serie y tienes planeado hacerlo, mírala y regresa a este texto. Caso contrario, lee esta columna completa y luego, disfruta de una gran serie.

Arcane es una serie de animación franco-estadounidense de fantasía, drama y aventuras,​ ambientada en el universo del videojuego League of Legends. La serie fue anunciada durante las celebraciones del décimo aniversario del mismo. Fue desarrollada y producida por Riot Games, con servicios de animación del estudio francés Fortiche Productions. Originalmente programada para un lanzamiento en 2020, la serie se reprogramó para un lanzamiento en 2021 debido a la pandemia de COVID-19. La serie se estrenó finalmente a nivel mundial el 6 de noviembre de 2021 tanto en Netflix, como en Tencent Video en China. La serie fue dividida en 3 “actos” de 3 episodios cada uno, lanzados durante 3 semanas consecutivas. Ambientada en el pasado, vuelve a contar las historias de origen de varios personajes de Piltover y Zaun, teniendo como eje las vidas de las hermanas Vi y Powder (Jinx). Al igual que el juego en el que se basa, Arcane está dirigido a una audiencia de “16+”.​

Si bien Arcane no califica como una serie de anime por razones que hoy no es necesario explicar ni profundizar, sí es un producto de animación, y en este rubro creo que, junto con Invincible, es de lo mejor en mucho tiempo. Voy a dedicar otras dos columnas a hablarles de lo que para mí fue lo mejor del anime en este año, pero esta vez hablaré de Arcane como la mejor serie del año. Así que con este statement así de fuerte, comencemos.

A un inicio, y de lejos, Arcane parecía ser solamente un enorme spot publicitario que Riot Games orquestó para aumentar el alcance comercial de su propiedad intelectual y llevarlo fuera del ambiente de los videojuegos. Pero, una vez que finaliza el último capítulo, podría decirse que es la fantasía política y dramática más elegante, intensa y de excelencia, desde la mítica Game of Thrones. Arcane cuenta tanto con una dirección, como una animación dignas de premios de academia; cada corte, cada plano, cada transición, está compuesta de manera milimétrica con el fin de contar algo y solo para contar algo. Para aquellos a quienes la comezón ya les llegó, quiero decirles que no, la afirmación no queda grande.

El mundo adaptado de League of Legends a este formato serie, es digno de ser comparado con aquellas obras remarcables y contemporáneas de la fantasía, como Avatar: El último maestro del aire y el universo de George R.R. Martin (GOT). Atrapada entre la simpleza del primero y la complejidad política del segundo, sobrepasa a ambos en técnica audiovisual en casi todos los aspectos. Sin embargo, lo que hace que esta serie sea tan especial y adictiva es su declaración de intenciones a través de su forma y recursos narrativos; misma que me lleva a lanzar un segundo statement igual o más atrevido que el primero: Arcane es la sucesora de Game of Thrones. Atacando las mismas subversiones, sensaciones, empleando los mismos tipos de giros y terminando con la misma clase de resultados en los espectadores. Desglosar todo esto, nos llevará a entender la tragedia como género dramático, para que nos demos cuenta de la manera en que Arcane la usa hasta en los huesos. Los invito a acompañarme en este viaje para descubrir por qué, pase lo que pase, la serie siempre nos remonta a este movimiento trágico tan adictivo como injusto. Les invito a sumergirnos en la tragedia de un Jinx en Arcane.  

JINX: AQUEL O AQUELLO QUE NOS TRAE MALA SUERTE

De inicio, es imposible pensar en la palabra tragedia sin que se nos venga a la mente el nombre de Jinx (protagonista), cuyo mismo nombre ya nos hace referencia a la palabra: arruinar, estropear, salado, mala suerte, mal augurio, etc. Y si el arco trágico de Jinx y sus acciones resultantes son el detonante de casi todas las inflexiones en la trama de la serie, es aquella fuerza principal que siempre nos va a traer resultados culposos y dolorosos. Y es que Jinx es un personaje tan complejo desde el nombre, pero vamos a tratar de desmenuzarlo. Jinx es un apodo que hace referencia a una cualidad inamovible, a un tipo de maldición, una especie de mala suerte inalterable, siendo todas estas, descripciones contradictorias con lo que significa la tragedia dentro del drama. Pues por sobre todas las cosas la tragedia hace alusión a las acciones de los personajes que como consecuencia traen destinos catastróficos.

