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Poesía y Humanidades

Versiones | Deconstruyendo la otredad #17

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Deconstruyendo la otredad #17, una columna de Beli Delgado


“Por lo tanto, en vez de decir que el hombre estaba ”esperando a que escampara” , sería más adecuado puntualizar que “inmovilizado por la lluvia, se sentía perdido sin saber qué hacer ni a dónde dirigirse.” (Akutagawa 7)

Presento una línea de “Rashômon”, en la versión de Ryûnosuke Akutagawa. El narrador del cuento nos deja ver una imagen potencial, al mismo tiempo, asume y puede contarnos la situación “real” del personaje. Las historias siempre tienen un narrador y desde lo que ve, nosotros observamos también, partimos de un enfoque delimitado por la construcción de su voz. También en su cuento titulado “En la maleza de un bosque” (Akutagawa 15-30), se ofrece una especie de caleidoscopio de hechos vividos y contados desde diferentes aristas, pero como se suele decir, todo depende de la vara con la que se mida. No hay absolutos, no existe una verdad total.

A veces, no nos damos cuenta de que eso pasa con la narración cotidiana —me refiero a los diferentes discursos en nuestras interacciones diarias—, delimitamos las historias y sus versiones únicas, en principio creo yo, porque comprendemos al mundo a través de la memoria colectiva heredada. Nos predisponemos a escuchar un discurso restringido por nuestra construcción, a entenderlo como verdad auténtica, única o popular, que de alguna forma funciona en la concepción de nuestra sociedad como centro —que margina a las demás—, ello desafortunadamente fortalece los mecanismos de estereotipar y generalizar.

Recuerdo que cuando era más joven, me presentaron la imagen de una abuela con matices sombríos, después de darle una oportunidad de réplica, descubrí a una abuelita con una templanza envidiable y con una sabiduría dulce. Yo había crecido con la idea de una persona que no era mi abuela, sino más bien, una suegra o una tía. Pero, ella no era mi suegra, ni mi tía. Cuando comencé hablar con ella, obtuve un panorama sumamente distinto. Me di cuenta de que nuestra vida se construye a partir de múltiples discursos recibidos, heredados y creados, y debe decirse, no son absolutos, ni para bien ni para mal.

Mi abuela no era la mujer que me habían descrito y a su vez, no es que no lo fuera. Creo que los humanos somos difícilmente asimilables y que no hay una fórmula exacta para conocernos por completo.

Me gusta pensar en esto de una forma más emocional y menos política, pero somos animales políticos. Por ello, no es tan sencillo como comprar la idea del héroe o de una bruja malévola. Estamos llenos de matices culturales, religiosos, políticos, económicos… Los antropólogos como Oscar Lewis han hablado ya de la cultura de la pobreza, de los márgenes sociales, culturales y económicos que dan ciertas pautas, germinan y fijan las condiciones que generan imágenes particulares.

Digo esto para poder hablar del contundente ensayo “El peligro de la historia única” de Chimamanda Ngozi Adichie donde describe anécdotas específicas, con las que me identifiqué —la noción de la pobreza y de la situación de los inmigrantes mexicanos— y en las que considero, muchos se pueden encontrar también, si  bien no en las situaciones particulares, sí en lo esencial: las  versiones de las historias, los estereotipos, la creación de la rigidez de los constructos. Podemos hablar desde cuestiones pequeñas como las historias del hogar hasta parcelas amplias como lo es la nación, recordemos ¿es descubrir, invadir o conquistar América? ¿Hablando de esto en 1492 o en 2021?¿En México o en España?¿Si habla alguien de izquierda o de derecha?

En México sí podemos decir que había una versión única en nuestros libros de texto. 

Lo mencionado anteriormente, nos recuerda a las ideas rígidas, a las verdades construidas a través del tiempo, que se vuelven absolutas y generan dualidades, y a su vez, otredades. Y es que contar con un discurso personal es natural, sin embargo como menciona Ngozi “El relato único crea estereotipos, y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Convierten un relato en el relato único” (18). Y ello refuerza la creación de  márgenes inflexibles, escribe también “La consecuencia del relato único es la siguiente: priva a las personas de su dignidad. Nos dificulta reconocer nuestra común humanidad. Enfatiza en qué nos diferenciamos en lugar de en qué nos parecemos.” (19).

Por supuesto, las historias por un lado pueden perpetuar los negativos, pero también son capaces de reformarlos. No todo está perdido, siempre deberíamos intentar no tener una historia única, recordar que las versiones existen porque sirven a algo y es importante reconocerlas.  


  • Akutagawa Ryūnosuke. El Dragón, Rashômon y otros cuentos. Madrid: Quaterni, 2015. Impreso.
  • Ngozi Adichie Chimamanda. El peligro de la historia única. Barcelona: Penguin Random House, 2018.

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