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Poesía y Humanidades

“Desconocida” | Apología de lo mundano #08

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Vista aérea de vagones del metro colgando desde una sección elevada colapsada en la Ciudad de México, el martes 4 de mayo de 2021. La sección elevada del metro de la Ciudad de México colapsó el lunes por la noche matando al menos a 23 personas. (AP Foto/Fernando Llano)

Apología de lo mundano #08, una columna de Paola Arce


Eran las 10:45 pm del lunes tres de mayo, mi colchón comenzó a vibrar.

– ¿Estás bien?

                                                                       Sí (?)-

2 notificaciones: Archivo reenviado “Colapsa Línea 12 entre metro Olivos y Tezonco”

¿Qué significa ese encabezado?

Vivir cerca de un metro es la lotería del chilango, unos minutitos ahorrados. Al otro día toca comenzar antes: “Se pondrán a disposición de la población 490 camiones para sustituir la Línea 12 del metro”

– ¿Cómo está esto de los camiones, oiga?
– Ahí derecho, hay que formarse

Salimos pronto, tengo s u e ñ o … ¡Hasta aquí llega! ¡hay que caminar rodeando el cine!

Hay mucha gente, observando. Todo es confuso; gritos, el sonido de las bocinas de los autos, los altavoces, el cuchicheo general alrededor del siniestro. De pronto, llega el impacto con la realidad, la tragedia quedo impresa, como una marca de agua de sufrimiento. El desgarre, me causa escalofríos, pongo todo en perspectiva y me quedo ahí, inmóvil, entre el río de gente que tiene que llegar a su trabajo aunque el mundo se esté cayendo a pedazos. Me golpean en el hombro ¡hazte a un lado!

– ¡Todos con sus cinco pesos en la mano o no van a poder abordar la unidad!

Hay muchas filas, pero ninguna tiene ni pies ni cabeza, la Guardia Nacional acordona el camino designado para nuestro paso. Se respira un clima de violencia y apatía. No falta el que se mete en la fila, el que aprovecha para rozar su mano contra el cuerpo de la mujer frente a él… Todos a prisa, corriendo para ganar un lugar, la supervivencia del más fuerte, la necesidad no da pausas.  

Parece que las pocas medidas de sana distancia se acaban de extinguir, la seguridad del vagón exclusivo de las mujeres, también. Los camiones se van hasta que llegan a tope y no cabe ya ni un alfiler. La marcha del vehículo va dejando atrás la escena, se queda, en lo que los medios llaman “la periferia”. Esa parte de la ciudad que no es la Benito Juarez, donde gran parte de nosotros “los otros”, laboramos. Los peatones observan con curiosidad y señalan la caravana de camiones mientras pasan; los topos han salido a la superficie. Veo los semblantes, vacíos, preocupados por llegar a tiempo, ese bono de puntualidad es de vida o muerte. Dentro de la Unidad las pláticas cotidianas: el desencuentro familiar que hubo en la cena pasada, las enemistades de trabajo, cómo nunca alcanza el tiempo para nada. Nadie habla de los muertos, los desaparecidos, las personas que luchan por su vida en la cama de un hospital con la etiqueta “desconocida”. Pareciera que al salir el sol se termina la tragedia. Nunca faltan los encontronazos, el chofer con un taxista, las malas caras, los empujones “Si no te gusta vete en taxi”. Porque, si las cosas están mal te aguantas, no hay de otra, si no estás conforme vuélvete rico.

Pero ¿Qué significa ese encabezado?

¿Qué es la Red de Transporte Colectivo Metro?

Una manera de cruzar la ciudad evitando sus caóticas calles. Un mercado de artefactos varios. El hogar de expresiones de cultura y resistencia. Y la noche del lunes: la escena de un crimen.

El colapso de la línea 12 trajo una realidad abrumadora. Millones de usuarios transitan todos los días por los andenes del metro bajo un suelo que podría convertirse en cenizas. Han circulado por Facebook, imágenes de toda la red con distintas claras fallas estructurales, mortales.

¿A quién le pertenecen nuestras vidas? Porque queda claro que hay un dueño. La idea, de saber lo desechables que son las vidas para algunos me parece siniestra. Siempre un país golpeado. Pero el tema termina siendo que se acerca período de elecciones, por si no puede ponerse más vomitiva la cosa. No entiendo cuando se dirigen los comunicados a “la población” ¿qué es eso? Lo dice Federico Luppi en la película Martin (Hache) (1997) “La patria es un invento”.

Lo ocurrido, no sólo pone de cara la indolencia y crueldad de la que somos parte todos los días, describe la sociedad mexicana. Sus vialidades y segregaciones, humores; la complicada relación que tenemos con el espacio que habitamos y el papel del trabajo en nuestras vidas. La interconexión en el marco de un contexto con elementos diversos de desigualdad y atropello de los derechos humanos. Las afectaciones no sólo se engloban en el camino de las vialidades y lo poco que importa “la población” en este país, con una identidad fragmentada y suscrita a las desgracias el tránsito de la cotidianidad invade en un clima de resignación del que mira su vulnerabilidad a la cara, otra vez.

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