Un arco trágico es aquel que construye el camino al infierno con buenas intenciones, de ahí, aquella sensación, la comezón, la culpa, el dolor de la tragedia. Una tragedia es algo que siempre y sin excepciones, te deja pensando en aquello que pudo ser. Un destino absoluto y unilateral nunca dará lugar a una tragedia, para ello debe existir una sensación de libertad de acción; esa es la clave de entrada para entender a Jinx por su nombre. Ella no está maldita, está traumatizada por sus propias acciones, encerrada en un bucle de culpa. Jinx como título y nombre a portar, es una carga inamovible que no puede dejar caer de su espalda, y por ello no puede no ser Jinx y siempre cae en un ciclo de convertirse en lo mismo. Por esa eterna búsqueda de un perdón que, solamente ella podría otorgarse, pero que jamás lo hará. No puede perdonarse por definición, por naturaleza de personaje, su carácter no puede concebirse a si misma sin la culpa, no solo por el evento detonante de su camino, sino también de lo que este ha generado como consecuencias.

Y por eso, Jinx no quiere y no puede redimirse para volver a ser Powder (versión infante), porque Jinx no tiene forma de dejar de ser el monstruo que ella misma creó. El nombre Jinx como resultado, es la culminación, al menos de momento, de un arco total y trágico. Esa es la complejidad del personaje vertebral de Arcane, cuyas relaciones son las que mueven y provocan una guerra política y social en su mundo.

DESMENUZANDO ARCANE

Piensa en el primer acto más retrospectivo que te puedas imaginar, pues Arcane invierte tres episodios en hacer exactamente eso. Este acto realiza la función de contexto para la acción que acompañará los bloques que vendrán como consecuencia. Es como si estuvieses viendo una precuela de la historia que será contada en los actos dos y tres; pero que sigue siendo parte del mismo relato, porque es el bloque de la historia que te define por completo a los personajes y los por qué del carácter que tendrán en el desarrollo de la trama. De hecho, este primer acto es en sí mismo uno concluyente, las tramas avanzan hacia lugares concretos, los conflictos no se arrastran de forma específica hacia los siguientes actos, sino que se arrastran las consecuencias. Tiene su propio clímax y respectivas resoluciones, por eso mismo se siente mucho más clásico y convencional con respecto a los otros dos.

Esta decisión le permite a Arcane establecer de forma sólida las bases de la historia y los personajes, y de esta forma evitarse recursos como el flashback constante para conocer las motivaciones de los personajes; algo que en la actualidad es un recurso que abunda y que más bien debería evitarse. Desde este bloque Powder es mostrada como el absoluto detonante de todos y cada uno de los eventos que conforman la trama de la primera temporada de la serie. Sus acciones no se leen en consecuencias positivas, sino en alternancias negativas; por ejemplo, si Powder no tocaba las piedras, el recinto no hubiese explotado y la policía no los hubiese perseguido; por lo que la frágil amnistía que existía entre el mundo de abajo y el de arriba no se hubiera puesto en peligro, y los caminos alternos de los personajes de la cúpula, no hubiesen existido. Si Powder no va con Vander (figura paterna) a llorar, este no hubiese ido a salvar a Vi (hermana) y nunca lo habrían secuestrado. Y si esto no hubiese sucedido, Powder no habría intentado salvarlo para terminar asesinando a casi todos sus amigos por accidente, sellando así su trauma, para convertirse en Jinx.

Esta misma fórmula se repetirá en el segundo y tercer acto, Jinx es el copo de nieve que termina desatando una avalancha de personajes interconectados, y si bien en ese primer acto parece que hay una muy fuerte cantidad de determinismo en la escritura, el desarrollo de Jinx en los actos dos y tres se basa enteramente en elecciones. Estaremos de acuerdo en que aquel momento de gran inflexión es una de las cosas más asombrosas de la serie, no solo por ser un giro maravilloso, sino que establece por completo el tono de la misma y lo que debemos esperar de ella, aunque no queramos.

Es impresionante como construyen el momento negativo mediante un planteamiento y seguimiento clásicos, mismo que nosotros como espectadores esperamos que concluya en Powder salvando épicamente a sus amigos. El montaje y el guion te dirigen a eso, está todo planteado para que culmine con un momento épico de salvación y victoria. La liberación de tensión después de un engañoso crescendo donde se salva el día. Pero de repente, y cual Game of Thrones, nos llega el aviso, con el volumen de un grito, el cual nos dice que no. El recurso que usan a nivel montaje para remarcarnos la importancia del suceso es notable. Este momento es el inicio de absolutamente todo, mediante el montaje hacen un vaivén de repetidas analepsis que viajan en espacio y tiempo, es decir, flashbacks instantáneos que repiten el momento de la explosión de acuerdo al punto de vista de cada personaje al que afecta. Esto, es en si mismo, un efecto que se ve increíble, además de ser un recurso narrativo que reitera la partición tanto de tramas que el giro está provocando. Y nos acerca una alegoría de cómo funciona el entramado de consecuencias en Arcane, un solo movimiento tiene efecto en quien menos lo esperas, donde menos lo esperas y cuando menos lo esperas. De una sola piedra (un elemento de suma importancia) y de un solo personaje, se bifurcan todas las consecuencias. Tal como lo hará el conflicto que afecta el arcos dos y tres; y tal como funciona la secuencia del puente entre Ekko (amigo de la infancia) y Jinx, donde se permiten ir y regresar, alargando el tiempo específico de la escena; recurso que tal vez les podría recordar un poco a las películas de Sherlock Holmes dirigidas por Guy Ritchie.

Arcane es el próximo Game of Thrones porque hizo bien las mismas cosas que su predecesora. Sabe venderte una esperanza, una idea, un patrón, una estructura que te dirige a resultados a los que estás acostumbrado para que de repente cambie de lleno ese camino con un golpe de cruda realidad. El espectador no tiene otra opción que no sea quedarse desarmado e impotente delante de la pantalla, viendo como ese futuro esperanzador, junto con todo lo que estaba por alinearse para alcanzar una resolución, desaparece por una serie de decisiones que se llevan todas las ilusiones al caño.

La maestría audiovisual que envuelve este planteamiento excede todo comentario. Escenas armadas como espejos de otras para resaltar una dinámica específica y complicada entre personajes sin tener que emplear una sola línea de diálogo. Códigos visuales a manera de insertos que transmiten ira, locura, trauma, dolor u odio; mismos que inician la temporada, acompañan a su personaje pivotal y cierran el último plano de la serie, repitiendo así, el ciclo interminable de violencia, el ciclo único e interminable de Jinx. O todo este montado imaginario que se sobrepone unos momentos a la tensión de la escena del puente ente Ekko y Jinx, donde se arma un proceso comunicativo que recuerda, restablece y transmite la antigua amistad de estos dos personajes contraponiéndola a la relación a muerte que ahora tienen. Este mismo flashback plantea en el guion lo que será la misericordia conclusiva de la escena, donde y mediante este proceso comunicativo, con esta dinámica en 2D escogida para la escena, la serie nos habla de relaciones complejas entre los personajes, nos habla de la dimensión, peso y complejidad del momento, de lo que está en juego. Todo esto sin hablar, sin decir nada, sin clichés y sin caer el lugares comunes.

En mi opinión, esto es cine, verdaderamente cine en su forma más pura, inteligente y creativa; y todo esto conforma la tragedia de Jinx, que termina siendo la tragedia de Arcane, una serie que, y acostumbrémonos, siempre nos hará preguntarnos y azotarnos contra el suelo, cuestionándonos aquello que pudo ser.                      

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